VIH/SIDA, A LA VISTA DE TODOS ESTA MATANDO AL CONTINENTE AFRICANO Y EL PRÓXIMO ¿SERÁ LATINOAMERICA?.

Durante los primeros meses de su gobierno, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hizo de la lucha contra el VIH/sida una piedra angular de su política exterior, utilizando la asistencia sanitaria como herramienta diplomática. De este modo, comprometió a países en desarrollo en asuntos políticos y económicos.
Pero en los últimos meses, activistas contra el sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) han criticado el Plan de Emergencia del Presidente de Estados Unidos para el Alivio del Sida (Pepfar, por sus siglas en inglés) por no cumplir con sus compromisos de financiar la lucha contra la pandemia.
El Pepfar aporta más de 3.700 millones de dólares a la prevención y tratamiento del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), pero pese a la promesa electoral de Obama de un aumento anual de 1.000 millones de dólares, el Congreso legislativo de Estados Unidos no ha tocado el presupuesto para este año.
El Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA) fue identificado a comienzos de los 80, pero el primer caso del mal se habría registrado mucho antes, a finales de los 50, en África. Los tratamientos con drogas y las campañas de educación han contenido su expansión en algunas partes del mundo. En África, muchas personas ignoran que son portadoras del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) que causa el SIDA.
Según un informe de la Naciones Unidas, de los 36,1 millones de personas que padecen VIH/SIDA, un abrumador 95 por ciento vive en los países en desarrollo, donde el sida está convirtiéndose en un peligro mayor para las zonas rurales que para las ciudades. En cifras absolutas, hay más personas infectadas del VIH en las zonas rurales. La epidemia se propaga a una velocidad alarmante hasta las aldeas más remotas, reduciendo la producción de alimentos y amenazando la vida misma de las comunidades rurales.
En África vive apenas una décima parte de la población mundial, pero ahí se dan nueve de cada 10 casos de nueva infección del VIH. El 83 por ciento del total de muertes por sida ocurre en África, donde esta enfermedad a matado diez veces a más personas que la guerra.
En nueve países del África subsahariana, más del 10 por ciento de la población adulta tiene el VIH. En Botswana, Namibia, Swazilandia y Zimbabwe, del 20 al 26 por ciento de la población entre 15 y tiene el VIH o sida.
El SIDA mata diariamente a 6.000 personas en África – más que cualquier guerra, hambruna o inundación. Millones de niños son huérfanos a causa del mal y/o son seropositivos.
23 millones de personas viven con el SIDA o con el VIH en África en el contexto de un desastre descrito como la mayor catástrofe que haya azotado al continente africano desde la esclavitud.
Según cálculos recientes, el SIDA podría acabar con cerca de un cuarto de la población actual del sur de África. Día a día, los negocios pierden a sus empleados, las escuelas a sus maestros, las granjas a sus campesinos y trabajadores.
El SIDA ataca con más fuerza en las zonas donde la miseria es profunda y generalizada, donde no hay atención médica, donde demasiada gente vive presa del hambre, víctima de la desnutrición. La expectativa de vida de muchos niños africanos no supera los 30 años.
En Sudáfrica, todos los días se contagian unas 1500 personas con el virus de inmunodeficiencia humana, el VIH, sumándose así a los cuatro millones ya infectados. No hay indicio de que el índice de contagio vaya a disminuir.
Sin embargo, pese a este holocausto y a que el SIDA y el VIH constituyen una terrible amenaza al desarrollo económico del país, el gobierno sudafricano ha bloqueado la provisión de drogas para combatirlos, iniciando un intenso debate sobre las causas del SIDA.
Esta política, que desde un principio dejó atónitos a los observadores internacionales y que concitó la condena de los científicos de todo el mundo, ha provocado pocas protestas dentro de la propia Sudáfrica.
Otro ejemplo, en Uganda la epidemia empezó a comienzos de la década de 1980 a orillas del Lago Victoria en el sur del país, se dice que cada una de las familias que integran este pueblo de 21 millones de personas ha sido afectada por el SIDA, que se ha llevado a toda una generación de Ugandeses, dejando huérfanos a más de un millón de niños. La epidemia empezó a comienzos de la década de 1980 a orillas del Lago Victoria en el sur de Uganda.
Incluso la geografía ha sido afectada por el SIDA. Hay campos enteros abandonados: no queda nadie que los cultive. En muchos sitios, las tierras que antes estaban cubiertas de cosechas hoy están cubiertas de tumbas. En todas partes, a orillas de las carreteras pueden verse pequeñas casuchas de madera con letreros que las identifican como “clínicas”.
Hace 20 años que Uganda experimenta la muerte a una escala casi incomprensible, y muchas personas más morirán en los próximos años.
Muchos líderes de los países desarrollados, consideran que el virus ya es controlable, que no es mortal, y han bajado la guardia, lo que es un gravísimo error, en este sentido, vemos como si los países del G-8 hubieran olvidado el SIDA en sus agendas. Hay que recordarles que prometieron ayuda universal a los afectados para 2010. La recuperación económica no debe hacer olvidar la pandemia. Economía y salud son sinónimas, nadie debería olvidarlo. Progreso y seres humanos saludables no son dos cuestiones antagónicas, son indisolubles.
“Necesitamos entre 17.000 y 18.000 millones de dólares al año, o un total de 123.000 millones de dólares los próximos siete años, pero todo lo que tenemos son 20.000 millones, lo que deja una brecha de 103.000 millones”, alertó Eric Goemaere, jefe de Médicos Sin Fronteras en Sudáfrica.
Según Goemaere, la amenaza al financiamiento tiene menos que ver con la crisis internacional y más con la falta de compromiso de las naciones ricas, como Francia e Italia, que proveen 0,4 por ciento y 0,1 por ciento respectivamente de todos los recursos contra el VIH/sida.
En África austral, una de las regiones más afectadas por la pandemia, ya se siente el impacto del recorte hecho por los donantes. El gobierno de Tanzania, por ejemplo, tuvo que reducir un cuarto el presupuesto para el VIH, mientras que Swazilandia redujo su objetivo de cobertura de tratamiento para 2011 de 60 por ciento a 50 por ciento, lo que afectará a unos 40.000 pacientes.
Uganda tuvo que frenar lo ingresos a los programas de tratamiento financiados por el PEPFAR, y Malawi afrontará un déficit de medicinas.
La crisis económica mundial ha tenido un impacto en la disponibilidad de recursos para combatir el SIDA. El presidente Obama y la secretaria de Estado Hillary Clinton han dejado muy claro que la mayor prioridad es ofrecer más fondos.
El nuevo giro del gobierno de Obama es usar su capacidad de asistencia sanitaria técnica como herramienta diplomática. Así que el financiamiento de la lucha contra el VIH se convierte en un gesto humanitario y asunto para crear diálogo con los países.
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