LATINOAMÉRICA DEL BICENTENARIO UNA DEUDA PENDIENTE CON LOS PADRES DE LA PATRIA. AÚN VIVIMOS EN EL SUBDESARROLLO ECONÓMICO, MORAL Y ESPIRITUAL.
04:57 PM
Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay y Venezuela cumplen el bicentenario el año 2009 y 2010, los sueños de San Martín, Bolívar, O´Higgins, Hidalgo, entre otros tuvieron un ideal por el cual lucharon. ¿Pero han sido los Estados consecuentes con esos sueños?.
Si miramos solo algunos de los aspectos, veremos que ha costado mucho lograr una verdadera unión de los países sudamericanos y existe una brecha económica, política e ideológica importante entre ellos, lo que hace aún más difícil que el sueño de una Latinoamérica unida se haga realidad.
El desarrollo y el progreso de nuestros países, precisan del consenso y de la voluntad mancomunada de todos los ciudadanos, sean éstos de cualquier organización política, religiosa o económica, sin distinción de clases, sino con la firme decisión de contribuir a las obras y proyectos que vayan en beneficio de sus Países.
Sin embargo, este objetivo será difícil de cumplir, si es que en nuestro continente continúan los enfrentamientos de grupos radicales de las extremas derechas e izquierdas, a los que no les interesa el diálogo y no reconocen las virtudes de los demás y menos los defectos que cada uno de ellos tienen, y que constituyen una traba para todos los nacionales de sus respectivos Estados.
La debilidad de las instituciones estatales, acciones malignas de los actores importantes, una corrupción muy extendida y abuso de poder por parte de varios responsables de la conducción de los Estados Latinoamericanos, son los factores que han hecho que estos lleguen al bicentenario, ni siquiera, sin una consolidación de los Estados que les permitan enfrentar el bicentenario como países desarrollados y por el contrario algunos ni siquiera logren el status de país en vías de desarrollo.
Dentro de estas clases gobernantes, es posible ver claros retrocesos en aspectos vitales y fundamentales para el fortalecimiento de sus Estados y sociedades. Por ejemplo, algunos quieren transformar a estos Estados en laicistas, que borre de la vida pública cualquier huella de la religión. Eso no solo resulta indeseable, sino que es, de por sí, destructivo, pues niega lo que nuestros países han sido desde hace siglos. Un país sin raíces queda privado de realizar un aporte constructivo a la comunidad de las naciones. Para los estados del bicentenario, no resulta comprensible sin el papel que ha desempeñado la religión. En particular, si sacamos de nuestra historia lo que ha hecho la Iglesia en materia educacional y asistencial, en el campo de la cultura y en la pacificación de los espíritus, quedaría muy poco. Negar la importancia de la fe católica para la vida nacional de los Estados Bicentenarios, significa dar la espalda a la mejor herencia que han dejado los Padres de la Patria.
Por otra parte, vemos como se está destruyendo a la familia en Latinoamérica, pilar fundamental de las sociedades. Si reparamos en el nuevo lenguaje con el uso plural, “familias”, para indicar la existencia de diferentes posibilidades, lo único que se hace es intentar ajustar una realidad antropológica, la familia, a un prejuicio ideológico.
Ello se ve reflejado en la juventud, donde la tecnología más sofisticada al servicio de la incomunicación entre padres e hijos, del fracaso o, simplemente de numerosos padres en Latinoamérica de hacer frente a la avalancha de incitaciones negativas, del fomento de comportamientos inadecuados que el espacio público genera contra sus hijos, desde los hábitos de diversión de insomnio, donde la droga es habitual, a la borrachera sistemática del fin de semana, al descontrol de los institutos, la violencia latente, la incitación al consumo y el disponer de “pasta” como sea. Esta es una triste realidad que, sin dudas dejaría perplejos a nuestros Padres de la Patria.
Así llegamos a nuestros días acarreando una poderosa contradicción que necesariamente transformará a la sociedad. Por una parte, se le niega al Estado toda su capacidad en la producción de bienes; por la otra; le confiamos cada vez más a las personas, sobre todo los niños, adolescentes y jóvenes, en los colegios, escuelas y universidades estatales. Pero también cada vez más queremos que se responsabilice a nuestros progenitores, expulsados de las estructuras familiares, que cuide nuestra salud y nos mantenga sanos, y que haga de nuestras sociedades un lugar seguro, poniendo un policía en cada familia y un juez en cada calle.
En nuestras sociedades se impone un laicismo radical, contrariamente al sueño de nuestros Padres de la Patria, que legaron porque así lo entendían una relación con Dios para construirse, ya que ellos entendían que sin conciencia no hay personas libres y responsables, es por ello que un laicismo de exclusión religiosa y negación de la existencia de Dios, no puede llevar a nuestras sociedades más que a la catástrofe más radical.
Por ejemplo, el aborto es una de las señales más emblemáticas del laicismo radical al cual van encaminadas las naciones latinoamericanas en vista al bicentenario. Nuestras sociedades, donde el imperio de la razón y la fe deberían caracterizar su desarrollo, al suprimir la fe, nace la infantil ilusión de resolver los problemas al golpe de la píldora. El Prozac para la baja anímica, el Viagra para la incapacidad en el coito y la píldora del día después para evitarse educar a las adolecentes en el respeto a su condición femenina.
El problema central de nuestro tiempo es el laicismo absolutista, político e ideológico, generador de planteamientos que persiguen la supresión de contenidos morales, culturales y políticos que se inspiran o fundamentan en la conciencia religiosa, y vector fundamental de la sociedad de la desvinculación en la que vivimos al llegar a los 200 años de vida independiente.
Es por definición, una ideológica anti pluralista y anti el espíritu libertario que nos legaron los Padres de la Patria, porque intenta interpretar el mundo únicamente desde sus parámetros, mientras descalifica, ridiculiza y reprime toda concepción de naturaleza religiosa. Este laicismo, que es el nuevo paradigma que busca expulsar el hecho religioso de los espacios públicos porque quiere la hegemonía cultural y política.
Sin duda que si nuestros libertadores vivieran, dirían que esto no es lo que esperaban de sus compatriotas, ellos esperaban la LIBERTAD, en su más pleno sentido.
El 5 de Abril de 1818, en medio de la gloriosa Batalla de Maipú el general San Martín, viendo flaquear un ala del ejército, grita a la tropa, entusiasmado: “NUESTRA PATRONA, LA SANTISIMA VIRGEN DEL CARMEN NOS DARA LA VICTORIA Y AQUÍ LEVANTAREMOS LA IGLESIA PROMETIDA PARA CONMEMORAR ESTE TRIUNFO”.
Después de la Victoria del 5 de abril en Maipú, el Director Supremo de la Nación, mediante Decreto del 7 de mayo de 1818, hace suyo el Voto del Templo.
En forma solemne ordena la iniciación de los trabajos: “LA INMACULADA REINA DE LOS ANGELES, EN SU ADVOCACION DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN, FUE JURADA PATRONA DE LAS ARMAS DE CHILE, PRIMERO POR EL VOTO GENERAL DEL PUEBLO, POR HABER EXPERIMENTADO SU PROTECCION EN EL RESTABLECIMIENTO DEL ESTADO QUE YACIA BAJO LA OPRESIÓN DE LOS TIRANOS, MEDIANTE EL ESFUERZO DEL EJERCITO RESTURADOR DE LOS ANDES Y DESPUES DEL 14 DE MARZO ULTIMO POR EL ACTO SOLEMNE EN QUE CONCURRIERON LAS CORPORACIONES, Y UN INMENSO PUEBLO EN LA SANTA IGLESIA CATEDRAL, AL OBJETO DE RATIFICAR, COMO RATIFICARON EXPRESAMENTE AQUEL JURAMENTO OFRECIENDO ERIGIRLE UN TEMPLO EN EL LUGAR DONDE SE DIESE LA BATALLA, A QUE NOS PROVOCO EL GENERAL ENEMIGO OSORIO: NO DEBE TARDARSE UN MOMENTO EL CUMPLIMIENTO DE ESTA SAGRADA PROMESA” . Firmado O’Higgins Irisarri.
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