HONDURAS ¿GOLPE MILITAR? O ¿PRONUNCIAMIENTO DE LA CIUDADANIA APOYADO POR LOS MILITARES?
12:48 PM
Para la izquierda sin dudas se trata de un golpe militar, y como tal, debe ser ideológicamente repudiado y no aceptado, pero sin dudas que cuando se escriba bien la historia, no será un golpe sino un pronunciamiento, que saca del poder a un gobernante que viola el Estado de derecho que se comprometió a respetar.
Según Margarita Montes egresada del Instituto Político de Estudios Internacionales de la Universidad Francisco Marroquín en Costa Rica, La remoción del Presidente José Manuel Zelaya Rosales por parte de las Fuerzas Armadas, rompe paradigmas de la historia política contemporánea de América Latina. Por primera vez en la era de la post Guerra Fría (desde 1989 hasta la fecha), un ejército depone un Presidente constitucional y democráticamente electo, para restaurar el Estado de Derecho, y no para romper el Estado de Derecho en un país, como era característico de los militares en épocas anteriores.
Este caso no se puede catalogar como un “golpe de Estado”, ya que no cumple con dos rasgos fundamentales de dicho fenómeno político: toma del poder por parte del estamento militar y quebrantamiento del Estado de Derecho. La acción tomada por las Fuerzas Armadas de Honduras fue basada en una orden judicial y su propósito fue restablecer el Imperio de la Ley (rule of law), el cual estaba siendo violentado consistentemente por el propio Presidente del Poder Ejecutivo, al desconocer las disposiciones del Poder Judicial y del Poder Legislativo (checks and balances). Luego de la intervención de las Fuerzas Armadas, la Constitución Política sigue vigente ya que se respetó plenamente la sucesión de poder establecida por la Carta Magna, con lo cual se nombra un nuevo Presidente Constitucional.
Y es que desde el punto de vista de la politología, Honduras sentó un precedente, el cual sin duda pasará a ser un caso de estudio de universidades, diplomáticos y políticos alrededor del mundo. Por primera vez en Latinoamérica, el pueblo se rebela, sin derramamiento de sangre y sin violencia, contra un Presidente constitucional y democráticamente electo, por violar disposiciones legales y la institucionalidad vigente en el país.
Por eso es que la prensa internacional, los organismos internacionales y gobiernos alrededor del mundo, no han comprendido aún el contexto y la esencia de este caso, y están condenando lo que ha sucedido en Honduras, pues lo están analizando en base a conceptos propios del viejo paradigma de los golpes de Estado durante la época de la Guerra Fría. La comunidad internacional, pública y privada, aún no ha tenido el tiempo, ni los elementos, para percatarse que en Honduras se rompió un modelo y que se trata de un caso completamente sui géneris.
La lección que dio Honduras al mundo ayer es clara: aunque un Presidente haya sido electo democrática y legítimamente, no tiene derecho a desobedecer la Constitución y las leyes de la República. Los pueblos ya no están dispuestos a tolerar ese tipo de abusos de poder de los Presidentes constitucionales, que muchas veces se consideran intocables, por el mismo hecho de haber sido electos por el pueblo. El mensaje de Honduras es simple: el voto popular no incluye una licencia para delinquir, y todo esfuerzo para gobernar por el bien común debe estar dentro del marco de la ley.
El triste papel que en este caso ha desempeñado la OEA, al pronunciarse sin conocer la verdad de lo que ocurrió, también es una nueva interpretación de lo que no deben hacer los organismos internacionales, ponerse sobre el bien y el mal y creer que por poseer un poder determinado pueden inmiscuirse en los asuntos de sus Estados miembros con miradas parciales e ideológicas sin ser neutrales antes de emitir juicios políticos e inmiscuirse abiertamente en asuntos soberanos de los pueblos.
El gobierno mundial no existe y si existiera sería un desastre para el mundo, porque los que sustentan el poder serían los dueños de la libertad de os pueblos. La vicecanciller interina de Honduras, dijo en una intervención televisada que la decisión se debe a que “la OEA cree que en su seno ya no existe espacio para Honduras, para los estados que aman su libertad y defienden su soberanía”, pese a que “Honduras ha participado en el sistema interamericano desde sus primeros pasos, en 1889”.
La funcionaria afirmó que “el Gobierno de Honduras repudia las pretensiones de imponerles medidas unilaterales, reafirma la plenitud de su soberanía y el ejercicio de sus competencias internas de acuerdo a su constitución”.
Uno de los efectos más fuertes que puede tener la suspensión de un país del organismo es el congelamiento de créditos, algo que podría afectar gravemente a Honduras, el tercer país más pobre de América Latina.
El Secretario General de la OEA Insulza hizo un llamado a la prudencia porque, a su juicio, en los próximos días podrían registrarse enfrentamientos debido a la inestabilidad y la polarización del país. Sin dudas que su mirada desde la izquierda es una mirada de violencia, como lo ha sido siempre en la historia. Al ser consultado sobre qué otras medidas de presión podrían ejercer la OEA, dijo que entre las atribuciones del organismo no está actuar contra gobiernos de facto. Para él “de Facto” es un gobierno que asume constitucionalmente para corregir los errores constitucionales de un ex gobernante de izquierda, pero sin dudas que no sería así si el pronunciamiento militar hubiera removido a un presidente de derecha.
¿Por qué la izquierda internacional, que actualmente domina el mundo reacciono tan rápidamente ante este hecho? Muy simple, porque ellos, que son los que siempre violan el Estado de Derecho para imponer su ideología, como el caso de Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia y en general los Europeos, tienen temor que puedan existir Fuerzas Armadas que ante el clamor popular de restablecer el Estado de Derecho puedan oponérseles a sus infames designios. De ahí la política por subyugar a las FF.AA. a sus intereses políticos quitándoles la esencia que debe mantener toda fuerza armada velar por el bien común y seguridad de sus respectivos Estados, estando al servicio de la patria y sus sociedades y no de quienes están en el gobierno de turno, que no necesariamente representan los intereses de sus conciudadanos, toda vez que normalmente las elecciones son manipuladas y los pueblos engañados a través de los medios de comunicación social y el poder del dinero.
Según el jefe de la OEA, la situación que se vive en Honduras rompe con la tradición democrática de los últimos años en América Latina. ¿Pero de qué democracia se trata? La que ellos imponen, la de la izquierda, sólo ellos son demócratas.
Esta es la triste realidad especialmente de de Latinoamérica, donde el populismo está siendo impuesto, pero donde, que el caso de Honduras abre una luz de esperanza para el futuro de la verdadera democracia en el continente.
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