EL PRINCIPIO DE NO INTERVENCIÓN VULNERADO ¿ESTAMOS FRENTE A UNA NUEVA DIPLOMACIA INTERNACIONAL?

Diplomaciajpg
El presidente ruso Dmitri Medvédev afirmó recientemente, que cualquier Estado tiene el derecho de criticar la política interna y exterior de otro Estado para prevenir problemas de carácter internacional. “Los Estados deben saber lo máximo posible uno del otro y tener el derecho de criticar la política interna y exterior del otro para prevenir problemas de carácter internacional”, manifestó el gobernante ruso en la conferencia “El Estado moderno y la seguridad global” inaugurada en la ciudad de Yaroslavl.
Señaló que una política imperfecta o unos Estados ineficaces pueden provocar problemas y conflictos internacionales si ignoran las normas éticas o los principios del humanismo.
“Así, la irreflexiva política financiera del Gobierno de uno de los países –Estados Unidos– provocó la crisis económica global”, manifestó Medvédev.
Con esta teoría, el principio de no intervención como la obligación de los Estados de abstenerse de intervenir, directa o indirectamente, en los asuntos internos o externos de otro Estado con la intención de afectar su voluntad y obtener su subordinación, queda a lo menos en entre dicho.
Si consideramos que la no intervención, es un principio del Derecho Internacional Público que deriva directamente de la independencia de las naciones y el derecho de autodeterminación de los pueblos, el asunto que se pone en riesgo en el mundo globalizado es mayor.
Es más, esto podría ser motivo de grandes conflictos, especialmente si no existe un poderío equivalente entre los Estados. El principio de no intervención es precisamente la herramienta jurídica para que Estado poderosos no interfieran de acuerdo a sus intereses en Estados pequeños.
En la región hemos sido testigos de lo que puede significar este asunto, baste recordar la situación de la instalación de las bases militares norteamericanas en Colombia, situación que de acuerdo al derecho internacional vigente era un asunto bilateral, pero que con la intervención de terceros Estados, se vulnero este principio de no intervención. De hecho, por ejemplo, el embajador de Colombia ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Alfonso Hoyos acusó en el seno de esa organización internacional, que Venezuela “está violando” los principios contenidos en la Carta de la OEA, la Carta de Naciones Unidas y la Carta Democrática Interamericana sobre la no intervención en asuntos de los Estados.
Se dice que las grandes victorias diplomáticas son muy peligrosas; nadie se deja engañar dos veces, y un Estado que práctica una diplomacia exageradamente astuta pierde la confianza y cae en el aislamiento. Para evitar tal suerte es necesario cumplir con los compromisos, en los que se encuentra el de “no intervención” en asuntos soberanos de los Estados.
La ONU está basada en el principio de igualdad soberana de todos los miembros, declara el artículo 2, párrafo 1 de la Carta, elevando a la categoría de una norma del derecho internacional.
En el mismo artículo señala que ninguna disposición de esta Carta autorizará a las Naciones Unidas a intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados, ni obligará; a los miembros a someter dichos asuntos a procedimientos de arreglo conforme a la misma Carta.
Por otra parte, el convenio de la Haya sobre el arreglo de los litigios internacionales “recomienda” en su artículo 39 el arbitraje como medio más eficaz y adecuado para solucionar los conflictos internacionales de carácter jurídico, cuando las circunstancias lo permitan; por tanto, está lejos de imponerlo como obligatorio. Prácticamente los gobiernos no aceptan casi nunca la competencia del Tribunal de la Haya, ni el arbitraje cuando entran en juego sus intereses vitales.
Por lo tanto, la mayoría de los conflictos internacionales serios se solucionan mediante negociaciones diplomáticas, limitándose la intervención de los demás miembros de la sociedad interestatal a los buenos oficios y la mediación. Esas formas de intervención tienen exclusivamente el carácter de un consejo, careciendo de fuerza obligatoria, como subraya expresamente otro artículo de la antes citada convención.
El punto es que con, esta nueva visión del derecho internacional, en que cualquier Estado y la comunidad internacional pueden intervenir para cambiar una determinada situación y realidad de otro Estado supuestamente fallido, aún a costa de su propio interés nacional, es de suma importancia para el futuro de las relaciones en la comunidad internacional.
A modo de ejemplo, tenemos el caso de Honduras, donde un pueblo pidió la destitución de un gobernante que no cumplía los preceptos de su propia constitución, ante los cual la comunidad internacional, no respetando el principio de no intervención, presiona al gobierno hondureño para que se restituya el gobernante, que a pedido del pueblo fue depuesto por infringir las leyes de su propio país.
Con esta lógica, se pierde absolutamente la libre determinación de los pueblos, son otros Estados o la comunidad internacional, los que impondrán, de acuerdo a sus visiones e intereses lo que deben hacer los Estados.
Se crea de esta forma una perversa relación internacional, lo que es, aún más grave para el futuro, porque al escasear los recursos naturales del planeta, con esta lógica estos pasarán a ser del mundo y el sistema internacional será el encargado de cuidarlos, explotarlos y usarlos, independientemente del Estado que cuente con esos recursos, con lo que nuevamente los grandes poderes serán los que tendrán el control en nombre de lo que se está ya haciendo llamar “seguridad global”.
Actualmente se está hablando de un concepto de “seguridad sostenible”. El Center for American Progress en Washington, ha publicado un documento útil titulado “En busca de la producción sostenible de Seguridad”, que trata de vincular la seguridad nacional, la seguridad humana y la seguridad colectiva de proteger a Estados Unidos y “nuestro mundo”. Sin dudas que, para que este nuevo concepto pueda aplicarse, el principio de “no intervención” debe ser sacado de circulación de la diplomacia y las relaciones internacionales, con lo que ningún Estado pequeño, podrá estar seguro en la realidad, porque por el “bien global” y la “seguridad sostenible”, puede ser intervenido política, social y económicamente especialmente si este cuenta con recursos naturales que se estimen necesarios para la supervivencia global
Una de las propuestas propone que los actores internacionales necesidad de aumentar su capacidad de trabajo sobre la “gobernanza de los recursos naturales en áreas como la tierra, el agua o forestales”, que han aumentado el potencial de ser focos de tensión política. Lo que realmente estamos hablando aquí es de un enfoque mucho más sofisticado para el desarrollo político – y la necesidad de donantes de ayuda, en particular, para ir más allá del lugar seguro, los programas técnicos, como la gestión financiera pública o la creación de capacidad institucional que los donantes de ayuda a menudo significan cuando hablan de “gobernanza”. En cambio, tienen que involucrarse más en las cuestiones de economía política inevitablemente implicados en el reparto de recursos escasos – que a su vez implica comprender realmente los impulsores del cambio en los diferentes países y trabajar inteligentemente con los conductores de cambio para ayudar a lograr un cambio progresivo.
Como vemos, la intervención va más allá de los asuntos políticos y por ello que es un principio de no intervención es más sano y justo para los más débiles, de lo contrario el “gobierno mundial”, sinónimo de los más poderosos será quién les administre sus recursos naturales en caso de que no demuestren que los Estados dueños de ellos puedan hacerlo.
.


Email this post Email this post

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.