LECCIONES DE LA CUMBRE UNIÓN EUROPEA Y LATINOÁMERICA-CARIBE

Sin dudas, esta nueva Cumbre no tiene el interés de otras realizadas y es por ello, que es poco o nada lo que se puede sacar de ella. El problema es que los actores europeos, no tienen mucho que mostrar como éxitos a copiar para la región latinoamericana, una parte cada vez más importante de los ciudadanos europeos tiene simplemente la impresión de que la U.E. es una empresa que pierde más de lo que gana. Pues la gobernabilidad, la adhesión política y el consenso democrático no están, en las grandes democracias modernas, vinculados a un idealismo del sacrificio, sino al mantenimiento del nivel de vida y de las conquistas sociales. La crisis está poniendo al desnudo las debilidades de la UE más que nunca.
En realidad la crisis griega no es sino la punta del iceberg tras la que se ocultan crisis mucho más peligrosas y que van desde Portugal e Irlanda hasta España y también Italia. Los grandes países son incapaces de ponerse de acuerdo para adoptar una estrategia común sobre las medidas de estímulo económico y se encuentran desarmados sin instrumentos políticos que les permitan una solución definitiva y estable en el tiempo. Alemania, primera potencia económica de la eurozona, se presenta ella misma con enormes dificultades, es consciente de que las cifras que se tendrían que movilizar para tapar los nuevos agujeros negros y en especial el español no están al alcance de sus debilitados bolsillos.
España el país que ha impulsado la realización de esta cumbre nos muestra índices a lo menos alarmantes para mirar su modelo como algo que no debemos seguir, el desempleo está casi en el 20 por ciento, un déficit público del 11 por ciento, encuestas que conceden 9,1 puntos de ventaja a la oposición, llamada de atención del Fondo Monetario Internacional (FMI).Por otra parte, los países europeos, demuestran un endeudamiento excesivo que despierta dudas sobre la capacidad de algunos países de hacer frente a sus compromisos, que los empuja a un endurecimiento de las condiciones de crédito hasta niveles insoportables. Es sabido que Italia tiene una deuda pública de 118 % del Producto Nacional Bruto, similar a la de Grecia. El promedio europeo de la deuda pública está en 73.6%, y la virtuosa Alemania alcanza 73,2%. Si a la deuda pública se añade la proyección del déficit del sistema de seguro, el promedio europeo pasa en 25 anos a 95%. En pocas palabras, los ingresos no son suficientes a enfrentar a los costos. ¿Quién va a pagar los sacrificios? .Los ciudadanos comunes y corrientes. ¿Queremos esto para nuestros países?
Europa no hace nada para asegurar el porvenir: no hay inversión en una política industrial común, no hay verdadera estrategia a largo plazo en los sectores de la investigación y desarrollo, incluso no hay nada para asegurar la identidad militar de la Unión Europea (entregada a la OTAN). La política del Banco Central Europeo está estrictamente basada en la defensa del euro fuerte, lo que impide competir con el dólar y, sobre todo, obstaculiza una verdadera política de creación de empleo. A lo largo de estos últimos 20 años, la tradicional oposición entre la cultura política de derechas y de izquierdas, está agonizando. Este europeísmo tenía históricamente un fin positivo: sacar a Europa del atolladero del nacionalismo pusilánime y convertirla en una auténtica potencia mundial. En la actualidad, los ciudadanos europeos tienen la impresión de que Europa es una conjunción abigarrada de intereses contradictorios y un enano político. De hecho, las opiniones públicas no perdonan a sus élites que no hayan construido una Europa unida, sino un complicado patchwork institucional, alejado de su vida cotidiana.
La crisis de Grecia, demuestra que la Unión Europea retrocede en la práctica a sus orígenes como comunidad económica. Pero aquí también hay graves problemas. No es seguro que el euro sea sostenible. Porque una moneda única requiere economías muy similares o un presupuesto común que corrija las diferencias de desarrollo y de ritmo de crecimiento entre los distintos territorios de esa unidad monetaria.
¿Este es el ejemplo que queremos los latinoamericanos? El proyecto europeo se ha convertido en chivo expiatorio de la oposición de los ciudadanos a unos
políticos encerrados en sus laberintos y a unas reformas económicas que han sido hechas a medias, escasamente negociadas y resentidas como amenaza por gran parte de la población, que ahora ven su fracaso y que ellos viven en carne propia al incluso al bajarles el sueldo.
Esta crisis política en Europa se evidencia especialmente en la distancia creciente entre ciudadanos y partidos políticos, en casi todos los países, fenómeno que se observa también en Latinoamérica, donde los gobernantes tratan hacer abstención de los partidos políticos, creyendo que ellos, por sí solos, pueden entenderse directamente con los ciudadanos.
Lo cierto es que América Latina tiene mucho que aprender de la Unión Europea, pero en ningún caso debe ser su referente, la crisis europea no es sólo una crisis del Euro, vale decir económica, es una crisis más profunda, es una crisis de identidad, donde cada ciudadano se reencuentra con sus raíces y no quiere pertenecer a una Unión en cuerpo y alma, sólo en la medida de sus intereses.
Asistimos a una agudización del “nacionalismo económico”. Las dificultades para “salvar a Grecia” no solo muestran los problemas de sus “salvadores” sino que manifiestan igualmente su patente indisciplina, el ventajismo y las trampas que cada cual hace para “arrimar el agua a su molino”, la multiplicación de contradicciones entre ellos.
Es por ello, que pretender hacer uniones prescindiendo de sus propias identidades es un error que la región debe tener en cuenta al momento de trabajar para ello, una verdadera unión debe partir desde la propia identidad.
Por otra parte, hay que tener cuidado de los gobernantes que se jactan de hacerlo sin considerar a los partidos políticos, porque ellos son la forma natural en la que los ciudadanos pueden canalizar sus inquietudes, de otra forma pueden ser engañados por el populismo, especialmente cuando lo social se ofrece gratuitamente por parte del Estado de bienestar.
Por ejemplo como resultado de políticas así, España, ya redujo los salarios de los empleados públicos, congeló las jubilaciones (excepto las mínimas), anuló el fondo de ayuda consagrada a los países en desarrollo, redujo fuertemente la inversión en obras públicas y hasta suprimió el “cheque bebé”, que desde 2007 otorgaba una bonificación de 2.500 euros por cada niño nacido en una sociedad con una alarmante tendencia a la disminución de su población. Ningún país europeo está exento de esta oleada de austeridad. Oleada que podrá mostrarnos próximamente una explosión social al estilo griego de carácter global al menos en Europa.
Es por ello que, el denominado “Grupo de Reflexión” de la Unión Europea, presidido por Felipe González, difundió recientemente su informe “Europa 2030”, que contiene una visión de mediano y largo plazo sobre la situación del Viejo Continente y sugiere los lineamientos básicos de una estrategia orientada a superar las causas estructurales de una crisis que no tocó fondo todavía. La iniciativa constituye la búsqueda de una alternativa a aquel añorado Estado de Bienestar europeo, envidiado en nuestra región, pero que acaba de ingresar, definitivamente, al desván de la historia. ¿Una lección para aprender?. No debemos copiar el modelo Europeo de hacer política ni menos para la Unión Regional.
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