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IRAK: LA GUERRA EN DESARROLLO

08:22 AM

irak

Dr. John Griffith S.

Para entender el actual conflicto en desarrollo en Irak, pretendo establecer inicialmente algunas consideraciones básicas, que sitúen el contexto en el cual se desenvuelve -como objeto de estudio- con la finalidad de explicar en mejor forma este tipo de guerra. A continuación, estimo necesario destacar algunas ideas referidas a que -en este caso- la naturaleza del conflicto cambió notoriamente, desde una primera etapa en que el uso de la fuerza militar fue convencional (de naturaleza militar), hacia un tipo de guerra marcada por el enfrentamiento no tradicional (de naturaleza asimétrica y/o de cuarta generación), en el cual se debió haber previsto un cambio en la estrategia con la finalidad de tener mayores posibilidades de éxito teniendo en cuenta que en este nuevo escenario el conflicto se sitúa en un plano más político que militar. Finalmente, estableceré algunas consideraciones finales producto del análisis anterior.
Una primera consideración básica, se relaciona con que el actual conflicto, en desarrollo en Irak, constituye desde la perspectiva de los estudios estratégicos un excelente ejemplo de una guerra en la cual la naturaleza del conflicto sufrió mutaciones desde un conflicto tradicional a uno no convencional. Lo anterior, es de la mayor importancia tanto para el conductor político, como para el militar ya que entender la naturaleza de la guerra o conflicto es el principal y más amplio de los problemas estratégicos, tal como ya lo anunciaba Clausewitz. En consecuencia, la planificación estratégica se debió orientar en primer término a solucionar el problema militar, para luego -y tan importante como el primero- abordar que estrategia se iba a adoptar una vez que se venciera a la fuerza militar y se estuviera en posesión del país, controlando su capital Bagdad. En otras palabras, comprender que el verdadero éxito del empleo de la fuerza militar no se centra tanto en lograr sólo la victoria militar, sino que en conquistar la paz que le sigue a continuación.
De igual forma, para entender este conflicto debemos mencionar -como una segunda consideración- que en el se dan cita los principales elementos que conforman el pensamiento estratégico de occidente con el pensamiento estratégico de oriente. El primero, caracterizado por privilegiar el desarrollo de tecnologías que hicieran posible la permanente búsqueda de la Revolución en Asuntos Militares, junto al énfasis en el descubrimiento e implementación de nuevas doctrinas, en un proceso de mutua dependencia e interacción entre doctrina y tecnología. En tanto el segundo tipo de pensamiento -del cual los pensadores Chinos son sus mayores exponentes como: Sun Tzu, Mao Tse Tung o el vietnamita Ho Chi Min- han privilegiado la estrategia del débil contra el más fuerte, lo que se traduce en evitar el enfrentamiento de fuerzas militares homologas y reemplazarlas por fuerzas más pequeñas descentralizadas que puedan afectar la capacidad de lucha de la fuerza tradicional mediante la combinación de guerrillas, terrorismo y el uso de todos los medios o factores de poder disponibles, tales como: políticos, económicos, sociales, jurídicos, comunicacionales, etc. En síntesis, plantear el conflicto -más allá de lo estratégico- en el ámbito de lo político y al mismo tiempo en lo militar llevar al adversario a un terreno en el cual su superioridad militar tecnológica y doctrinaria no le sirva de mucho.
Una tercera consideración, es destacar que en el actual escenario mundial la globalización, como principal característica del actual orden internacional, ha permitido el acceso a tecnologías y comunicaciones a todos los actores en una interacción que no tiene parangón en la historia de la humanidad. Sin embargo, la globalización en su dimensión militar no esta afectando por igual a los diversos ejércitos. De esta forma, en este conflicto y en sus inicios tenemos a una fuerza militar estadounidense en la etapa de la información y el conocimiento, con una estructura de redes (network centric warfare) versus una fuerza iraquí post revolución industrial, con una estructura de fuerzas basada sólo en plataformas de armas.
Más aún, identificamos una fuerza que es capaz de combatir y hacer sentir sus efectos en cinco dimensiones: la terrestre, naval, aérea, espacial y la del ámbito del ciber espacio digital; mientras la fuerza iraquí que se le oponía inicialmente fue preparada, sólo en las tres dimensiones tradicionales, es decir la terrestre, naval y aérea, de las cuales sólo la terrestre estaba en condiciones de oponerse a la fuerza adversaria, debido al tipo de fuerzas y a la degradación de la misma por la primera Guerra del Golfo en 1991 y desde esta hasta el año 2003. Sólo de esta forma entenderemos mejor el porque la fuerza iraquí perdió a partir del primer momento su capacidad de comando, control y comunicaciones, en una estructura de mando y comando altamente centralizada y vertical impuesta por Saddam, en la cual imperaba la orden superior por sobre la capacidad de decisión de sus subordinados. En ese contexto, fue fácil dejarlo aislado dejando a sus mandos subordinados sin iniciativa. Es dicha iniciativa, la que hoy -más que nunca- se constituye en un elemento esencial, en todos los grados, para hacer frente al desarrollo de las acciones en el combate. En otras palabras, se trata de reemplazar la cultura del orden por la de la iniciativa delegando poder, o autoridad para actuar, hacia todos los niveles de mando.
Habiendo descrito inicialmente estas consideraciones, estimo necesario destacar que en este conflicto observamos una primera etapa de las acciones de nítido carácter o naturaleza militar, desde el 20 de marzo a 09 de abril del 2003, o dicho en otras palabras, desde el inicio de las operaciones hasta la conquista de Bagdad. En dicha etapa, las fuerzas de la coalición estadounidense avanzaron una distancia de un poco más de 400 kilómetros en 21 días, derrotando a una fuerza estimada en 400.000 hombres, la que no combatió ni en la frontera, no aprovechó los obstáculos naturales de una planicie mesopotámica de 338 kilómetros, que sólo desciende 34 metros en toda su extensión. En dicho lapso, las fuerzas de la coalición encabezadas por los estadounidenses derrotaron rápidamente y sin mayor oposición a una fuerza militar que no supo o no pudo ofrecer mayor resistencia a la rápida progresión.
Sin embargo, desde el 09 de abril del 2003 hasta la fecha, la naturaleza de la amenaza evolucionó desde una del tipo militar a una del tipo no convencional caracterizada por el empleo de fuerzas irregulares, quienes básicamente han empleado como técnica al terrorismo en sus diversas expresiones. Lo anterior en el contexto de una guerra civil desencadenada principalmente por las facciones sunníes y chiítas, en una disputa político-religiosa, e ideológica, complementada por combatientes radicales islámicos provenientes de diversos estados de la región. En dicho escenario el empleo de sólo la fuerza militar -aún cuando sea la más moderna y eficiente- pierde sus principales fortalezas o ventajas si es que no se define una estrategia holística que considere el empleo de todos los instrumentos de poder a disposición (diplomáticos, económicos, jurídicos, inteligencia, etc.) en donde los factores culturales y comunicacionales juegan un papel trascendental. En este caso, dicha estrategia -al menos inicialmente- no fue explicitada por los responsables de hacerlo. No debemos olvidar que en este tipo de conflicto en el cual la fuerza militar se emplea coercitivamente en áreas pobladas sin distinción clara de quien es el adversario el verdadero centro de gravedad no está dado tanto por las difusas fuerzas adversarias, sino por la opinión publica y la confianza de la población en que se desarrollan las acciones. Lo anterior se torna más difícil si el Estado y su institucionalidad desaparecen dejando las principales funciones a la fuerza militar dominante, como verdaderamente ocurrió en este caso. De allí que parte importante de los actuales esfuerzos sean la reconstitución del ejército iraquí, su policía y principales instituciones estatales, para iniciar la reconstitución del Estado, elemento clave en el verdadero éxito de la actual misión en Irak.

Actualmente, la situación interna ha mejorado en Irak, ya que se ha logrado estabilizar las zonas más conflictivas, siendo lo anterior un éxito logrado por la conducción del General David Petreaus, actualmente Comandante del Comando Combatiente estadounidense, que a la fecha opera en el Medio Oriente. Consecuentemente, la clave del éxito hoy en Irak es que dicha estabilización en materia de seguridad se dé la mano con la consolidación del régimen político en Irak, para iniciar su proceso de consolidación de Estado.

En síntesis, el actual conflicto en desarrollo es un excelente modelo para el análisis de los actuales desafíos del empleo de la fuerza militar en el actual escenario internacional en el que pese a que la tecnología y la adecuada doctrina son relevantes; más importante aún es preparar la fuerza de acuerdo al probable futuro empleo de esta, coherente con la naturaleza del adversario, los aspectos culturales, el pensamiento estratégico dominante y su contexto geoestratégico. De allí la importancia de prever el futuro campo de batalla tanto en la etapa del empleo de la fuerza, como del post conflicto, en que el verdadero desafío, en este caso, es la construcción de Estado, para generar estabilidad y paz en el escenario internacional.


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