CASO HONDURAS, OEA, NARCOTRÁFICO Y CHÁVEZ LOS FACTORES DESETABILIZADORES DE LATINOAMERICA, DE TRIUNFAR EN SUS PLANES DESINTEGRADORES, SIGNIFICARA EL TERMINO DE LA DEMOCRACIA Y LA PAZ PARA LOS PUEBLOS DEL CONTINENTE.
04:56 PM
Para ex presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Pedro Nikken, es un ejercicio inútil, para los que analizan con criterios convencionales el tema de las relaciones internacionales o cualquiera relativo al ejercicio del poder, aplicar la lógica al presidente Chávez. Lo mismo puede aplicarse en las relaciones internacionales. Mientras tenga fuerza para imponerse, la emplea, hasta que encuentra un límite y entonces se disfraza bajo las apariencias del respeto a las normas internacionales. Pero no olvidemos que hasta hace un mes amenazaba con retirarse de la OEA por las decisiones adoptadas por la Comisión y la Corte interamericanas de derechos humanos con relación a violaciones ocurridas en Venezuela. Eso entra en la lógica de alguien que no aplica las normas del Derecho sino la fuerza para imponer un proyecto político.
Es por ello, que hay dos factores que han contaminado, por ejemplo, la acción de la OEA en el caso Honduras, una es que está en vista la reelección del señor Insulza y eso tiene su peso y el otro elemento es lo que se está tratando de hacer con la OEA y también con Unasur (en este último caso los intentos han sido neutralizados por Brasil) a partir del ALBA. Se busca disponer de una organización paralela para acudir a ella cuando la OEA no sirva a determinados propósitos. Allí estaría ocurriendo un juego de radicalismos e Insulza puede tener la tentación de ir más lejos de lo razonable para no ser desbordado por acciones del ALBA, cuyo propósito sería evitar que no sea la OEA sino sus representantes quienes apoyan a Zelaya. Pero si esto tiene una explicación ese camino es incierto, no ofrece soluciones y así puede estarse presionando a la comunidad internacional para que entre en la lógica absurda de una escalada en donde cada quien puja por menospreciar más la capacidad de reacción del adversario.
Sin dudas, que a Zelaya y sus aliados lo que más les conviene es que efectivamente en Honduras se produzca una Guerra Civil, de tal forma de culpar a quienes, haciendo uso de sus poderes constitucionales, en el fondo, pero que erraron en la forma, lo sacaron del poder. Ello porque la comunidad internacional se verá presionada y tendrá que intervenir con más fuerza para colocar nuevamente a Zelaya en el poder.
Por otra parte, en el panorama latinoamericano, vemos que la Venezuela de Hugo Chávez, que persigue fines evidentemente autoritarios no importando “el cómo” y donde hasta el momento la OEA se ha mantenido con una preocupante neutralidad, no es el mejor indicativo para solucionar los conflictos en el continente. Por ejemplo, tenemos una OEA que condena un golpe que quizás podría haberse evitado y ahora, está obligada a pedir por el regreso de un presidente que ha hecho poco por el respeto a su propia constitución.
Por otra parte, vemos que la Venezuela de Chávez, se encuentra en una e etapa de desarrollo que es emblemática, donde se aprecia cómo se vuelve necesario eliminar todas las libertades para un proyecto nacionalista autoritario, atacar todas las Instituciones, y ya no solamente la económica o de empresa. Porque no es mero capricho del caudillo poner en la mira a los medios de comunicación social independientes. Pero tampoco lo es la serie amplísima de estatizaciones que decidió en los últimos años, tanto en servicios públicos como en industria básica. Quiere Chávez monopolizar la economía, manejarla él. La República concebida para preservar los derechos fundamentales inalienables como la vida, propiedad y libertad, está en crisis. Estos han sido relegados mientras se apresura el paso hacia el absolutismo. El Presidente jugó con los instrumentos de la democracia, como el voto, para posesionarse del poder, pero no cree en ella. Es un militante seducido por el totalitarismo, todo ello contrario a la Carta Democrática de la OEA.
En la misma línea, están los países integrantes del ALBA, especialmente, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, a ahora aparece otro que quiere perpetuarse en el poder como lo es Ortega en Nicaragua.
Pero, todo esto tiene un denominador común, que es lo más peligroso para el futuro de Latinoamérica y no es otra cosa que la unión entre el poder y el narcotráfico, que cruza transversalmente toda la región y los países del ALBA en particular. De acuerdo con un estudio, el tráfico de cocaína proveniente de Venezuela se ha cuadruplicado en los últimos años, desde que el gobierno suspendió el convenio de cooperación con la Oficina Antidrogas estadounidense, la DEA. Venezuela está siendo “permisiva” ante el narcotráfico, de acuerdo al informe de la Oficina de Contraloría Gubernamental (GAO, por sus siglas en inglés) dado a conocer recientemente. Según el informe es la corrupción dentro de la Guardia Nacional, una especie de policía militarizada que controla las aduanas fronteras, puertos y aeropuertos del país y que “depende directamente del presidente Chávez”.
El reporte establece que la mayor parte de la droga que circula a través de Venezuela proviene de “grupos armados ilegales” colombianos como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Curiosamente, también recientemente ha quedado en evidencia el apoyo financiero que las FARC dieron para la reelección de Correa en Ecuador y ya es conocida la postura de Morales en Bolivia respecto al narcotráfico, país que también puso término al convenio de cooperación con la DEA.
Lo cierto que se está fortaleciendo en Latinoamérica una unión entre el narcotráfico y la política que corrompe todas las instituciones permanentes de los Estados, quienes se ven superados por la corrupción en los organismos que deben velar por el control precisamente de las drogas. Esta realidad, está siendo cada vez más evidente en el continente y de no mediar una reacción oportuna, llegara el momento en que se puede llegar a una posible similitud con la Colombia de los años 80, en todo el hemisferio, lo que tendrá un gran costo de vidas humanas, recursos y un riesgo permanente para la paz.
Un ejemplo de ello es México, país donde los carteles tratan de institucionalizarse frente el gobierno, exigiéndoles condiciones u treguas, que son inimaginables, precisamente porque la droga creció ante la debilidad del gobierno de ese país, sumado a la fuerza económica, social y armamentista del narcotráfico, por un lado, y la porosidad y corrupción de políticos, de estructuras policiales y militares y algunos cuadros de la administración pública en carreteras, aeropuertos, aduanas o puertos, por otro.
Está claro que los vínculos reales y que más interesan al narcotráfico se encuentran en las corporaciones policiales y militares, entre políticos y diversos niveles de la administración pública, con bancos y financieras en el lavado de dinero y en la inversión legal de recursos blanqueados. Éstos son los vínculos reales y útiles al narcotráfico, que los gobiernos del ALBA liderados por Chávez están promoviendo a nivel continental.
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