OJO CHILE OTRA MANIOBRA PERUANA PARA INFLUIR EN LA HAYA, Y OJO BOLIVIA, LA SALIDA AL MAR PROPUESTA ES UN ENGAÑO MÁS.
01:48 PMLos Presidentes de Bolivia, Evo Morales, y de Perú, Alan García, suscribieron hoy en la ciudad peruana de Ilo la ampliación de acuerdos de integración, entre ellos el que genera mayor expectativa y que les permite a los bolivianos hacer uso de una salida no soberana al mar.
En la ocasión, el Mandatario peruano respaldó la lucha de los altiplánicos por obtener la mediterraneidad y aseguró que su país no se interpondrá en ella.
“El Perú jamás será un obstáculo en el diálogo bilateral que debe conducir a que Bolivia recupere su salida soberana al mar. Invocamos al diálogo bilateral. Es injusto que Bolivia no tenga una salida soberana al océano”, afirmó el gobernante peruano, aludiendo a las conversaciones entre Chile y ese país.
Lo que ocurre, que Perú sospecha que Chile le ofrecería un franja soberana al norte de Arica, cosa que los Peruanos se oponen terminantemente, por mucho que el actual presidente peruano Alan García diga que su país no se opondrá a ello. No nos olvidemos que según tratados chileno-peruanos de 1929, si Chile decidiera algún día entregarle una salida al mar por territorios que pertenecieron a Perú antes de la guerra del Pacífico, se necesita el aval de Lima.
Se olvida que Chile propuso mediante nota diplomática de diciembre de 1975 el canje territorial de extensiones equivalentes de una franja de 8 kilómetros de ancho entre la ciudad de Arica y la frontera con el Perú que permitía a Bolivia la posibilidad de tener acceso soberano al Pacífico y construir su propia terminal marítima al final de dicho corredor.
La propuesta, finalmente, fracasó, por las reacciones negativas y la oposición al Gobierno de Banzer, por creer que era injusta y exagerada la pretensión chilena de un canje territorial y porque el Perú se negó a acceder al acuerdo contraofertando que se constituya solo una zona adyacente o trapecio territorial, de muy limitada extensión, con soberanía compartida por las tres naciones.
Bolivia de caer en esta trampa que le tiende García, nunca tendrá una salida soberana al mar.
Por lo mismo, Morales demuestra su ignorancia en este tema al señalar “Sólo nos falta la soberanía marítima, aunque sabemos que esa solución no es responsabilidad de Perú” y por otra parte, tenemos el cinismo de García al señalar “Perú jamás será un obstáculo para que Bolivia acceda con soberanía al Pacífico”. Si ya lo fue el año 1975, ¿cómo puede decir nunca?
Ambas declaraciones son muy peligrosas para la estabilidad de la región, toda vez que apuntan sólo a Chile como el responsable de esta situación, desconociendo la historia, un problema en el cual está muy presente el sentimiento, la pasión, el nacionalismo, elementos que distorsionan los arreglos.
Hace poco, el canciller peruano José García Belaunde, recordó que su país, en virtud de un tratado de 1929, debe aprobar un eventual acuerdo de Bolivia y Chile si se plantea una solución al conflicto marítimo por la zona chilena de Arica, territorio que antes era peruano. Entonces cabe hacerse la pregunta ¿Con lo declarado por García, ¿no hay problemas para negociar un corredor soberano hacia el mar al norte de Arica?.
Chile, ahora tiene la oportunidad de proponer una salida soberana, ya Perú ha dado su consentimiento, -según se deduce de los dichos del presidente peruano-. Ahora es el momento para que tanto Chile y Bolivia den a conocer, las negociaciones que desde 2006 llevan adelante para una solución a la demanda boliviana de tener un acceso al Pacífico, ya que hasta el momento no han trascendido información oficial sobre el curso de esas conversaciones.
La lógica de los peruanos es la siguiente: “los chilenos quitan su litoral a Bolivia y desean resarcir el daño cediendo territorio peruano”. El problema es que Arica fue peruano ahora es chileno y ganado en buena lid y por lo tanto Chile está en todo su derecho a entregarle un corredor soberano al norte de Arica.
Por su parte, el Perú con su tradicional animosidad hacia Chile y suspicacia diplomática, trata de influir por esta vía en el tribunal de la Haya, magistratura que por lo demás, históricamente se ha dejado influir por los poderes en juego. Para ello, el Perú, trata de influir y meter cuñas en las inmejorables relaciones que existen entre Chile y Bolivia, tal como trato de hacerlo ante las inmejorables relaciones que Chile tiene con Ecuador.
Todo esto forma parte de una maniobra diplomática para desacreditar a Chile, lo que la diplomacia peruana hace permanentemente y muy bien. Ahora ha llegado el tiempo de actuar de la diplomacia chilena, que todos esperamos lo haga a la altura. Ya esta bueno de la falta de carácter de la diplomacia chilena, que siempre reacciona más que acciona. Llega la hora de los políticos y no de los economistas en las relaciones internacionales, la única forma de zanjar de una vez estos conflictos centenarios entre chile y Bolivia.

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Señoras Presidentas de Argentina y Chile, Señores Cardenales, Queridos Hermanos en el Episcopado, Señores Embajadores, Amigos todos: 1. Con sumo gusto les recibo y les doy la bienvenida en esta Sede de Pedro, con motivo de la celebración del 25 aniversario del Tratado de Paz y Amistad, que clausuró el diferendo territorial que mantuvieron durante largo tiempo sus respectivos Países en la zona Austral. En efecto, es una oportuna y feliz conmemoración de aquellas intensas negociaciones que, con la mediación pontificia, concluyeron con una solución digna, razonable y ecuánime, evitando así un conflicto armado que estaba a punto de enfrentar a dos pueblos hermanos. 2. El Tratado de Paz y Amistad, y la mediación que lo hizo posible, está indisolublemente unido a la amada figura del Papa Juan Pablo II, el cual, movido por sentimientos de afecto hacia esas queridas Naciones y en sintonía con su incansable labor como mensajero y artífice de paz, no dudó en aceptar la delicada y crucial tarea de ser mediador en dicho contencioso. Con la ayuda inestimable del Cardenal Antonio Samorè, él mismo siguió personalmente todos los avatares de esas largas y complejas negociaciones, hasta la definición de la propuesta que llevó a la firma del Tratado, en presencia de las delegaciones de ambos Países y del entonces Secretario de Estado de Su Santidad y Prefecto del Consejo para los Asuntos Públicos de la Iglesia, Cardenal Agostino Casaroli. La intervención pontificia fue una respuesta también a un expreso pedido de los Episcopados de Chile y Argentina, los cuales, en comunión con la Santa Sede, ofrecieron su decisiva colaboración para la consecución de dicho acuerdo. Es de agradecer, además, los esfuerzos de todas las personas que, en los Gobiernos y delegaciones diplomáticas de ambos Países, dieron su positiva contribución para llevar adelante ese camino de resolución pacífica, cumpliendo así los profundos anhelos de paz de la población argentina y chilena. 3. A veinticinco años de distancia, podemos constatar con satisfacción cómo aquel histórico evento ha contribuido benéficamente a reforzar en ambos Países los sentimientos de fraternidad, así como una más decidida cooperación e integración, concretada en numerosos proyectos económicos, intercambios culturales e importantes obras de infraestructura, superando de este modo prejuicios, sospechas y reticencias del pasado. En realidad, Chile y Argentina no son sólo dos Naciones vecinas sino mucho más: son dos Pueblos hermanos con una vocación común de fraternidad, de respeto y amistad, que es fruto en gran parte de la tradición católica que está en la base de su historia y de su rico patrimonio cultural y espiritual. Este acontecimiento que hoy conmemoramos forma ya parte de la gran historia de dos nobles Naciones, pero también de toda América Latina. El Tratado de Paz y Amistad es un ejemplo luminoso de la fuerza del espíritu humano y de la voluntad de paz frente a la barbarie y la sinrazón de la violencia y la guerra como medio para resolver las diferencias. Una vez más, hay que tener presente las palabras que mi Predecesor, el Papa Pío XII, pronunció en momentos especialmente difíciles de la historia: «Nada se pierde con la paz. Todo puede perderse con la guerra» (Radiomensaje, 24 agosto 1939). Por tanto, es necesario perseverar en todo momento con voluntad firme y hasta las últimas consecuencias en tratar de resolver las controversias con verdadera voluntad de diálogo y de acuerdo, a través de pacientes negociaciones y necesarios compromisos, y teniendo siempre en cuenta las justas exigencias y legítimos intereses de todos. 4. Para que la causa de la paz se abra camino en la mente y el corazón de todos los hombres y, de modo especial, de aquellos que están llamados a servir a sus ciudadanos desde las más altas magistraturas de las naciones, es preciso que esté apoyada en firmes convicciones morales, en la serenidad de los ánimos, a veces tensos y polarizados, y en la búsqueda constante del bien común nacional, regional y mundial. La consecución de la paz, en efecto, requiere la promoción de una auténtica cultura de la vida, que respete la dignidad del ser humano en plenitud, unida al fortalecimiento de la familia como célula básica de la sociedad. Requiere también la lucha contra la pobreza y la corrupción, el acceso a una educación de calidad para todos, un crecimiento económico solidario, la consolidación de la democracia y la erradicación de la violencia y la explotación, especialmente contra las mujeres y los niños. 5. La Iglesia católica, que continúa en la tierra la misión de Cristo, que con su muerte en la cruz trajo la paz al mundo (cf. Ef 2, 14-17), no deja de proclamar a todos su mensaje de salvación y de reconciliación y, uniendo sus esfuerzos a todos los hombres de buena voluntad, se entrega con ahínco para cumplir las aspiraciones de paz y concordia de toda la humanidad. Excelentísimas Señoras Presidentas, queridos amigos, agradeciéndoles nuevamente su significativa visita, dirijo mi mirada al Cristo de los Andes, en la cumbre de la Cordillera, y le pido que, como un don constante de su gracia, selle para siempre la paz y la amistad entre argentinos y chilenos, al mismo tiempo que como prenda de mi afecto les imparto una especial Bendición Apostólica.