¿DÓNDE HA QUEDADO LA DIPLOMACIA EN SUDAMÉRICA? SU FRACASO PUEDE CONDUCIRNOS, TARDE O TEMPRANO, A GUERRAS REGIONALES.
07:16 AM
La diplomacia es la ciencia y el arte de la representación de los Estados, a través de ella los países dirimen sus relaciones en un marco de respeto. La diplomacia es el método para establecer, mantener y estrechar las relaciones oficiales entre los Estados, mediante negociaciones efectuadas por Jefes de Estado o de Gobierno, Ministros de Relaciones Exteriores y agentes Diplomáticos.
Sin embargo, a la luz de los últimos acontecimientos, vemos que en la región, la diplomacia ha ido perdiendo el sentido original de su definición, ahora, es normal escuchar a los mandatarios, si es que pueden llamarse así, insultando a destajo a las autoridades de sus países vecinos.
Ayer fue Chávez, quién refiriéndose a Colombia manifestó que amenaza a Venezuela, junto al “imperio norteamericano” que “está utilizando el territorio colombiano, facilitando en esa tarea por el gobierno entreguista y lacayo de Álvaro Uribe”, a quién tildo de mafioso. Sin dudas nada de diplomático el lenguaje usado por el presidente venezolano para referirse al primer mandatario de una nación vecina.
Ahora el turno, de la verborrea no diplomática, le correspondió al presidente de Perú, Alan García, quién en un pronunciamiento público, calificó de “actos repulsivos que no corresponden a un país democrático” el caso del espía de su Fuerza Aérea, quien supuestamente, habría recibido pagos de militares chilenos por la filtración de información reservada del Perú. “Se trata de comportamientos propios de una republiqueta”, refiriéndose a Chile, señaló, por cuanto son “una ofensa a la soberanía del Perú y actos repulsivos que dejan muy mal a Chile”.
El jefe de Estado peruano, aclaró que “queremos creer que estos son algunos sectores y no el pueblo chileno en su conjunto, que son algunos sectores que conservan las costumbres dictatoriales y pinochetistas en la relación de Chile con sus vecinos”, como vemos según Maquiavelo, trata de aislar la ofensa.
Y agregó: “El Perú ve en este acto de espionaje el temor de quienes así actúan y el complejo de quienes ven el crecimiento del Perú y desarrollo económico”, no cabe duda que se refiere a las Instituciones Armadas de Chile.
En tono categórico, adelantó que reunirá “evidencias para entregárselas al pueblo chileno para que nos den las explicaciones”. ¿Chile le ha pedido explicaciones por los casos de espionajes de peruanos en Chile? Que han sucedido este año. Recordemos que dos ciudadanos peruanos fueron deportados luego de ser sorprendidos infraganti, sacando fotos a instalaciones de la armada chilena, en esa oportunidad Chile no hizo escándalo.
El mandatario peruano indicó en relación a la demanda de su país ante la Corte Internacional de la Haya que “no se pueden responder con guerra o mostrando los dientes de las armas”. Ahí está el quid del asunto, la estrategia, el presidente del Perú está tratando de predisponer a la comunidad internacional contra Chile, para así justificar su acción, que sin dudas será bélica, una vez que la Haya se pronuncie.
Es por ello, que no debería extrañar que el Perú en el futuro, provoque una incidente mayor en el área en disputa para culpar a Chile, mientras dure la negociación de la Haya, así predispone a la comunidad internacional contra Chile.
Por otra parte, tal como Chávez lo hace ante Colombia, señalando que su problema es con el gobierno de Uribe y no con el pueblo colombiano, García trata de separar aguas, acusando a un sector de Chile, supuestamente las FF.AA., como autores del supuesto espionaje, lo curioso es que ambos Chávez y García usan la misma estrategia, la de separar a los pueblos de sus gobiernos y/o sus instituciones. Separación sin dudas, ficticia, si consideramos que los gobiernos y las instituciones son parte de la sociedad y representan a la nación y por ende no se pueden separar.
Esto es de un contrasentido tal, que no se puede comprender, es como si los gobiernos, instituciones y las sociedades, de los países se pudieran aislar unas de otras. “No hemos dicho que la presidenta Michelle Bachelet sea la responsable ni sus ministros, pero tenemos el derecho de pedir explicaciones”, dijo García, quien además aseguró que “tras este caso (de espionaje) se ve el complejo de quienes nos ven con temor por el crecimiento (económico) y el desarrollo democrático del Perú” se refiere sin decirlo ¿a las FF.AA. chilenas?.
El buen diplomático es perspicaz, bien hablado, fino, vivaz, sutil; no puede ser él un tipo grosero, rústico, de vocabulario limitado, ríspido, como lo ha demostrado Chávez y García. Más aún, ejerce una representación de su país y a ella se dedica noche y día. No es difícil de entender eso, aunque obviamente puede, en algunos casos, ser difícil de hacer. Por eso, cuando un presidente, que debe ser un diplomático habla o hace cosas contrarias a su responsabilidad, y lo hace intencionalmente, deja de gozar de la confianza que se le tenía.
Es por ello, que tal como lo ha hecho Uribe con Chávez, el gobierno chileno, debe manejar con cautela y prudencia diplomática, las relaciones con García, que ha demostrado animosidad contra Chile y, ha abusado en su discurso referido a la integración comercial para atraer inversores chilenos, ello sólo porqué está consciente que ellos pueden cambiar la mentalidad económica de su pueblo y traer prosperidad, pero qué duda cabe, que una vez logrado ese objetivo, de alguna u otra forma, ese desarrollo se volverá contra Chile.
Lo cierto es que en la región, estamos cada vez más lejos de crear un orden político que nos permita tener una mirada común, los exabruptos de Chávez respecto a Colombia y de García respecto a Chile, no son algo personal ni pasajero, ellos reflejan los sentimientos históricos del pueblo venezolano hacia el colombiano y del pueblo peruano hacia el chileno, no se puede negar esta realidad, aunque los discursos digan lo contrario.
La integración económica que actualmente se da en un mundo globalizado, sólo son efímeras convenciones de intereses, pero de ningún modo se transformarán en comunidad de destinos. Por lo tanto, en ausencia de un sentimiento común, no hay razón alguna para que los intereses de estas naciones concuerden de manera perdurable. El problema es que la guerra es su producto mortal, el cual, de alguna forma, puede ser controlado por la integración económica y jurídica de los estados, las que por su naturaleza y el vigor de sus vínculos puede, en cierta manera, engendrar ese sentimiento común que puede disminuir el peligro de guerra, teniendo siempre presente que la integración y el orden político son fenómenos de naturaleza distinta.
Es por ello, que la diplomacia adquiere una mayor importancia para las relaciones entre países vecinos con una impronta histórica que los divide, aunque se digan “hermanos”, que en la realidad no lo son vincularmente.
La guerra, entre estos Estados estará siempre rondando, el comercio y el derecho no crearán el orden político alguno, pues son incapaces de suscitar entre estas naciones el sentido de estar juntos. Es por ello, que precisamente son los gobernantes de Estados no consolidados, con graves problemas de unión interna, como Perú y Venezuela, los que tratan de lograr esa unión atacando a Estados consolidados democráticamente, como Chile y Colombia. Sólo Estados consolidados y legítimos pueden inventar un destino para quienes representan, ya que la imperfección de los Estados sólo beneficia a la guerra.
Gobernantes que dejan de lado el discurso de la diplomacia , corren el riesgo de inventar guerras, las cuales se afirman sencillamente en la imposibilidad de estar juntos, la historia y la geografía suelen otorgar a esos enfrentamientos un fundamento que se presenta como causa, aunque sólo sea una circunstancia. Lo cierto, es que en las relaciones entre Venezuela y Colombia y entre Perú y Chile, de no mediar la diplomacia, el resultado serán tensiones que se encaminarán, tarde o temprano, hacia conflictos declarados.
El sistema jurídico mundial no impide la guerra, pero exige convencer sobre la legitimidad a las grandes potencias. Aparecer en calidad de agresor es fuente de aislamiento. Y por lo tanto de fracaso político. Ya no existe prácticamente ningún acto de guerra que se pueda realizar con plena soberanía.
Así vemos que, tanto Chávez acusa a Colombia de que lo invadirá, y García acusa a Chile de que lo mismo, vale decir, ellos están sensibilizando a la comunidad internacional, para convencerla de que, en caso de guerra, la legitimidad es la de sus causas. ¿Por qué lo hacen?, porque saben que tarde o temprano si habrá una guerra, ya que ellos la desean y necesitan.
También estos gobernantes saben que necesitan la legitimidad frente a sus pueblos. Es fácil movilizar la opinión frente a un desafío que se presenta como vital; es menos fácil hacerlo en torno a un peligro deliberadamente limitado, y aún más difícil evitar el paso del uno al otro. Todo, ayuda a que así suceda; la lógica propia del enfrentamiento, la denuncia de un espionaje, de unas bases amenazantes, de una injusticia por reparar, la evocación de numerosas infamias del adversario…
Justificar y conducir una guerra limitada supone un vínculo fuerte entre la nación y el Estado. En las democracias ello es manifiesto, pero la necesidad a los otros sobre todo si tiene que movilizar.
Un Estado débil, como son Perú y Venezuela, tendrán entonces dificultades para ejecutar una guerra limitada, la cual será fácilmente impugnada como maniobra política interna. Puede esperar, en cambio. A que la gravedad de una guerra total supere la animosidad de la población, y devuelva al poder cierta legitimidad incluso ante los demás países. ¿no será este el juego peligroso de Chávez y García?.
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