SUDAMÉRICA, SU RIQUEZA EN RECURSOS NATURALES, ¿EL BOTIN DE LAS GRANDES POTENCIAS DEL SIGLO XXI.?
En el año 1900 la población mundial aproximada sumaba 1.650.000.000 habitantes, en 1980 en número aumentó a 4.435.000.000, en el año 2008 el censo es equivalente a 6.672.000.000 aproximadamente, y según la ONU para el año 2050 la población mundial podría llegar a una cifra entre 7.700.000.000 a 11.200.000.000 personas. Según algunas instituciones dedicadas a proyectar la dinámica de la población, la especie humana, tiene una tasa de crecimiento tal, que cada 12 años se suman al mundo 1,000 millones de habitantes, que inmediatamente después de nacer, demandan alimentos, agua, luz, salud y que, sumados a los que ya vivimos aquí, esperando con ansiedad, poder disfrutar de cierto grado de confort, cercano al de los países más desarrollados, ocasiona una colosal necesidad de recursos. La demanda mundial de energía, de agua, de minerales, de suelo y de madera es cada día mayor y no parece que vayan a cambiar las cosas. Países en abrupto crecimiento como China y la India han puesto en jaque a los mercados de materias primas y de la energía, por la tremenda demanda que en años recientes han presentado. China, crecía antes de la crisis, a un ritmo del orden del 9% anual, la India al 6%. La mayor parte de los países del mundo también presentaban tasas positivas de crecimiento económico, lo que implica un constante incremento de la demanda de materias primas, de los cuales Sudamérica tiene suficientes.
Por otra parte, los expertos en seguridad, creen que los daños que el Cambio Climático causa a los ecosistemas, y la competencia que como resultado se establecerá por el acceso a los recursos naturales, podrán actuar, de manera cada vez mayor, como detonantes de guerras y otros conflictos en el futuro. Lo cierto es que, existe una sostenida tendencia al agotamiento de los principales componentes energéticos del planeta y de recursos naturales, como el agua y los alimentos indispensables para la sobrevivencia de la especie humana, de los cuales Sudamérica es una reserva de futuro. Para tener una idea más concreta de qué estamos hablando, algunas cifras para tener en cuenta sobre nuestro Continente Suramericano, (sin considerar la antártica) : Tierras: reservas cultivables en gran cantidad y bajo suelos degradados, Energía: 11% reservas de Petróleo 15% de la producción mundial del crudo, 6% de las reservas de Gas y el 20% del potencial mundial de recursos hidroenergeticos, Agua: 20% del agua dulce del planeta el Acuífero Guaraní es el tercero del mundo y Biodiversidad: el Pantanal de Matto Grosso es la mayor extensión húmeda del planeta y la mayor reserva de biodiversidad del planeta, en Argentina la mayor biodiversidad están en las Yungas –Salta-Jujuy- y en la selva Misionera) La región andina y, en gran medida, Brasil suministran una parte sustancial del gas y petróleo que consume el mercado estadounidense. Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay comparten en su territorio el Acuífero Guaraní, una de las mayores reservas de agua dulce no contaminadas del mundo. A su vez, las posibilidades de generación de energía hidroeléctrica son muy altas. Por su parte, el territorio amazónico, con una superficie aproximada de ocho millones de kilómetros cuadrados distribuidos entre ocho países, representa el 44 por ciento del territorio sudamericano y alberga el ecosistema más diverso del planeta. Así, los ojos cada vez más hambrientos del mundo están puestos en los campos de Sudamérica que, por la abundancia de agua y de tierras aún no explotadas, aparece como la fuente principal desde donde saldrán los alimentos que el mundo necesita. Sobre todo ahora que, según cálculos de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en 2030 el planeta deberá duplicar su producción para poder alimentar a todo el mundo. Del total de la producción de alimentos, la región genera el 25% de los cereales, el 34% de las oleaginosas, el 25% de las frutas, el 11% de las raíces y tubérculos, el 31% de la carne y el 24% de la leche. Pero para establecer esta idea de los conflictos por el control de los Recursos Naturales (Tierras para alimentos, Energía, Agua y Biodiversidad, ahora todos dentro de la categoría de estratégicos a nivel global) debemos partir que desde el fin de la lucha ideológica que enfrentó al Capitalismo y el Comunismo. Las relaciones internacionales comenzaron a pesar más por las tensiones geopolíticas que los criterios ideológicos. A esta altura de los acontecimientos no es ninguna novedad decir que el mundo se encuentra en medio de una carrera despiadada en pos de apropiarse de los recursos naturales no renovables. Tampoco es novedad decir que el “mundo se seca” y que sus actores enfrentan al dilema de encontrar nuevas reservas para asegurar el abastecimiento a corto y mediano plazo. Por otro lado estamos ni más ni menos en “la era de los hidrocarburos”. Una lucha geopolítica entre las potencias donde el globo terráqueo parece dividirse ya no por estados-nación o por imperios como a otrora, sino por los recursos que cada territorio posee. Ninguna potencia mundial toma una decisión importante si no hay detrás un gran motivo, como son los recursos naturales de Suramérica y esa es la razón, por ejemplo, para que Estados Unidos mueva su IV Flota con el argumento de patrullar en aguas latinoamericanas. Es más, con esta decisión, el Comando Sur ha alcanzado el mismo nivel de importancia que el Comando Central que opera con la V Flota en el Golfo Pérsico. Por su parte, por primera vez Rusia pasea los buques más poderosos de su flota por las costas de Sudamérica, invitada por Chávez realiza ejercicios conjuntos en la región. Qué razón podría tener EEUU y Rusia para enviar una fuerza naval tan poderosa a una región en paz, sin poderío nuclear, sin conflictos ni amenazas militares reales. Nunca van a admitir que es por los recursos naturales, pero no es una coincidencia que esta decisión aparezca cuando se inicia un cambio estructural de la economía mundial en el que las reservas de agua dulce, los alimentos y los recursos energéticos (que nuestra región tiene en abundancia) se posicionan como un valor estratégico importante. América del Sur es “la región más rica de agua del mundo” en términos relativos, pues cuenta con un 26 por ciento de los recursos hídricos globales y cerca de un 8 por ciento de la población total, Por otra parte, tenemos por ejemplo que la base de la oferta energética, tanto para producción de electricidad, como para abastecer la inmensa flota de vehículos que circula por el globo, es el petróleo y el gas. Estos dos recursos no renovables representan el 96% de los insumos utilizados para el transporte mundial de bienes y personas. El horizonte de su agotamiento –siendo no renovable– es permanente motivo de conjeturas y de pronósticos diversos, que suelen ajustarse ante cada nuevo descubrimiento o cada técnica diseñada para extraer mayor porcentaje a partir de los pozos actuales. Lo concreto e indudable, no obstante, es que este recurso se ha de agotar en algún momento y en Sudamérica existen reservas aun inexplotadas. Las pretensiones de las grandes potencias, sobre todo, los estadounidenses por controlar los recursos naturales del planeta en función de sus intereses particulares nos llevan a pensar si no estamos ante un nuevo momento de reparto económico y territorial del mundo, donde Sudamérica se destaca como un botín apetecible. Desde el año 2006 el Departamento de Defensa, en su informe anual sobre la capacidad militar de la República Popular China, ha puesto a un mismo nivel la competición por los recursos y el conflicto en torno a Taiwan como la chispa que podría desencadenar una guerra con China. La preparación de un conflicto con Taiwan permanece como “una razón importante” en la modernización militar china, según indica la edición del 2008, pero un análisis de las recientes adquisiciones del ejército chino y de su actual pensamiento estratégico sugiere que Pekín está desarrollando también otras capacidades de su ejército para otro tipo de contingencias, como por ejemplo el control sobre los recursos. El informe incluso considera que los chinos están planeando mejorar su capacidad para una “proyección de su poder” en las zonas que les proporcionan materias primas, especialmente combustibles fósiles, y que semejantes esfuerzos supondrían una significativa amenaza para los intereses de la seguridad estadounidense. En un momento en el que las reservas mundiales de petróleo, gas natural, uranio y minerales industriales clave como el cobre y el cobalto empiezan a disminuir y la demanda de esos mismos recursos se está disparando, las mayores potencias mundiales se desesperan por conseguir el control sobre lo que queda de las reservas sin explotar de las cuales Sudamérica tiene una gran cantidad. Estos esfuerzos implican por lo general una intensa guerra de ofertas en los mercados internacionales, lo que explica los precios récord que están alcanzando todas estas mercancías, pero también adoptan una forma militar cuando empiezan a realizarse las transferencias de armamento y el despliegue de misiones y bases Militares. Para reafirmar la ventaja de los EE.UU. y para contrarrestar movimientos similares de China, Rusia y otros competidores por los recursos, el Pentágono ha situado la competición por los recursos en el centro mismo de su planificación estratégica. Por otra parte, dada la necesidad creciente de materias primas que tiene China y su abundancia en diversos países de América Latina, no es de extrañarnos que se haya producido un estrechamiento de las relaciones entre ambas partes. China se ha convertido en uno de los principales socios comerciales de países como Perú, Chile y Brasil y ha empezado a establecer alianzas estratégicas con diversos países de la región, lo que preocupa a los EE.UU., lo mismo hace Rusia, transformándose en un proveedor de armas hacia algunos países sudamericanos. Como vemos, Sudamérica es una región que es de un interés estratégico creciente para las grandes potencias y si nuestra clase política no reacciona con oportunidad y visión de estadistas, para fortalecernos en la unidad y la cooperación, nos veremos sobrepasados, tal como le ocurrió a los africanos en el siglo XX., donde quedaron sin recursos, sumidos en la pobreza y el hambre y abandonados por las grandes potencias.
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