S.S. EL PAPA BENEDICTO XVI PONE UNA LUZ DE ESPERANZA A LA PAZ EN EL MEDIO ORIENTE.
04:11 PM
Al poner fin a su peregrinación a Tierra Santa, el Papa, de 82 años, dijo haber obtenido “poderosas impresiones” de esperanza y tristeza, también hizo un llamamiento para la paz entre israelíes y palestinos, para que cada uno pueda vivir en su propio estado con seguridad y confianza.
En su viaje, el Papa indico que. “ciertamente trato de contribuir a la paz no como individuo, sino en nombre de la Iglesia católica, de la Santa Sede. Nosotros no somos un poder político, sino una fuerza espiritual; y esta fuerza espiritual es una realidad que puede contribuir al progreso del proceso de paz. Veo tres niveles. El primero: como creyentes, estamos convencidos de que la oración es una verdadera fuerza, pues abre el mundo a Dios. Estamos convencidos de que Dios escucha y de que puede actuar en la historia. Creo que si millones de personas, de creyentes, rezan, es realmente una fuerza que influye y puede contribuir a que se restablezca la paz. El segundo nivel: tratamos de ayudar en la formación de las conciencias. La conciencia es la capacidad del hombre de percibir la verdad, pero esta capacidad a menudo está obstaculizada por intereses particulares. Y liberar de estos intereses, abrir más a la verdad, a los verdaderos valores, es una gran tarea; la Iglesia tiene el deber de ayudar a conocer los verdaderos criterios, los verdaderos valores, y liberarnos de intereses particulares. Y de este modo —tercer nivel— hablamos también —es así— a la razón: precisamente porque no somos parte política, quizá podemos ver más fácilmente, también a la luz de la fe, los verdaderos criterios, ayudar a entender lo que contribuye a la paz y hablar a la razón, apoyar las posturas realmente razonables. Y esto lo hemos hecho ya y queremos hacerlo ahora y en el futuro”.
Respecto al dialogo interreligioso necesario para construir un ambiente de paz. señalo: “Ciertamente existe también un mensaje común y habrá ocasión de destacarlo; a pesar de la diferencia de orígenes, tenemos raíces comunes porque, como ya he dicho, el cristianismo nace del Antiguo Testamento, y la Escritura del Nuevo Testamento no existiría sin el Antiguo, pues se refiere permanentemente a la “Escritura”, es decir, al Antiguo Testamento; pero también el islam nació en un ambiente donde estaban presentes tanto el judaísmo como las diversas ramas del cristianismo: cristianismo judío, cristianismo antioqueno, cristianismo bizantino, y todas estas circunstancias se reflejan en la tradición coránica. De modo que, desde los orígenes, tenemos mucho en común, también en la fe en el único Dios. Por eso es importante, por una parte, mantener un diálogo bilateral —con los judíos y con el islam— y luego también un diálogo trilateral.
Respecto, al cristianismo en la región señalo que: “es un momento difícil, pero también un momento de esperanza de un nuevo comienzo, de un nuevo impulso en el camino hacia la paz. Queremos sobre todo alentar a los cristianos en Tierra Santa y en todo el Oriente Medio a quedarse, a dar su contribución en sus países de origen: son un componente importante de la cultura y de la vida de estas regiones. En concreto, la Iglesia, además de palabras de aliento, de la oración común, tiene sobre todo escuelas y hospitales. En este sentido tenemos la presencia de realidades muy concretas. Nuestras escuelas forman a una generación que tendrá la posibilidad de estar presente en la vida de hoy, en la vida pública. Estamos creando la Universidad católica en Jordania. Me parece que esto abre grandes perspectivas, pues en esas escuelas los jóvenes —tanto musulmanes como cristianos— se encuentran, aprenden juntos, en ellas se forma una élite cristiana que está preparada precisamente para trabajar por la paz. Pero generalmente nuestras escuelas son una oportunidad muy importante para abrir un futuro a los cristianos, y los hospitales muestran nuestra presencia. Además, hay muchas asociaciones cristianas que ayudan de diversos modos a los cristianos y, con ayudas concretas, los animan a quedarse. Así espero que realmente los cristianos encuentren el valor, la humildad, la paciencia para quedarse en estos países, para dar su contribución al futuro de estos países.
Por otra parte, SS manifestó que “Una de las cosas más tristes que ví durante mi visita a estas tierras fue el muro”, comentó acerca de la barrera que Israel construyó entre Jerusalén y Belén, la ciudad palestina donde la tradición cristiana dice que nació Jesús.
“Mientras pasaba junto a él, recé por un futuro en el cual los pueblos de Tierra Santa puedan vivir juntos en paz y armonía, sin la necesidad de tales instrumentos de seguridad y separación” señalo.
“Hay que romper el círculo de la violencia”, expresó en su discurso de despedida en el aeropuerto de Tel Aviv, justo antes de volar de regreso a Roma, y en el que abogó por una paz basada en la justicia y la reconciliación.
En uno de sus discursos manifestó: “A veces es difícil encontrar una razón para aquello que se nos presenta sólo como un obstáculo por superar o como una prueba —física o emotiva— por soportar. Pero la fe y la razón nos ayudan a ver un horizonte más allá de nosotros para imaginar la vida como Dios la quiere. El amor incondicional de Dios, que da la vida a cada persona, tiene un significado y una finalidad para cada vida humana. Su amor salva (cf. Jn 12, 32). Como profesamos los cristianos, por la cruz Jesús nos introduce en la vida eterna y así nos indica el camino hacia el futuro, el camino de la esperanza que guía cada paso que damos a lo largo del camino, de manera que también nosotros nos convertimos en portadores de esta esperanza y caridad para los demás.
Amigos, a diferencia de los peregrinos de otras épocas, yo no traigo regalos u ofertas. Vengo sencillamente con una intención y una esperanza: orar por el precioso don de la unidad y la paz, de modo especial para Oriente Medio. Paz para las personas, para los padres y los hijos, para las comunidades; paz para Jerusalén, para Tierra Santa, para la región, para toda la familia humana; la paz duradera que nace de la justicia, la integridad y la compasión; la paz que brota de la humildad, del perdón y del deseo profundo de vivir en armonía como una realidad única.
La oración es esperanza en acción. Y, de hecho, la verdadera razón queda contenida en la oración: entramos en contacto amoroso con el único Dios, el Creador universal, y así nos damos cuenta de la futilidad de las divisiones y los prejuicios humanos, y percibimos las maravillosas posibilidades que se abren ante nosotros cuando nuestro corazón se convierte a la verdad de Dios, a su plan para cada uno de nosotros y para nuestro mundo”.
Sin dudas, que es necesario que todos los que aman la paz, independiente de sus creencias, entiendan que este es un regalo de Dios y que es necesario construirla permanentemente, desde la familia.
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