CHILE BAJO DEMANDAS TERRITORIALES UN DESAFÍO PARA LA REGIÓN
10:12 AM
Chile es el único país sudamericano al cual sus tres vecinos reclaman parte importante de su territorio (mar y tierra). Este país podría en los próximos años perder en el diferendo con Argentina unos dos mil doscientos kilómetros cuadrados entre los montes Fitz Roy en la región de Aysén y el Cerro Murallón en Magallanes. Por otra parte, puede perder con Perú más de 35 mil kilómetros cuadrados de mar y finalmente otros miles de kilómetros de tierra y mar, debido a la demanda de Bolivia por una salida al mar.
Como vemos, el desafío para la diplomacia chilena es muy grande y la forma como se lleven adelante estos diferendos será de repercusiones regionales, no solo por sus efectos geográficos, sino que por los efectos jurídicos y el ejemplo que ellos pueden tener en otras demandas pendientes en la región.
Por otra parte, la reacción del pueblo chileno ante estos dilemas, también será de una u otra forma un desafío para la política chilena, que deberá explicar muy bien las resoluciones que se tomen y mejor los resultados que se obtengan.
La diplomacia de la economía no es suficiente para enfrentar este desafío, si algunos creen que sólo, a través del intercambio y la integración económica entre los países se obvian los asuntos territoriales y las fronteras físicas, están muy equivocados. Esta es la mirada economicista del mundo que sólo sirve a los más poderosos, en este caso Chile se enfrenta a dos vecinos que potencialmente son superiores, por mucho que actualmente los índices de desarrollo de Chile se vean más desarrollados.
Lo cierto que para Chile, ambas demandas, tanto la Argentina como la Peruana, han sido generadas sin respaldo jurídico ni histórico, producto que sus vecinos le han cambiado las reglas del juego. En el caso de campos de hielo, en el año 1889, ambos países presentaron pretensiones de soberanía que concordaban perfectamente, pues fijaban la misma frontera sobre los Campos de Hielo Patagónico Sur y por tanto no había disyuntiva. La Argentina con conocimientos posteriores a este fallo arbitral y a esta pretensión igual de límites en el sector pretende cambiar su línea frontera hacia el oeste.
Respecto a la demanda peruana, las reclamaciones de Perú se hicieron más patentes cuando en agosto de 2007, Lima publicó un mapa que toma como base el Punto de la Concordia para proyectar, en un trazo equidistante, las 200 millas de dominio marítimo que reclama. Por su parte, para fijar la frontera marítima, Santiago utiliza la línea del paralelo y argumenta que el límite territorial no está a orillas del mar, sino en el denominado Hito 1, unos 220 metros tierra adentro hacia el nordeste.
La globalización es un hecho ineludible y lleva a las naciones hacia la convivencia, el mundo lo ha entendido así y ello se manifiesta a través de pactos internacionales corporizados en organismos como las Naciones Unidas.
En esas asociaciones los contratantes acuerdan libremente formas de relación equitativa lo que garantiza la convivencia pacífica. La preeminencia de uno sobre otro contratante, por el motivo que sea, es una forma de injusticia que será aceptada mientras exista una ventaja o un desbalance de fuerza. Otra forma de injusticia se da cuando gobiernos pusilánimes o interesados en objetivos subalternos aceptan tratos contrarios a la dignidad, el interés o la seguridad de su nación.
Las organizaciones internacionales han nacido con la finalidad de crear un ámbito jurídico de convivencia justa, y además se constituyen en instancia de mediación para las naciones concurrentes.
Es responsabilidad de los representantes de la nación, su gobierno y su Congreso, que los acuerdos internacionales tengan como base el derecho, la justicia, la legalidad y sobre todo la equidad.
Los estados que deciden formar parte de los organismos internacionales aceptan a priori la validez de los estatutos de esas organizaciones, y en el ámbito de esos estatutos hacen sesión de expectativas de soberanía en aras de la convivencia pacífica y armónica.
Esta es una sutil renuncia de soberanía ante un organismo internacional frente al que los contratantes son interdependientes. De común acuerdo reconocen un espacio de derecho y negociación de diferencias, y una entidad de mediación que basa sus recomendaciones en los estatutos previamente aceptados.
Es evidente que el organismo internacional que los asocia, no cumplirá su finalidad si se limita a sancionar acuerdos y pactos entre cúpulas estatales a despecho de los intereses de las naciones.
En consecuencia la interdependencia obliga a las partes contratantes a mutua sesión de expectativas en un marco jurídico previamente aceptado con renuncia a reclamaciones directas y reconocimiento a la facultad de mediación del organismo internacional. El organismo internacional cumple su rol y justifica su vigencia solo si es capaz de garantizar equidad y validez de los acuerdos y pactos realizados a su amparo.
Esto es lo que se espera de la Corte de la Haya en el caso de la demanda peruana en contra de Chile.
Respecto a la demanda de salida al mar de Bolivia, se estima que precisamente esta demanda peruana ha afectado y retrasado una de las posibles soluciones, como dar un corredor al norte de Arica, el problema es que el tratado de 1929 firmado por Lima y Santiago establece que los peruanos deben ser consultados sobre un eventual arreglo entre los Gobiernos de Bolivia y Chile, lo que el país del Rimac nunca ha querido. Además con Bolivia, ya se han registrado avances para solucionar la controversia sobre las aguas de la región de Silala, situadas en el departamento andino de Potosí. Esas aguas, consideradas por Bolivia un manantial sobre el que tiene todos los derechos, benefician el norte de Chile, que en cambio las considera un río con cauce internacional.
Por su parte, en el caso del litigio por Campos de Hielo, se espera que los intereses superiores y la equidad puedan ser compatibles para no dañar una relación muy necesaria para el futuro no sólo de Argentina y Chile, sino que para toda la región sudamericana.
La integración regional como proceso puede contribuir al desarrollo de las naciones. Sin embargo, para que esto sea posible se requiere que todos los asuntos territoriales sean solucionados, no es posible mejorar realmente las relaciones entre las naciones si hay asuntos geográficos e históricos pendientes.
Para ello, debiera revertirse la tendencia de los Estados a entorpecer los entendimientos que los países mantienen entre sí. Revertir significa pasar de una política de obstrucción a una política de ayuda y apoyo; de una política de indiferencia a una de preferente atención; de una política de abandono, a una de asistencia y subsidio. En definitiva, de una política de separación a otra de concertación e integración. Es preciso visualizar la totalidad del mapa regional y colocar una mirada especial en las regiones de frontera, alentando la hipótesis de que ellas son auténticos y excelentes elementos de soldadura en la estructuración de la integración de nuestros países.
Para ello, es fundamental, el cambio en las percepciones del otro para ayudar a la solución de estos y otros problemas entre nuestras naciones y debe ayudar al abandono de actitudes hegemónicas cruzadas. En resumen, las naciones deben re-evaluar el papel de los sectores colindantes en la formulación de las estrategias y en el proceso de concertación política con el objeto de fomentar la cooperación e integración, que pasan por no tener demandas pendientes.
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Señoras Presidentas de Argentina y Chile, Señores Cardenales, Queridos Hermanos en el Episcopado, Señores Embajadores, Amigos todos: 1. Con sumo gusto les recibo y les doy la bienvenida en esta Sede de Pedro, con motivo de la celebración del 25 aniversario del Tratado de Paz y Amistad, que clausuró el diferendo territorial que mantuvieron durante largo tiempo sus respectivos Países en la zona Austral. En efecto, es una oportuna y feliz conmemoración de aquellas intensas negociaciones que, con la mediación pontificia, concluyeron con una solución digna, razonable y ecuánime, evitando así un conflicto armado que estaba a punto de enfrentar a dos pueblos hermanos. 2. El Tratado de Paz y Amistad, y la mediación que lo hizo posible, está indisolublemente unido a la amada figura del Papa Juan Pablo II, el cual, movido por sentimientos de afecto hacia esas queridas Naciones y en sintonía con su incansable labor como mensajero y artífice de paz, no dudó en aceptar la delicada y crucial tarea de ser mediador en dicho contencioso. Con la ayuda inestimable del Cardenal Antonio Samorè, él mismo siguió personalmente todos los avatares de esas largas y complejas negociaciones, hasta la definición de la propuesta que llevó a la firma del Tratado, en presencia de las delegaciones de ambos Países y del entonces Secretario de Estado de Su Santidad y Prefecto del Consejo para los Asuntos Públicos de la Iglesia, Cardenal Agostino Casaroli. La intervención pontificia fue una respuesta también a un expreso pedido de los Episcopados de Chile y Argentina, los cuales, en comunión con la Santa Sede, ofrecieron su decisiva colaboración para la consecución de dicho acuerdo. Es de agradecer, además, los esfuerzos de todas las personas que, en los Gobiernos y delegaciones diplomáticas de ambos Países, dieron su positiva contribución para llevar adelante ese camino de resolución pacífica, cumpliendo así los profundos anhelos de paz de la población argentina y chilena. 3. A veinticinco años de distancia, podemos constatar con satisfacción cómo aquel histórico evento ha contribuido benéficamente a reforzar en ambos Países los sentimientos de fraternidad, así como una más decidida cooperación e integración, concretada en numerosos proyectos económicos, intercambios culturales e importantes obras de infraestructura, superando de este modo prejuicios, sospechas y reticencias del pasado. En realidad, Chile y Argentina no son sólo dos Naciones vecinas sino mucho más: son dos Pueblos hermanos con una vocación común de fraternidad, de respeto y amistad, que es fruto en gran parte de la tradición católica que está en la base de su historia y de su rico patrimonio cultural y espiritual. Este acontecimiento que hoy conmemoramos forma ya parte de la gran historia de dos nobles Naciones, pero también de toda América Latina. El Tratado de Paz y Amistad es un ejemplo luminoso de la fuerza del espíritu humano y de la voluntad de paz frente a la barbarie y la sinrazón de la violencia y la guerra como medio para resolver las diferencias. Una vez más, hay que tener presente las palabras que mi Predecesor, el Papa Pío XII, pronunció en momentos especialmente difíciles de la historia: «Nada se pierde con la paz. Todo puede perderse con la guerra» (Radiomensaje, 24 agosto 1939). Por tanto, es necesario perseverar en todo momento con voluntad firme y hasta las últimas consecuencias en tratar de resolver las controversias con verdadera voluntad de diálogo y de acuerdo, a través de pacientes negociaciones y necesarios compromisos, y teniendo siempre en cuenta las justas exigencias y legítimos intereses de todos. 4. Para que la causa de la paz se abra camino en la mente y el corazón de todos los hombres y, de modo especial, de aquellos que están llamados a servir a sus ciudadanos desde las más altas magistraturas de las naciones, es preciso que esté apoyada en firmes convicciones morales, en la serenidad de los ánimos, a veces tensos y polarizados, y en la búsqueda constante del bien común nacional, regional y mundial. La consecución de la paz, en efecto, requiere la promoción de una auténtica cultura de la vida, que respete la dignidad del ser humano en plenitud, unida al fortalecimiento de la familia como célula básica de la sociedad. Requiere también la lucha contra la pobreza y la corrupción, el acceso a una educación de calidad para todos, un crecimiento económico solidario, la consolidación de la democracia y la erradicación de la violencia y la explotación, especialmente contra las mujeres y los niños. 5. La Iglesia católica, que continúa en la tierra la misión de Cristo, que con su muerte en la cruz trajo la paz al mundo (cf. Ef 2, 14-17), no deja de proclamar a todos su mensaje de salvación y de reconciliación y, uniendo sus esfuerzos a todos los hombres de buena voluntad, se entrega con ahínco para cumplir las aspiraciones de paz y concordia de toda la humanidad. Excelentísimas Señoras Presidentas, queridos amigos, agradeciéndoles nuevamente su significativa visita, dirijo mi mirada al Cristo de los Andes, en la cumbre de la Cordillera, y le pido que, como un don constante de su gracia, selle para siempre la paz y la amistad entre argentinos y chilenos, al mismo tiempo que como prenda de mi afecto les imparto una especial Bendición Apostólica.
