LA CRISIS Y EL FIN DEL PETRÓLEO SE ACELERA CON EL DESASTRE EN EL GOLFO DE MÉXICO.
07:49 AMLa crisis provocada por el vertido de crudo en el Golfo de México, va mas allá del daño ecológico, sin dudas tendrá también un efecto demoledor en la economía mundial, en el sentido de que la industria petrolera deberá gastar más en la extracción del crudo, lo que incrementara el precio del mismo, con las consecuencias ya conocidas de alzas en todos los productos que se derivan del petróleo.
A ello, se suma que cada vez aumenta la demanda y disminuye la producción, según estudios las fuentes de petróleo se están agotando en el mundo y las que aparecen requieren de una mayor inversión para su extracción, todo ello, también encarar el precio del oro negro y por ende, los bolsillos de todos los consumidores del mundo.
Las compañías petroleras tienen que tomar muchas decisiones estratégicas en relación con la producción de crudo, las importaciones, la producción de las refinerías y la optimización de las refinerías, que comercializa a la oferta, que los productos de la oferta, etc Cualquier compañía petrolera, obviamente, tiene información suficiente sobre sus propias operaciones y transacciones, sin embargo, es importante para las empresas saber lo que está sucediendo en general en cada país en el que operan. No sólo por lo general quieren resolver sus propias cuotas de mercado y su desarrollo, pero también tienen una necesidad de prever la evolución futura en el negocio del petróleo para su propia planificación estratégica y las divisiones de previsión.
La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) se derrumbará en los próximos 50 años si la era del combustible fósil llega a su fin y se obtiene una fuente de energía alternativa a bajo costo, indicó el ex ministro de petróleo y recursos minerales de Arabia Saudita, Ahmed Zaki Yamani citado por la agencia Associated Press.
La demanda del “oro negro” disminuirá debido a la creciente disponibilidad de luz solar, viento y energía nuclear como fuentes alternativas para generar electricidad, explico el ex ministro en el 50 aniversario de la OPEP.
En particular, la mencionada era tocará su fin cuando sea posible producir hidrógeno a bajo costo, afirmó el ex funcionario, tras señalar que él dice “no” a la pregunta de si la OPEP podrá sobrevivir otros 50 años.
Aunque el sector del transporte requiere gasolina, el consumo se contraerá gradualmente debido al creciente uso del biocombustible así como de vehículos híbridos y eléctricos.
La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) es un organismo intergubernamental creado para coordinar las políticas de producción de barriles de sus 11 países miembros, con el fin de estabilizar el mercado internacional de los hidrocarburos, conducir a los países productores de petróleo a obtener un razonable retorno de las inversiones y asegurar el suministro continuado y estable para los países consumidores. La OPEP produce el 40% del crudo mundial y el 14% del gas natural.
Actualmente, las naciones miembros de la Organización son: Argelia, Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Indonesia, Irán, Irak, Kuwait, Libia, Nigeria, Qatar y Venezuela.
Por su parte, el presidente de la Unión de Productores de Petróleo y Gas de Rusia subrayó que “crecen los gastos para la extracción de crudo, lo que significa que habrá una insignificante disminución de su extracción”. “Si elaboramos y asimilamos unas tecnologías más baratas, se producirá un aumento en la producción”, resaltó. “Si hay más energía atómica, la de hidrógeno u otra energía, disminuirá la necesidad del petróleo. Si crece la demanda de gas natural, la situación se repetirá”, destacó agregando que en tal interacción, se desarrollará en el sector energético.
Los analistas del Pentágono presentaron el informe Joint Operating Environment 2010, donde pronostican que el déficit del petróleo en el planeta y la lucha por los mercados harán que la vida futura parezca una película apocalíptica de Hollywood. Los expertos estadounidenses predicen un colapso a causa de la escasez de petróleo en el planeta. El informe consigna que una crisis energética no económica amenaza a la humanidad. Para 2012, las reservas del combustible podrían agotarse y los precios serán incontrolables. En 2015 “la diferencia entre demanda y oferta podría ser de 10 millones de barriles diarios”, destaca el informe. Los cálculos del Pentágono no son únicos: según datos de la Universidad de Oxford, las reservas mundiales de petróleo están sobreestimadas al triple. La escasez del combustible llevará a una tensa lucha por los mercados: con armamentos avanzados, cibernética y robots androides que se usarán en guerras por el oro negro, lo que conducirá a serios riesgos geopolíticos. Al mismo tiempo, los expertos insisten en que hay suficientes recursos energéticos pero no hay plataformas necesarias para extraerlas, ni instalaciones suficientes para su refinación. El informe hace hincapié en las posibilidades del mar Caspio, Brasil, Colombia y la plataforma continental de EE. UU., para compensar el agotamiento de los yacimientos.
Rusia, uno de los mayores fabricantes y proveedores de petróleo, tiene que hacer una elección difícil: favorecer a la superación de la crisis en los Estados Unidos (algo positivo para sus intereses, puesto que la economía rusa depende mucho del dólar) o apoyar una decisión que posibilite que los precios del crudo se mantengan en niveles elevados. La OPEP se encuentra en una tesitura similar: tomar medidas que lleven a la bajada de los precios del petróleo no favorece a sus intereses, pero perjudicar a la economía estadounidense tampoco resultaría positivo para estos países.
Toda la situación del petróleo se verá afectada aún más después del accidente del Golfo de México ha sacudido el mercado del petróleo. Aunque parece que BP ha cerrado el pozo, la mancha negra está perjudicando el futuro de la producción, que se estaba planteando en los últimos años sobre la “nueva frontera” de las perforaciones oceánicas. El Eldorado marino parecía prometer un suministro estable que moderara el precio del crudo, de cara a una creciente demanda de nuevos colosos como China e India.
En marzo, antes del accidente de BP, el Gobierno de EE UU había decidido reactivar nuevos proyectos petrolíferos en el Golfo de México e incluso en Alaska. Esta política energética se alineaba con las visiones petrolíferas del anterior Gobierno Bush. Se explicaba en el plano económico con la necesidad de buscar nuevas fuentes de crudo para EE UU y para conseguir su imperativo estratégico: la “seguridad energética”, basada en la autonomía de las fuentes de suministro.
Este objetivo prioritario se debe a su necesidad geopolítica de no tener que depender económicamente de fuentes de petróleo localizadas en regiones conflictivas como Oriente Medio. La permanente inestabilidad de la zona se repercute en las oscilaciones del precio del petróleo y en la factura energética de EE UU, que importa la mayoría del crudo que consume.
Estas exigencias estratégicas han chocado dramáticamente con los efectos de una política petrolífera de tipo expansivo. Tras el accidente de BP, Obama ha decidido dar un giro de 180 grados a la cuestión energética. El Gobierno ha suspendido las exploraciones en Alaska, ha postergado los nuevos proyectos en el Golfo de México y ha prohibido temporalmente todas las perforaciones a una profundidad superior a los 500 pies (150 metros). Los efectos del derrame de BP se están notando en el mercado, impulsando una tendencia alcista del precio del barril. El coste de las perforaciones oceánicas se está disparando, no sólo en precio sino también por el riesgo potencial de accidentes. El uso de técnicas más seguras en términos ambientales significa mayores gastos para las empresas petroleras. Por otro lado, implica que muchas inversiones dejen de ser rentables porque el beneficio se reduciría.
Si el petróleo de origen oceánico cuesta el doble del que se extrae en los pozos convencionales, su rentabilidad es viable sólo si el precio en el mercado se mantiene alto. Pero en la peculiar dinámica del mercado de petróleo, participan otros factores que en los últimos años están fomentando la producción en alta mar. El alto consumo sostenido durante las últimas décadas en los países occidentales, al que se ha añadido la creciente demanda de China e India, empieza a plantear la perspectiva de agotamiento de las fuentes tradicionales de petróleo.

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