LA ORGANIZACIÓN DEL TRATADO DEL ATLANTICO NORTE (OTAN), LA UNION EUROPEA Y SU RELACIÓN CON RUSIA.
01:07 PM
Desde 1989 en Europa central y oriental se han producido una serie de profundos cambios políticos que han, por un lado mejorado radicalmente el entorno de seguridad en que la Unión europea ha intentado alcanzar sus objetivos y por otro, han surgido nuevos actores del acontecer europeo que hacen previsible nuevas amenazas a la seguridad el continente.
Según el Secretario General de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, hace casi cuatro años: “La OTAN y la UE están logrando bastante progreso en la coordinación de capacidades militares modernas. Me siento optimista de que podamos extender nuestra cooperación en áreas adicionales en las que tenemos un interés de seguridad común, donde podemos complementarnos, y reforzar mutuamente nuestros esfuerzos. Y con ello quiero decir áreas funcionales… como ser el Cáucaso y Asia Central”
En Abril del presente año (2009), se llevara a cabo la cumbre de la alianza en Estrasburgo, en Baden-Baden y Kehl, donde se prevé que se estudie dar luz verde definitivamente a la puesta en marcha de ese paso previo para que Georgia y Ucrania acaben por integrarse en la Alianza Atlántica, a lo que Rusia se opone. Un nuevo paso en la dirección del ingreso en la OTAN podría agudizar las tensiones en el interior de ambos países, una situación que podría poner más tirantes las relaciones entre Rusia y la Alianza.
Los desafíos y riesgos que enfrenta la OTAN actualmente son distintos de los que la amenazaban en el pasado. La posibilidad de sufrir un ataque simultaneo a gran escala han desaparecido por lo que ya no constituye el objetivo de la estrategia aliada. Contrariamente a la amenaza predominante en el pasado los riesgos que aún pueden poner en peligro la seguridad de los Aliados son multidireccionales y complejos, lo que los convierte en más difíciles de prever y analizar. Para preservar la estabilidad en Europa y la seguridad de sus miembros la OTAN debe ser capaz de hacer frente a este tipo de riesgos que pueden surgir de diversas maneras.
Es poco probable que los riesgos que amenazan la seguridad de la Alianza surjan de una agresión premeditada contra territorio aliado. Lo más probable es, que se generen por la inestabilidad derivada de las graves dificultades económicas, sociales y políticas, u otras, como ser algunas rivalidades étnicas y territoriales que enfrentan algunos países especialmente de Europa central. O las derivadas de las crisis energéticas que se han visto durante el último tiempo y su dependencia del gas proveniente de Rusia, que ya pusieron en jaque a Europa.
Estas crisis, mientras sean limitadas no deben suponer una amenaza directa para la seguridad y la integridad territorial de los miembros de la Alianza. No obstante sí pueden dar lugar a conflictos dañinos para la estabilidad europea e incluso armados capaces de involucrar a potencias exteriores o extenderse a países de la OTAN incidiendo así directamente en la seguridad de la alianza.
En el caso particular de Rusia, los riesgos y las incertidumbres acompañan su devenir político estratégico, que no puede separarse de que sus fuerzas convencionales siguen siendo significativamente más grandes que las de cualquier otro Estado europeo y su vasto arsenal nuclear comparable al de Estados Unidos.
Es por ello, que la OTAN necesariamente, debe tener en cuenta este potencial si desea preservar la estabilidad y la seguridad europea.
Las relaciones entre Rusia y la OTAN, han sufrido un retroceso, producto de la guerra del Caucáso y de la intención de ampliar hacia el Este su influencia. La alianza político-militar occidental tendrá en cuenta las preocupaciones rusas sobre su seguridad nacional, pero sobre viento y marea continuará su ampliación ha manifestado, recientemente el secretario general de la alianza noratlántica, Jaap de Hoop Scheffe.
Scheffer trató de persuadir a quienes tras el conflicto provocado en el Cáucaso por la agresión de Georgia contra Oseatia del Sur con el respaldo de Estados Unidos y sus aliados europeos consideran incompatibles las buenas relaciones Rusia-OTAN. Recientemente el embajador ruso en la OTAN, Dmitri Rogozyn descartó la cooperación con esa alianza si Occidente mantiene una postura consolidada y se limita a anunciarle a Moscú decisiones ya tomadas.
Como vemos hay un conflicto entre la OTAN y Rusia sin solución, que tarde o temprano puede tensar aún más las relaciones y llevar a una escalada de la crisis difícil de predecir.
Sin embargo, pese a las disputas con la OTAN en torno al reconocimiento ruso de las regiones georgianas de Abjazia y Osetia del Sur, Moscú está dispuesto a colaborar con la OTAN en la lucha contra los talibán.
En este sentido, Rusia propuso crear una comisión especial para Afganistán dentro de ese consejo en el que se hablara sobre el transporte terrestre y aéreo de material militar por territorio ruso hacia el país asiático, además de proporcionar un contacto más estrecho para combatir el tráfico de drogas y permitir el intercambio de información militar.
El presidente ruso, Dmitry Medvedev, ha manifestado que está a la espera de propuestas específicas de Estados Unidos sobre defensa misilística, uno de los principales puntos de litigio entre Moscú y Washington, para discutir en la primera reunión con Obama en el marco de la cumbre del Grupo de los 20 que se celebra el mes próximo en Londres.
Estados Unidos ha señalado que si Rusia está dispuesta a ayudar a disuadir a Irán de buscar armas nucleares -una de las principales amenazas que el sistema anti-misiles está diseñado para detener- entonces podría desacelerar el despliegue.
Para la Unión Europea, las buenas relaciones con Moscú son muy deseables para todos, tanto desde el punto de vista económico como en lo relativo a la seguridad.
Se debe tener presente que sólo 21 de los 27 miembros de la UE son también miembros de la OTAN. De los seis que no lo son, todos, con la excepción de Chipre (por el momento) – Austria, Finlandia, Irlanda, Malta y Suecia – son miembros del programa Cooperación por la Paz de la OTAN. De los últimos cinco, sólo la pequeña Malta no tiene un contingente militar sirviendo bajo la OTAN en Afganistán, los Balcanes u otros sitios.
De los 26 Estados miembro de la OTAN, sólo Noruega y EE.UU., Canadá e Islandia, los últimos tres no están en Europa y por lo tanto no se califican, no están en la UE.
La UE y la OTAN han sido abiertamente socios militares desde 1992 cuando se firmó el acuerdo Berlín Plus sobre la compartición conjunta de activos militares.
Lo deseable es que en las próximas décadas la seguridad de Rusia y la de la Unión Europa estén vinculadas como lo están sus economías y sus recursos, pero sin dudas que esto, lo afecta la presencia de EE.UU. en la OTAN.
Por tanto, tarde o temprano la UE deberá decidir sobre la OTAN para velar por su propia seguridad. Los europeos, pueden asentir a su dominación por un bloque militar internacional cada vez más expansionista y agresivo como la OTAN o pueden organizarse activamente para desmantelarlo y crear su propio organismo de seguridad con identidad europea.
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