LA UNIDAD SURAMERICANA, UNA FILOSOFÍA DE VIDA, RESPOSABILIDAD DE TODOS, NO SÓLO DE LOS GOBIERNOS, UNA NECESIDAD QUE ES FUNDAMENTAL TOMARLA EN SERIO PARA ENFRENTAR HERMANADOS LOS DESAFÍOS Y AMENAZAS DEL MUNDO GLOBALIZADO.
09:20 PM
En la reciente reunión de la UNASUR, los gobernantes suramericanos se comprometieron en primer lugar a fortalecer a la región como una zona de paz, comprometiéndose a establecer un mecanismo de confianza mutua en materia de defensa y seguridad, tomando la decisión de abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial de otro Estado de la UNASUR. Esta declaración sin dudas es muy importante para lograr la pacificación de los espíritus suramericanos, los cuales durante el último tiempo han estado traspasados por rencillas, descalificaciones, amenazas y faltas de respeto entre los dignatarios que representan a los pueblos suramericanos.
Lo acordado, en Bariloche es una señal de esperanza, siempre y cuando la actitud política entre los gobiernos sea de armonía y respeto a las diferentes culturas existentes y posiciones ideológicas existentes entre los distintos Estados Suramericanos.
Queremos lograr un continente unido, y este logro han de conseguirlo las personas y los grupos que lo pueblan. Nos urge, pues, averiguar qué papel juegan la unidad en el proceso de desarrollo humano. Podría ser que al procurar los sudamericanos nuestro crecimiento normal como personas, pongamos las bases para una unidad auténtica y fecunda de nuestros pueblos. Al descubrir las leyes de nuestro desarrollo personal, hallaremos los fundamentos espirituales sobre los cuales hemos de edificar la vida de una Sudamérica unida. Pues no se trata sólo de una América del Sur cuyas naciones renuncien a parte de su autonomía para establecer una forma de unidad supranacional de carácter económico y comercial. Hemos de configurar una vida sudamericana cualitativamente renovada, dotada de un estilo de pensar y vivir más adecuado al ser de la persona, más conforme al gran ideal de la unidad y solidaridad. Para ello debemos promover nuestra capacidad de fundar unidad entre los espíritus.
Esta tarea requiere que nos liberemos de ciertos prejuicios que escinden al hombre de la realidad existente.
No conseguiremos crear una auténtica unidad suramericana si pensamos que la libertad del hombre y la verdad de la realidad en que se haya inserto activamente constituyen un dilema.
En la actualidad no basta que las naciones se unan para lograr ciertas ventajas prácticas. Deben cultivar la unión profunda de sus personas y sus pueblos. Y esta unidad requiere una labor paciente y generosa de perfeccionamiento espiritual.
Todos debemos luchar por erradicar los prejuicios históricos que en nada ayudan a la unión de nuestros pueblos, no es posible seguir enfrascados en hechos de guerra del siglo XIX, que hemos sido incapaces de olvidar y que han sido utilizados como armas de unión para sus pueblos por parte de determinados estados suramericanos.
Una vez superados estos añejos conflictos, Suramérica debe disponerse a crear una forma de unidad supranacional. Bien haremos en no dar por hecho que tal modo de unión se limita a la economía y la política. Todas las formas de comunicación entre los hombres hunden sus raíces en lo más profundo de la naturaleza humana. Los sentimientos más hondos, las ideas más arraigadas, los ideales más acariciados, hacen sentir su influencia a la hora de salir cada uno de sí y entablar relaciones o rehuirlas. Debemos cuidar en extremo la formación de tales ideales, ideas y sentimientos si queremos tejer una vida de convivencia autentica con los más allegados y los más lejanos.
La trágica historia del mundo, nos demuestra que la unidad entre los hombres debe ser conquistada en cada instante, frente al afán egoísta de imponer los propios intereses. Esa conquista sólo es posible si cada uno de nosotros y nuestros pueblos llevamos a cabo una verdadera conversión y orientamos la vida no hacia el ideal de dominio sino hacia el ideal de respeto y la solidaridad.
Al unirnos los pueblos suramericanos, no sólo ganamos cada uno en amplitud, en facilidad de comunicación y en número de usuarios de una misma moneda, incrementamos la calidad de nuestra vida espiritual, pues adquirimos una perspectiva nueva para juzgar y ponderar nuestros mismos valores. Sreremos por tantos sudamericanos Chilenos, sudamericanos Argentinos, sudamericanos peruanos, sudamericanos brasileros, sudamericanos bolivianos, sudamericanos ecuatorianos, sudamericanos venezolanos, sudamericanos colombianos etc., como ahora somos chilenos, argentinos, peruanos, o Mapuches, Alacalufes, Onas, Yaganes etc. Lo cual no implica que descuidemos el cultivo de los valores autóctonos, sino que les demos todo su alcance al convertir a América del Sur en una “patria común”, no nos transformamos en seres cosmopolitas desarraigados, espiritualmente apátridas, desconectados de todo lugar concreto. Al contrario, purificamos en concepto de patria. Esta equivale a hogar espiritual y hogar viene del latín focus, lugar donde arde el fuego de la unión mutua.
Sudamérica será una auténtica patria para cada uno de los pueblos que la integren si sabemos “habitarla”, en sentido transitivo, es decir crear vínculos fuertes y valiosos entre las persona y grupos.
Para enfrentar los desafíos que nos presenta el siglo XXI, especialmente en lo que se refiere a la influencia cultural de otras latitudes, nuestra opción fundamental ha de consistir en enriquecer la vida humana en todos los órdenes, orientando sus energías hacia su autentico ideal. El ideal es la clave de la bóveda de la que pende todo el edificio de nuestra personalidad. El ideal no es una mera idea motriz que expresa el valor que ensambla y corona todos los demás y les da sentido. Los hombres podemos descubrir valores y percibir su distinto rango. A lo largo de la vida advertimos que cierto valor los corona a todos, y lo elegimos como la meta de nuestra existencia.
Ese ideal puede ser autentico o inauténtico, según responda o no a nuestra vocación y misión como hombres. ¿a que nos sentimos enviados y llamados los seres humanos? ¿A la escisión o a la unidad? ¿Al odio o al amor? ¿A la construcción o a la destrucción? La mejor investigación relativa al hombre afirma que éste vive como persona y se desarrolla y perfecciona en cuanto a tal creando toda suerte de encuentros. El encuentro bien entendido, es una forma eminente de unidad.
Podemos pues concluir que el valor por excelencia de la vida humana, su ideal, consiste en instaurar las formas de unidad más valiosas con las realidades del entorno. Hagamos de la unión suramericana un ideal que nos permita enfrentar hermanados y unidos el futuro en bien de todos los pueblos de esta región.
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