LA RELACIÓN ENTRE LA “REVOLUCIÓN BOLIVARIANA”, Y EL AUMENTO DE LA DELINCUENCIA E INSEGURIDAD, NO PUEDE SER CASUALIDAD, SI ELLA FOMENTA EL ODIO DE CLASES Y HACE LA VISTA GORDA CON EL NARCOTRÁFICO.

violencia2El lema de la revolución bolivariana de Chávez, y sus seguidores, tiene la impronta de la “muerte”, y jugar con ella es muy peligroso. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, decretó hace pocos días, el estado de excepción en Quito y las ciudades costeras de Guayaquil y Manta, debido al impacto que ha causado en la población recientes hechos delictivos. Según datos de la Policía Judicial, los homicidios en Ecuador crecieron en este año en un 4% en comparación con el año pasado.

En Nicaragua, otro país bolivariano, se informa que en la capital Managua, los delitos violentos están en aumento y los delitos callejeros menores son muy comunes. También está aumentando la actividad de las pandillas, si bien no alcanza los niveles registrados en los países vecinos de América Central, su incremento va en subida a medida que se relajan las instituciones.

La prensa venezolana ha informado que tanto en 2007 como en 2008 fueron asesinadas más de 13.000 personas en el país sudamericano y que en la década que lleva Hugo Chávez en el poder los muertos por delincuencia superan las 100.000 personas. Según los venezolanos, la inseguridad vivida en su país es uno de los principales problemas que aqueja a la población. Las cifras semanales de muertos en las principales ciudades, así como las interminables noticias de secuestros, robos, hurtos, violaciones y decenas de delitos más, son parte de la vida cotidiana. Sin dudas que, la inseguridad es desde hace tres años el problema más grave de los venezolanos, según la encuestadora Datanálisis.

Roberto Briceño, director del Observatorio Venezolano de Violencia, entidad privada con la que colaboran cuatro universidades, señala: “En 1998, el año en que Chávez ganó sus primeras elecciones presidenciales, se cometieron 4.550 homicidios. El año pasado fueron 13.200. En 10 años se han triplicado las cifras. Entre el 80% y el 90% de las muertes violentas se producen en los barrios más pobres.

¿Qué ha pasado?”. “La hipótesis que yo mantengo”, añade Briceño, “es que los primeros muertos por cada 100.000 habitantes tienen la misma explicación que tendrían en México o Brasil. Pobreza, desigualdad… Pero los otros veintitantos tienen que ver con el quiebre del pacto social que se ha llevado con este Gobierno. Cuando el presidente hace un minuto de silencio por el guerrillero Raúl Reyes, está creando un desorden en la sociedad”.

En Bolivia, otro país bolivariano, se comenta sobre la inseguridad: que el factor de incremento último de la delincuencia tenemos que hallarlo en el hecho de que los dirigentes cívicos abrieron la caja de Pandora al buscar y usar los servicios de los delincuentes callejeros para sus trajines, planeando con ellos cómo rebasar a la institución policial, dándoles luz verde y financiando sus fechorías y asaltos, llegando en septiembre pasado a la cota más alta con el asalto a las instituciones públicas y privadas, a mercados y comerciantes, a los barrios populares y a realizar actos de vandalismo que la población observó azorada. Estos delincuentes aprovecharon esa época para manejar plata pero como ya vendieron y se farrearon todo lo que robaron, ahora se vuelcan con renovado furor sobre la población indefensa. Lo hacen con renovado brío porque ya le midieron la caña a la Policía y saben que son impunes pues no hay ley ni fuerza que los pare mientras cívicos y autoridades regionales se lavan las manos y de seguro ni se reconocen como los causantes del recrudecimiento de este mal.

Es que los “cívicos”, señalan los analistas bolivianos, no son verdaderos cívicos sino gente peligrosa que se aprovecha de los vecinos para instrumentalizarlos al servicio de sus intereses particulares sin preocuparles lo que realmente necesita la gente, la ciudad, la región. Estos señores no han entendido que el civismo es preocupación y trabajo para que el vivir en sociedad civil sea cada vez más mejor y no lo contrario.

Como vemos, los países que están detrás del plan de Chávez, son cada vez más violentos e inseguros, ello porque el socialismo del siglo XXI, al igual que el del siglo XX, se basa en el odio de clases, con el agravante, que se encuentran empeñados en crear milicias populares para proteger sus regímenes autoritarios, los cuales son aprovechadas por los delincuentes para obtener poder y dominar a la población civil para sus propios intereses.

Otro, problema que agrava esta situación, es la infiltración del narcotráfico en las cúpulas de los poderes gobernantes en los países bolivarianos. Por ejemplo, según analistas bolivianos, debido a su origen izquierdista y plebeyo el MAS parecía un partido político ajeno a la ilícita actividad del narcotráfico, pero parece que no es así. En realidad, la infiltración de narcotráfico en las filas del MAS parece reflejar las modificaciones sociales registradas en el control de narcotráfico.

La identificación del MAS como un partido de los campesinos indios se convirtió en un velo que impidió ver su utilización por los narcotraficantes del occidente para crecer e incrementar su poder y, por lo sucedido con los dos dirigentes del MAS, de un modo brutal, lo que significa que en el seno del MAS se están incubando sicarios que pueden devenir en fuerzas paramilitares de derecha. Si esta visión se convierte en realidad, los dirigentes de las organizaciones sindicales que actualmente se han subordinado al MAS serán sus primeras víctimas.

El gobierno venezolano, ha sido reiteradamente acusado respecto a las facilidades que Chávez otorga para el tráfico de drogas, principalmente a los EE.UU. Recordemos que no hace mucho, el director de la Oficina Nacional de Políticas de Control de Drogas de EE.UU. John Walters acusó al presidente de Venezuela, Hugo Chávez de una supuesta complicidad en el narcotráfico. “Está haciendo de Venezuela un paraíso, un refugio que está siendo usado para desgracia no sólo del hemisferio sino también Europa y África”

Un informe del Banco Mundial y la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (ONUDD) incluye información proporcionada por gobiernos, organizaciones de la sociedad civil y profesionales de la región, y presenta un análisis detallado del impacto que genera la delincuencia y la violencia tanto a nivel nacional como regional. Además, proporciona información acerca de enfoques fundados en prácticas ejemplares obtenidos a partir de experiencias internacionales y ofrece medidas y recomendaciones concretas en materia de estrategias de prevención y reducción de la delincuencia.

Lo cierto es que, de una u otra forma, la inseguridad ciudadana de los estados bolivarianos, no sólo es producida por la delincuencia, sino por el propio Estado, porque los gobiernos de turno alteran a su antojo el orden jurídico e institucional y, por decirlo así, patean el tablero provocando desconcierto e inseguridad jurídica en la ciudadanía, que se transforma en violencia física.

La revolución chavista señala que ella “es una civilización cualitativamente distinta a la civilización burguesa. ¿Distinta en qué? en su institucionalidad asegura. De ahí, que ser revolucionario, según ellos, significa hoy día luchar por sustituir la institucionalidad del status quo”.

El problema que el status quo, que ellos, proponen destruir, es el orden, la seguridad, la tranquilidad, la paz, el desarrollo, la justicia, en fin, todos los valores que sustentan a la sociedad occidental y que han permitido su desarrollo democrático, tal como lo vemos hoy en día. Por lo tanto, lo que tratan, es destruir todos los valores alcanzados, para al final imponer su ideología marxista de la conquista del poder total, y una de sus consecuencias y quizás causa, es precisamente la sociedad violenta, con odio y sed de venganza, que se refleja en el notable aumento de la delincuencia de los estados bolivarianos.


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