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LA IGLESIA ATACADA EN TODO EL MUNDO

03:20 PM

SSBenedicto
Durante una misa en el Vaticano, el Papa dijo que la Iglesia está “bajo ataque” en todo el mundo y que los católicos necesitan reconocer sus errores.
Donoso Cortés resumió una vez el fruto de sus estudios en la siguiente formulación: El estudio de la historia de los pueblos cristianos demuestra que hay tiempos en los que la Iglesia lucha contra las fuerzas del demonio y a pesar de toda la resistencia que opone, sufre derrotas y es obligada a batirse en retirada, –que es lo que pareciera está ocurriendo hoy–. Pero cuando parece que ha sonado ya la última hora de la Iglesia, súbitamente aparece Dios sobre el pináculo del Templo de los tiempos, sopla la trompeta y se derrumban los muros de Jericó ¿Qué quiere Dios? Ser en Salvador, el redentor de la Iglesia.
Esta hora santa, pareciera que nuevamente ha llegado para la purificación de la Iglesia, sin dudas que los sacerdotes infiltrados y capturados por el demonio, que cometieron esos abominables crímenes contra niños indefensos, son parte de un plan diabólico, urdido por los hijos de satanás, que ahora, a través de los Medios de Comunicación Social, tratan de enlodar, por unos pocos a toda la Iglesia Católica Apostólica y Romana.
Con precisión de relojero, algunos medios de comunicación nos han ido “informando”-es decir bombardeando- los casos de conducta escandalosa protagonizados por miembros del estamento eclesiástico en Irlanda, Alemania, Austria, Holanda, EE.UU. Tras las denuncias del Informe Ryan sobre los abusos en Irlanda, la prensa ha ido destapando sistemáticamente, día tras día -como lanzando bombas que persiguen su objetivo- historias antiguas, muchas de ellas juzgadas y archivadas, hace veinte o treinta años.
Un material inflamable publicado ahora con el objetivo de poner bajo sospecha todo el clero católico y enlodar especialmente al Santo Padre Benedicto XVI, objetivo principal de los enemigos de la Iglesia.
¿Qué hay tras los escándalos? ¿Por qué precisamente ahora? La intención es clara: se trata de instalar en el imaginario colectivo la figura de una Iglesia que ya no es sólo un cuerpo “extraño” en la sociedad posmoderna, sino una especie de monstruo la propuesta moral y la disciplina interna de la cual vierten a sus miembros a la anormalidad y al abuso.
¿Es verdad lo que cuentan los medios de comunicación? Que algunos de los datos sobre la pedofilia son reales, no lo dudamos. El punto de partida es cierto: hay –y ha habido– clérigos pedófilos. Algunos casos han concluido con condenas definitivas y los mismos acusados nunca se proclamaron inocentes. Estos casos –en los Estados Unidos, Irlanda, Australia– explican las severas palabras del Papa y su petición de perdón a las víctimas. ¡Sólo que los casos hubieran sido uno, ya sería demasiado! Ello solo ya sería una llaga purulenta en el cuerpo de la Iglesia.
SS. Benedicto XVI en su carta apostólica a los Católicos de Irlanda ha dicho: “teniendo en cuenta la gravedad de estos delitos y la respuesta a menudo inadecuada que han recibido por parte de las autoridades eclesiásticas de vuestro país, he decidido escribir esta carta pastoral para expresaros mi cercanía, y proponeros un camino de curación, renovación y reparación”.
En Alemania, por ejemplo, de los 210.000 casos de abusos en el conjunto de la sociedad denunciados desde 1995, sólo 94 corresponden a eclesiásticos. Los medios de comunicación omiten poner estos números de la vergüenza eclesial en relación a la totalidad brutal de un problema que afecta a toda la sociedad. Omite explicar, por ejemplo, que en los Estados Unidos eran cinco veces más los casos imputados a pastores de comunidades protestantes, o que en el mismo período en que en este país fueron condenados cien sacerdotes católicos, fueron cinco mil los profesores de gimnasia y entrenadores deportivos que sufrieron idéntica condena. ¡Y aquí nadie ha exigido cuentas a dicha federación deportiva! Y, si queremos todavía un dato aún más aterrador, podemos tomar nota: el ámbito más habitual de los abusos sexuales a menores es precisamente el interior de la familia, en la que se pueden contabilizar dos tercios del total de los casos denunciados.
Si en la Iglesia católica ha habido efectivamente un problema, éste no está relacionado con el celibato –al que se quiere poner indebidamente en el punto de mira–, sino con una cierta tolerancia de la homosexualidad en algunos seminarios, durante los años setenta, problema que Benedicto XVI está corrigiendo con mano firme. La lectura de ciertos artículos en la prensa y lo que se dice en ciertos debates nos muestra que lobbies muy poderosos buscan descalificar preventivamente la voz de la Iglesia con la acusación más difamatoria y hoy, la más fácil de “construir” y lanzar opinión pública: la de favorecer o tolerar la pedofilia. Estamos ante una operación el objetivo de la cual no resiste un análisis cuidadoso de todos los datos sobre lo que pasa en nuestras sociedades. Alguien ha decidido atacar a toda la Iglesia, y los católicos no podemos permanecer indiferentes ¡cuánto se predica en el ámbito cristiano! ¡Cuántos experimentos hace la pastoral moderna! ¿Con qué resultado?. Sufrimos derrota tras derrota y se nos obliga a batirnos en retirada. Las pérdidas en todos los frentes de batalla se van sumando día a día. Dios quiere ser el único en tener el honor de salvar y redimir el mundo de hoy. Y en esta glorificación de sí mismo que Dios persigue, se halla justamente nuestra felicidad verdadera, la más profunda y sublime.
El hombre debe volver a inclinar su cabeza y sentirse dependiente de Dios. Tiene que aprender y practicar de nuevo el heroísmo de la infancia espiritual. No somos nosotros los que llevamos a cabo la empresa; sólo somos instrumentos de Dios. Es Él quien hace todo, es por ello, que con confianza y esperanza todos los Católicos debemos ponernos en oración en manos del Padre para reparar los daños causados y fundamentalmente, acoger el llamado del Santo Padre Benedicto XVI quién llamó a los católicos a “hacer penitencia” por sus pecados. “El dolor de la penitencia, es decir, el de la purificación y la transformación, ese dolor es gracia porque es renovación y es obra de la Misericordia divina”, concluyó el Pontífice.
Las preguntas que debemos hacernos ¿a caso no nos embarga una íntima y honda alegría al ver resplandecer esta meta grande y magnifica sobre el fondo oscuro de las crisis que padecemos? Sí son muchas las crisis. ¿Acaso no experimentamos en carne propia nuestro desvalimiento frente a los problemas morales?. Pero no olvidemos que la pedagogía de Dios, es que el hombre debe experimentar su debilidad para que así extienda su mano a Dios en busca de auxilio. Dios quiere salvarnos, desea que seamos felices, busca redimirnos.


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