HAITÍ, FRACASO Y VERGUENZA DE LOS LÍDERES POLÍTICOS DEL MUNDO
05:17 AM¿Cómo es posible que el pueblo haitiano que en Enero del presente año sufrió un devastador terremoto, a la fecha siga estando en el suelo y no cuente con las mínimas condiciones de higiene, para haber evitado el brote del cólera?
El pasado 12 de enero, hace ya 11 meses, el terremoto que convulsionó Haití con un balance cercano a los 150.000 muertos generó una intensa reacción de solidaridad internacional más o menos controvertida. Como toda intervención en las grandes urgencias, hubo problemas de coordinación y rivalidades de protagonismo entre los agentes de la cooperación, pero hubo ciertamente la inmediata implicación de la comunidad internacional, la solidaridad ciudadana y las grandes organizaciones expertas en catástrofes ocuparon las páginas de los medios. ¿Cuáles son los resultados?. nada
Unos días más tarde se celebró una conferencia internacional en Montreal, Canadá, una cumbre de líderes para salvar el futuro del país más pobre de América. Bajo la presidencia de Canadá y con asistencia de los ministros de Asuntos Exteriores, de dirigentes del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, entre otros, se establecieron estrategias para coordinar el torrente de ayuda humanitaria para la reconstrucción del país caribeño.
Sin embargo, transcurrido 11 meses, vemos que el pueblo haitiano sigue igual e incluso en peores condiciones el balance de víctimas mortales por la epidemia de cólera en Haití ascendió a 800 personas, según informó la epidemióloga estadounidense Ezra Barzilay, investigadora de los Centros estadounidenses para la Prevención y el Control de Enfermedades.
La situación en el país caribeño es más grave cada día. Los hospitales de Puerto Príncipe están repletos. No quedan camas para los más de 11.000 afectados por la enfermedad. Los esfuerzos de las autoridades se centran ahora en evitar más contagios.
Tras el demoledor terremoto registrado el pasado enero en Haití, muchos ciudadanos buscaron refugio en la capital. Por eso, la posibilidad de que la epidemia vaya fuera de las fronteras haitianas comienza a preocupar a los países vecinos. El Departamento de Salud de Florida muestra su inquietud, puesto que los viajes hacia y desde Haití se habían incrementado desde el terremoto. Entre los viajeros se incluyen los miembros de los equipos de ayuda y los haitianos que fueron a visitar cientos de familiares.
La epidemia de cólera en el siniestrado país caribeño se agudizó tras las inundaciones provocadas en Haití por el huracán ‘Tomás’. Los habitantes del área cerca del río Artibonito -una de las fuentes de la epidemia-, tuvieron que ser evacuados ante el riesgo de desborde de dicho río.
Recordemos que el devastador terremoto de Haití provocó una rápida reacción del gobierno estadounidense. El presidente Barack Obama pronunció discursos en varias ocasiones y tomó una serie de medidas de rescate. La secretaria de Estado Hillary Clinton canceló su visita a Papúa Nueva Guinea, Nueva Zelanda y Australia para realizar una visita de 4 horas a Haití el 16 de enero, y declaró que “como ya dice el presidente Obama, estaremos hoy, mañana y en el futuro”. Pero la pregunta hoy después de 11 meses ¿dónde están?
Lo cierto es, que después que todos los líderes mundiales en encendidos y sentidos discursos informaban que iban a ayudar al pueblo haitiano, Haití desapareció de los titulares de los periódicos y por ende la ayuda y el interés del mundo por este pobre país. Ahora vuelve a ser noticia el devastador brote de cólera que se expande con rapidez por el país y que ha provocado ya más de 140 muertos y 1.500 enfermos en amplias zonas de refugiados, y el control de fronteras por parte de la República Dominicana. El cólera tiene como vehículo de transmisión el agua contaminada y encuentra un excelente caldo de cultivo en las pésimas condiciones de vida derivadas de la falta de higiene, la malnutrición, el hacinamiento y la precariedad asistencial. Su prevención es tan simple como garantizar a la población que el agua que consume es potable, y eso requiere principalmente infraestructuras sencillas y educación de la población. Ahora Haití sale de nuevo a la palestra como escenario de una emergencia sanitaria, una catástrofe previsible y evitable, porque el cólera, que antaño, a lo largo del siglo XIX, fuera el principal azote epidémico de los países occidentales, quedó erradicado del Primer Mundo gracias a las infraestructuras sanitarias y al control sanitario-bacteriológico de las aguas potables. Cólera, tifus, tuberculosis y malnutrición han sido tradicionalmente los verdugos de las grandes guerras y las crisis sociales. Que en un mundo global del siglo XXI la sociedad internacional, los países industrializados, la cooperación internacional, no hayan sido capaces de prevenir y evitar una catástrofe sanitaria como la que se vive hoy en Haití representa, en mi opinión, la mayor burla de la globalización, su rostro más hipócrita e inhumano. La catástrofe por el cólera en Haití pone en cuestión la esencia misma del orden mundial y los fundamentos que lo sustentan. Una vez más, la miseria y la exclusión se convierten en amenaza, en este caso, además, en una amenaza de orden moral ante la mirada impasible del mundo.

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