LA ACTUAL CRISIS ECONÓMICA MUNDIAL, SUS EFECTOS EN LA TRANSFORMACIÓN DEL MUNDO, CONLLEVA UNA INCERTIDUMBRE E INSEGURIDAD DE TAL MAGNITUD, QUE DE NO ADMINISTRADA EN FORMA JUSTA, PUEDE SER EL FIN DEL ACTUAL SISTEMA MUNDIAL.
09:10 AM
El mundo se encuentra enfrentado a una crisis económica sin precedentes, que tiene efectos, no sólo en lo económico, sino que mayoritariamente de carácter político, geopolítico, estratégico y social.
Sin dudas que, como lo demuestran los procesos históricos de la humanidad, la crisis será superada, pero la pregunta que debemos hacernos es ¿Qué podemos esperar que ocurra, de aquí en adelante? Sin dudas, que es un misterio, aunque, es posible extrapolar ciertas tendencias y hacer algunas suposiciones acerca de los escenarios que se pueden dar. En la medida que los intelectuales pueden aportar algo al ámbito de la política real, por lo demás, es necesario hacerlo. El intento por lo menos, a juicio de Geodelphos vale la pena.
A, a pesar del carácter incierto de lo que se deduzca, es saludable para los inversores tener predicciones, político estratégicas, deducidas de análisis globales, desde distintas perspectivas como se han publicado, algunas muestras en esta página de GEODELPHOS.
En la historia de la humanidad, los distintos períodos de la economía mundial, cuentan con rasgos de bienestar positivos y negativos, y varían en función de los sectores económicos o grupos sociales particulares, a unos les afecta más que a otros, y también unos aprovechan las crisis para su bien, no importándoles el perjuicio para los otros.
La cuestión clave estriba en saber hacia dónde nos dirigimos a partir de aquí, y lo primero que cabe apuntar es que no podemos saberlo a ciencia cierta. Para algunos la incertidumbre que provoca la crisis, es tremendamente incomoda y para otros ante esta realidad, se muestran profundamente pesimistas.
Existe ciertamente la posibilidad de una alternativa negativa, como es que el sistema mundial actual, la economía capitalista mundial, podrían transformarse en otra cosa, bien adoptando la forma de otro sistema individual o de una multiplicidad de sistemas distintos que no sean igualitarios ni democráticos. Por lo tanto, existe la posibilidad de que el sistema que surja de la crisis –o sistemas – podría ser todavía peor que el actual. Esto, después de todo ya ha ocurrido con anterioridad en la historia del mundo, por ejemplo, cuando se produjo la transición en Europa del feudalismo al capitalismo, que no sólo supuso un progreso, sino que en muchos sentidos se tradujo en un rotundo retroceso.
Los defensores del actual sistema –grandes potencias– pueden y tienen el poder, para durante el período de transición hacerse del control de las palancas del cambio, no para evitarlo o proteger un sistema ya en decadencia imposible de salvaguardar, sino para dirigir el cambio en la dirección de otro sistema que, aunque muy distinto en sus formas del actual, les permita mantener la hegemonía mundial y de igual forma imponer sus condiciones protegiendo sus intereses.
Por este motivo, vemos actualmente un cambio en el escenario mundial, las potencias se están reposicionando para lograr un lugar preponderante en el nuevo sistema que debe resurgir de la actual crisis política y económica mundial. Vemos por ejemplo, una U.E. más activa y menos dependiente de EE.UU., por otro lado una Rusia mostrando sus cartas y saliendo de su entorno euroasiático y tratando de recomponer su influencia en el mundo, un Asia más unida y de mirada común, como ser el eje China, Japón y Corea del Sur, del G8 pasamos a un G20, potencias en al antiguo sistema no consideradas, como India y Brasil, ahora son importantes, vale decir son más los actores que entran en el manejo de la economía mundial. La OTAN tiende a ampliarse hacia Europa Central y Repúblicas ex soviéticas y, Francia fuera de la alianza desde el año 1966 ahora quiere ingresar nuevamente para ser actor de un sistema de defensa que también se readecúa. En Sudamérica, aparecen movimientos que buscan mayor independencia de EE.UU. Como vemos, el mundo está en movimiento y las piezas del poder mundial se reatículan, lo cierto es que todos quieren estar en primera línea en este nuevo orden mundial. El problema es que el mundo se enfrenta a una transformación global.
La cuestión no estriba entre crisis mundial o transformación mundial, sino qué clase de trasformación somos capaces de llevar a cabo y de qué modo se resolverá la crisis. Lo cierto es, que hoy en el mundo existe una mayor presión por parte de la gente común y corriente, lo que puede llevar a una movilización social, difícil de controlar para los Estados, hemos tenido ejemplos en Francia y Grecia. Es por ello, que la solución de la crisis pasa por preocuparse de las personas y sus familias, la microeconomía es en este tiempo de crisis más importante que la macroeconomía. Es necesario, a lo menos, asegurar las necesidades básicas de vida de los habitantes del planeta.
En el siglo XIX el nivel de posibilidad y de aspiración había alcanzado un punto en el que asistimos a la aparición de movimientos antisistémicos en sus dos vertientes clásicas, lo movimientos socialistas y los movimientos nacionalistas. Un rápido repaso a la historia política del siglo XX nos indica que a partir de 1945, los movimientos antisistémicos cosecharon un éxito notable en su objetivo decinómico de alcanzar el poder del Estado.
Actualmente, no es un secreto, que existe un gran descontento en el mundo en relación con los socialdemócratas en el poder, los socialistas en el poder, los comunistas en el poder y los nacionalistas en el poder, un descontento que no se expresa como en el siglo XX, sino que se expresa en amplias filas de los partidarios y militantes antisistémicos, que están en movimiento ayudados por la tecnología que les permite coordinarse y actuar de manera global.
Es una crisis, además, moral y profunda de insatisfacción del ser humano de la forma cómo se han planteado las cosas y ante ello se está revelando, especialmente cuando no tiene el sustento ético y moral, que en cierta forma marcaba los límites, para la convivencia entre los Estados y las personas entre sí.
En todos los escenarios del sistema mundial han surgido nuevos movimientos que han puesto a los viejos movimientos, que ostentan el poder en la mira. Estos nuevos movimientos sociales han adoptado la forma de un conjunto de organizaciones que no han adquirido estructura organizativa alguna: movimientos minoritarios, antiglobalización, ecologistas, de mujeres, en contra de la guerra, en contra de la proliferación nuclear, pacifistas, defensores de la Ballenas, etc. Todos ellos tienen en común una actitud de sospecha profunda hacia “los viejos” movimientos que han alcanzado el poder. El sentimiento de que los movimientos en el poder se han anclado en la burocracia y están gobernados por los grupos cuyos objetivos actuales difícilmente apenas pueden distinguirse de los que defienden el status del sistema mundial, es ya una percepción generalizada.
El modelo de las “viejas izquierdas”, hoy se ven amenazadas por las múltiples izquierdas de “nuevo cuño”, lo que ha llevado por ejemplo en Latinoamérica a estallidos súbitos de “entusiasmo revolucionario”, como ejemplo Chávez y sus seguidores.
Sin dudas, que esto no nos lleva a salir de la crisis, e incluso puede empeorarla, lo que se necesita es un nuevo paradigma, alejado de las antiguas ideologías, que han fracasado. Tanto el nacionalismo como el internacionalismo, el capitalismo y el socialismo representan respuestas ideológicas a las condiciones estructurales que se hallan implícitas en el proceso de acumulación del capital, que hoy han culminado su proceso histórico de desarrollo.
Hay una evidente tensión entre el nacionalismo e internacionalismo, entre el capitalismo y el socialismo, entre lo universal y lo particular, que se ha convertido en característica del panorama político, que se derivan de la persistencia de la antinomia estructural entre unidad de la economía mundial y su división entre Estados múltiples.
Existe una posibilidad, que ya se ve en algunos gobernantes de enfrentar la crisis, con una tendencia al proteccionismo, lo que sin dudas podría llevar a un período de caos financiero de graves consecuencias, es por ello que la postura de Brasil en contra del proteccionismo en el grupo G 20 es una buena señal, para evitar esto. La historia nos enseña que el renovado proteccionismo fruto del fracaso de varios planes de reforma internacional en realidad contribuyó directamente a la aparición de lo que se conoce como “la Gran Depresión”, que culmino con la II Guerra Mundial.
Si se produce un desmoronamiento del sistema mundial, este sería anárquico, generaría un elevadísimo grado de experimentación, pero también un alto nivel de inseguridad. Asistiríamos al caos social, que en cierta forma ¿ya no se empieza a vislumbrar?
Por lo tanto, la crisis actual política y económica, está provocando un reordenamiento mundial que es necesario observar, sumado ello a la falta de recursos naturales especialmente energeticos y los efectos devastadores del cambio climático, son una suma de factores que pueden desencadenar un desorden mundial, de consecuencias insospechadas, el cual, incluso nos puede llevar finalmente a una nueva guerra mundial. Hemos asistido a tres guerras de este tipo a lo largo de la historia del sistema mundial moderno (1618-1648, 1792-1815, 1914,1945), y estructuralmente no hay razón para que no podamos asistir a una cuarta. El único problema, del que todos tenemos conciencia, es que ésta supondría un desastre nuclear de proporciones inconmensurables.
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