DRAMA EN HAITI, REFLEJA UNA TRISTE REALIDAD DE TODA LATINOAMERICA

Drama en Haiti
La situación en Haití, devela una triste realidad que tiene la región, que no es sólo, la actividad sísmica, que es una realidad geográfica con la que debemos vivir en gran parte de Sudamérica y el Caribe, sino que es la falta de idoneidad de la clase gobernante y de quienes por muchos años se han mantenido en el poder y a toda costa quieren seguir haciéndolo.
Por otra parte, este mismo hecho ha llevado que en 200 años Latinoamérica aun cuente con Estados no consolidados, donde la falta de institucionalidad nos lleva, de una u otra forma, a la situación de Haití, donde el caos producido después de la catástrofe no permite que la ayuda solidaria logre su fin.
EL índice de Foregin Affairs sobre los estados fallidos 2009, nos indica que ningún país latinoamericano se encuentra entre los muy estables y sólo en la categoría de estables se encuentran Argentina, Chile, México y Uruguay, todos los demás Estados varían entre las categorías de límite, en peligro y crítico. Un país sin estabilidad en caso de una catástrofe de gran magnitud, como la ocurrida en Haití, puede terminar en un caos total en que las víctimas del propio desastre natural, puedan ser aumentadas exponencialmente ante la desesperación de los atribulados ciudadanos. A modo de ejemplo, las autoridades haitianas, están especialmente preocupadas por el aumento de la inseguridad, ya que el hambre y la desesperación comenzaron a derivar en brotes de violencia.
Como podemos ver, la región no es precisamente lo deseable que debiera ser, en cuanto a estabilidad e institucionalidad y ello, sin dudas que se debe a la clase gobernante que hemos tenido, donde prima los intereses personales y partidistas por sobre la de bien común. Ello, puede derivar en los efectos señalados en caso de desastres naturales de gran magnitud.
Otro, ejemplo del problema que ocurre en cuanto a la clase gobernante latinoamericana, lo demuestran los niveles de corrupción que existen en la región, según el mapa de corrupción de Transparencia Internacional, muestra a la región en un alto grado de corrupción, similar a los que ocurre en el continente africano, que también se ha caracterizado por su mala clase gobernante.

Los estados débiles son incapaces de modernizar infraestructuras y ellos queda en mayor evidencia cuando ocurren desastres naturales como el de Haití, de los cuales cualquiera de los países de la región puede sufrir un terremoto aun más devastador.
Otro de los factores que demuestran este flagelo regional de la mala clase política, es que suelen caer en negar sus propios errores y desviar la atención de la opinión pública acusando a los rivales políticos de no estar haciendo oposición sino de conspirar contra la estabilidad del país. Eso es justo lo que está sucediendo en América latina en estos momentos. Algunos gobiernos (los Kirchner, Fernando Lugo, Rafael Correa, Daniel Ortega, Evo Morales y Hugo Chávez) achacan su subdesarrollo y pobreza económica a un complot y no a sus propios errores y la corrupción existentes en sus propios gobiernos.
Otro factor, que demuestra este flagelo latino americano es lo que está ocurriendo con la libertad de expresión. Siempre hay tentación por parte de todos los gobiernos, de todos los colores, para tratar de que voces que pudieran ser discordantes con lo que están pensando, acallarlas, es el sentido del poder.
Por ello, es importante que la sociedad civil le dé el valor que requiere a la libertad de expresión, y que la ciudadanía entienda que hay diferencias, y que de esas diferencias se produce la pluralidad, por ello la necesidad de eliminar la tentación que ejerce el poder al cerrar bocas.
Como vemos, hay varios indicativos que nos señalan que el flagelo latinoamericano más que los desastres naturales está en la mala calidad de las clases gobernantes, lo que queda nuevamente demostrado en Haíti.
El devastador terremoto que sacudió al país caribeño, el martes dejó a la nación no sólo con miles de muertos y damnificados, sino que quebró los cimientos mismos de su débil sistema institucional y las palabras anarquía, caos e inseguridad definen el estado del país. La pregunta que debemos hacernos ante una situación similar, ¿Cuántos países latinoamericanos no podrían ocurrir lo mismo?
Hoy el mundo mira a Haití, crítica su frágil institucionalidad, que no permite ni siquiera entregar la ayuda humanitaria en forma ordenada, pero hay que tener cuidado, muchos ven la paja en el ojo ajeno y no ven la viga que tienen en su propio ojo. La realidad, nos indica que muchos estados latinoamericanos pueden sufrir lo mismo que Haití, ante una catástrofe natural de esa magnitud, de la cual nadie está libre por naturaleza.
Lo cierto es que la crisis de Haití debe llevarnos a los latinoamericanos a revisar nuestra clase política, llevarnos a fortalecer las instituciones por sobre las personas, llevarnos a exigir de las clases gobernantes el cumplimiento del “bien común” y no los intereses partidistas. Velar por que no se eternicen en el poder ciertos grupos que lo único que pretenden es proteger sus intereses, cuidar de que las constituciones no sean violadas, arteramente cambiadas, para favorecer la dictadura democrática y mantenerse en el poder de por vida.
La crisis de Haití, es una voz de alerta que debemos escuchar los latinoamericanos, abrir los ojos porque esa dura realidad la tenemos en nuestras propias fronteras, la única forma de evitar en nuestros países una haitización es exigir buenos gobiernos e instituciones sólidas.
Los desastres naturales como terremotos, huracanes, tsunamis, son una realidad y tarde o temprano lo estaremos viviendo, es parte de la realidad regional, recordando un viejo adagio Chino “Dios perdona siempre, el hombre a veces, la naturaleza jamás”, es que los desastres vendrán, no podemos evitarlos pero sí prevenir sus efectos sobre la población y para ello, necesitamos gobiernos honestos que trabajen preventivamente para disminuir sus efectos.
Lo ocurrido en Haití, dejo en evidencia que la falta de rápida respuesta institucional es una crítica que no sólo se le hace al debilitado gobierno haitiano, sino a las principales organizaciones multilaterales que trabajan en el país, como la misión de la ONU o la Cruz Roja Internacional.
Lo más probable es que la lista de proyectos truncos o cancelados por la incapacidad de las clases gobernantes es tan larga que se escapan del análisis en todos los países de la región, ello sin dudas será aún más grave ante una situación de catástrofe.


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