
El colapso de la Unión Soviética no significó solamente una pérdida cuantitativa, como territorio, recursos y población, sino también una pérdida de la identidad imperial. Tanto las fronteras políticas, históricas, culturales y étnicas, como los mapas mentales de los rusos se volvieron incoherentes. La desintegración de todo lo que los rusos se habían acostumbrado a lo largo de los siglos a considerar como la única realidad posible, generó el proceso de transformación de su identidad histórica.
Es por ello, que no debe extrañar que, aprovechando el período de debilidad de EE.UU por la situación económica, la guerra de Irak y Afganistán y el término del período presidencial del gobierno de Bush, Rusia este moviendo sus piezas para ocupar los espacios que fueron abandonados por el poder norteamericano. Las preguntas que surgen son de real importancia para el gigante ruso: ¿Prefiere Rusia quedarse sola, o unirse en una alianza? ¿Se aliará con el Occidente? ¿Intentará iniciar una alianza anti-americana junto a China y a otros Estados de Asia y de Oriente Próximo? Las respuestas a estas atormentadas preguntas intentan ofrecer, a lo largo de los años que han transcurrido desde el desplome soviético, una imagen sobre el mundo y sobre el papel que Rusia intenta jugar en calidad de potencia regional, con presencia en varias zonas de Eurasia, o en calidad de otro polo de poder con vocación global en un mundo multipolar.
Hay que tener en cuenta, que el territorio ruso tiene una posición geopolítica privilegiada, es el único país del mundo que se extiende tanto en Asia, como en Europa, desde el Pacífico hasta la antigua Europa del Este. En este vasto territorio, Rusia posee los mayores recursos de petróleo y gas natural del mundo. Actualmente, el petróleo ruso se exporta por tres rutas; Europa Occidental (por el Báltico y el Mar Negro), la ruta del Norte y la ruta del Oriente Lejano, hacia China, Japón y el mercado de Asia del Este.
Recientemente Europa ha sentido realmente lo que significa depender del gas ruso, producto de un conflicto con Ucrania, dejo a Europa en una difícil situación energética en pleno período invernal.
Por otro lado, hoy vemos a Rusia con una presencia más activa en otras partes del mundo. Por ejemplo, la reciente gira del presidente ruso, Dmitri Medvedev, por Perú, Brasil, Venezuela y Cuba marcan el retorno a Latinoamérica y el Caribe del país más extenso del planeta como un gran actor global. Es una decisión geopolítica seria. Vamos a fortalecer las relaciones con América Latina y el Caribe, reiteró el mandatario ruso durante su visita.
El presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, manifestó que los servicios secretos de su país deberían cooperar en mayor grado con los colegas de Latinoamérica. “Es necesario avanzar hacia formas de cooperación modernas y prometedoras, no sólo con los socios tradicionales sino también con otros, nuevos, por ejemplo, con los países de América Latina y BRIC” (Brasil, Rusia, India y China), señaló el jefe del Estado ruso en una reunión con altos cargos ejecutivos del FSB, el servicio federal de seguridad”.
La crisis económica global ha cambiado ya drásticamente la jerarquía de las prioridades y en este sentido, la diplomacia rusa ha logrado que la UE, en cierta forma, evite implicarse a fondo en las zonas de conflicto en el Cáucaso, ni persigue en Georgia algunos intereses fundamentales que pesen más que la cooperación con Rusia. Lo anterior no significa que Europa haya olvidado los sucesos de agosto de 2008 pero tal recuerdo, más que servir de guía para la acción, se suma a la visión general de Rusia como una fuerza agresiva e impredecible.
El presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, asustó a Europa al referirse en su mensaje anual a la Asamblea Federal (5 de noviembre pasado) al emplazamiento de cohetes “Iskander-E” en Kaliningrado como respuesta al despliegue del escudo antimisiles estadounidense en Polonia y la República Checa. Los políticos y medios de información occidentales interpretaron las palabras del presidente ruso como una orden de apuntar inmediatamente misiles a la OTAN. or ello las declaraciones sobre suspensión de emplazamiento de proyectiles tácticos “Iskander” provocaron animados comentarios. Pero, lo más importante, esto obliga en cierta forma al presidente Barack Obama a cumplir con los planes de desmantelar el escudo antimisiles que llevaba adelante la administración Bush.
En otro sentido, la Marina de Rusia confirmó que la Federación Rusa empezará a construir en 2009 una base naval en el puerto abjaso de Ochamchira. El presidente de Abjasia, Serguei Bagapsh, mencionó el verano pasado sólo dos bases para las tropas rusas: en el desfiladero del Kodori, dónde la construcción de una base naval debe comenzar prácticamente desde cero, y en Gudaúta donde se ha conservado la infraestructura de la antigua base naval soviética. “Ochamchira es un punto estratégicamente importante, pues se encuentra en la frontera con Georgia y desde ahí los buques rusos podrán controlar las aguas territoriales georgianas. Sujumi es menos adecuado para esto”
En otro frente, en el Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza, el jefe del Gobierno ruso Vladímir Putin al intervenir manifestó que Moscú no se queja de EEUU y sólo exhorta a considerar los intereses de distintos países en la política internacional, declaró “Moscú no se queja de nadie y sólo hace constar que el excesivo empleo de la fuerza para resolver los problemas y el menosprecio al Derecho Internacional destruyen las relaciones internacionales”.
Partiendo del principio de la necesidad de la integración continental, Rusia estaría destinada a instaurar en el sur de Eurasia una “nueva geopolítica” y, como consecuencia, India, China, Indochina y los países islámicos deberían apreciarse como un “teatro de maniobras continentales de posición”, con el fin de vincular estrechamente desde el punto de vista estratégico todas estas regiones con el centro euro-asiático representado por Moscú. Es por ello que, la armada rusa despliega todo su potencial en los mares del mundo. Por ejemplo, su buque insignia “Pedro el Grande” y el destructor indio “Delhi” completaron la primera fase de los ejercicios navales Indra 2009 en el Océano Índico. La segunda etapa de estas maniobras, que se celebran cada dos años, se va a desarrollar en las próximas semanas cerca de las costas de Somalia. Buques rusos e indios van a ensayar operaciones conjuntas de lucha contra la piratería marítima. Botado en 1996, “Pedro el Grande” es el buque insignia de la Flota rusa del Norte y el mayor crucero del mundo. Su principal función es destruir objetivos en la superficie del mar y repeler ataques aéreos y submarinos. Este, también participo en los ejercicios conjuntos con buques de la Armada venezolana, en el mar del Caribe realizados el pasado mes de noviembre, hecho que es inédito y que EE.UU. lo miro con “indiferencia”.
Ya que su objetivo es mantener el equilibrio militar y geopolítico en relación con EEUU – la superpotencia que representa otros valores – Rusia tiene que esforzarse en mantener su estatuto de superpotencia, de ahí que durante el último tiempo haya iniciado un amplio plan de mejoramiento militar especialmente de su armada, pues, las capacidades militares constituyen las principales componentes para lograr la seguridad nacional, según su visión.
Es importante destacar que en la visión de los expansionistas, sólo los principios de la geopolítica clásica pueden explicar el cambio en el sistema internacional. Por consiguiente, viven en un mundo que sigue siendo “bipolar”, en el cual se confrontan dos rivales geopolíticos: los Atlantistas y los Eurasiáticos. Por ello, Rusia tiene que reorganizar el territorio de Eurasia y absorber espacios más allá de la CEI, para asegurar su propia seguridad. En busca de aliados geopolíticos, intentan especular los malentendidos surgidos entre los Atlantistas, y utilizar la Europa Occidental contra los EEUU. Como organización política promueven el concepto de “imperio” en permanente ampliación, al que conciben como única solución de supervivencia.
Es verdad que Rusia, con su realidad antigua y profunda, necesita todavía mucho más tiempo y experiencia democrática, para llegar al nivel que desean sus socios occidentales. La confrontación no aventaja a Rusia, puesto que por ahora, no está preparada para una “batalla” global, pero que al observar su comportamiento político estratégico, sin dudas es que está ganando el poder y posicionamiento que necesita para ello.
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