LA INFLUENCIA DE CHINA EN LATINOAMERICA, UN FACTOR A TENER EN CUENTA PARA EL FUTURO.
China, ha prometido invertir en la región más de 50 mil millones de dólares, es decir, mucho más que los 20 mil millones que prometió en la década de los años 60 J.F.Kennedy, en la llamada “Alianza para el Progreso”, que tuvo una gran influencia en la región.
La política China, parte de la necesidad de afirmar la paz en el mundo, fortalecer a la ONU e impulsar el desarrollo, y hace hincapié en el principio de “una sola China”. Dice que “los países latinoamericanos y caribeños han aportado positivas contribuciones a la preservación de la paz mundial y a la promoción del desarrollo compartido, con un papel a jugar en la arena internacional y regional cada vez más relevante”. La influencia de China en Latinoamérica se puede resumir en cinco puntos: asegurarse una fuente fiable de materias primas para alimentar el crecimiento de su economía, disminuir su aislamiento en los foros internacionales, mostrar su potencial como poder económico emergente, buscar oportunidades de defensa e inteligencia y fortalecer su política de aislamiento de Taiwan, estrategia que es aprobada y reconocida por 12 gobiernos latinoamericanos. China es un país interesado en desarrollar relaciones fundamentalmente con países productores de hierro, cobre, acero, circuitos integrados, maquinaria eléctrica, y petróleo.
Varias son las motivaciones que justifican el actual interés de Pekín por esta región. En primer lugar, las razones económicas y comerciales. La RPCh busca en América Latina nuevas oportunidades para su comercio exterior y sus inversiones y, naturalmente, el acceso a los recursos energéticos y materias primas que precisa para sostener su rápido crecimiento económico. A China le interesan especialmente la pesca y el petróleo (Argentina, Ecuador, Venezuela), mineral de hierro y acero (Brasil), la producción de alimentos (Argentina, Brasil, Chile y Perú), la minería cobre y los bosques (Chile y Perú), cobre y estaño (Bolivia), y níquel (Cuba). En los últimos años. China ha sido un comprador masivo de materias primas y granos de Latinoamérica y nos ha vendido cantidad de artículos industriales, aprovechando que la importación de bienes desde EEUU ha disminuido en medio de la crisis financiera, Lo cierto es que, las inversiones chinas consisten normalmente en préstamos que habitualmente requieren que los trabajos sean hechos por empresas del país asiático, con lo que, con éstas inversiones China será más competitiva en el mercado global, pero a costa de las economías de Latinoamérica. En general, se destaca que la complementariedad económica entre la RPCh y la práctica totalidad de los países de la región abre muchas oportunidades. En tal sentido, al tratarse de países en vías de desarrollo, se destacan las posibilidades de convergencia en muchos dominios, articulando una verdadera cooperación Sur-Sur que pueda paliar los efectos negativos puntuales que pudieran surgir, aunque no por ello menores. Más del 70 por ciento de las exportaciones latinoamericanas a China se refieren a productos primarios y manufacturas basadas en recursos naturales, lo que es una debilidad para Latinoamérica, dado que muchos de estos recursos no son renovables. Uno de los riesgos a tener en cuenta, es que el hecho que China es una superpotencia y como tal tiene la capacidad de inundar los mercados con productos manufacturados elaborados a muy bajo costo (la mano de obra en China es muy barata), algo que podría poner en jaque a la industria nacional en cada uno de los países de Latinoamérica. Se debe tener en cuenta además, que la riqueza que china ha logrado acumular con su enorme población es admirable en un colectivo-social homogéneo de 1.3 billones de chinos, que hace de esta civilización dueña de un 20% de la población mundial de 6.7 billones de personas. Es decir, por cada cinco ciudadanos del planeta uno es chino y en la actualidad china consume un 80% de los recursos naturales planetarios con su expansión económica después de los EE.UU. La presencia china en el área energética es cada vez más importante. La Corporación Nacional del Petróleo de China (CNPC) es ya la segunda productora de petróleo en Perú. En Brasil, ha firmado acuerdos de exportación y de inversión con Petrobrás. En Ecuador también ha realizado inversiones a través de Andes Petroleum. Y con Venezuela, se han firmado acuerdos de cooperación que contemplan un ambicioso marco de inversiones hasta el 2010 para que Caracas le provea de medio millón de barriles de crudo diarios, el triple de la cifra actual. El acercamiento entre China y el subcontinente americano no ha pasado desapercibido a Washington, que lo observa, en general, con suspicacia, ante el temor al afianzamiento de un competidor. En ciertos sectores de la administración y grupos de presión estadounidenses se insiste en los negativos efectos, a medio y largo plazo, del acceso a los recursos energéticos y económicos de la región, del incremento de su influencia política y también del estrechamiento de los vínculos militares. No obstante, bien es verdad que dichas estimaciones están, por lo general, muy sobredimensionadas y pasan por alto que la influencia real de China es prácticamente insignificante en comparación con la proyección militar y global estadounidense. A mayores, preocupan sus derivaciones en la lucha contra el narcotráfico (presencia de mafias chinas en la Triple Frontera –Argentina, Brasil, Paraguay- y en Centroamérica) y sus posibles conexiones con la comunidad musulmana asentada en dicha zona que pudieran derivar en apoyos a fundamentalistas islámicos relacionados con el terrorismo. Las prioridades de China no se encuentran en América Latina sino que se orientan, fundamentalmente, a su propio escenario regional donde ambiciona recrear un marco de estabilidad que favorezca su propia dinámica de crecimiento, un proceso que le llevará aún varias décadas y exigirá una enorme concentración en los asuntos internos. China adopta un bajo perfil y se guarda mucho de manifestar el menor asomo de ambición ideológica o geopolítica en la región. No obstante, China tiene en América latina poderosos intereses que intentará satisfacer, apoyándose en la buena imagen que ostenta en la zona en ámbitos políticos e intelectuales y la erosión del propio poder estadounidense, en horas bajas, en función de los cambios operados en el contexto político latinoamericano, marcado por el ascenso de fuerzas de izquierda (Chávez, Lula, Kirchner, Tabaré, Morales) y el auge de la crítica a las políticas neoliberales impuestas por el consenso de Washington. Estas fuerzas podrían verse tentadas de utilizar a China como un contrapoder que mitigase las posibilidades de injerencia de EE.UU. en la región, pero China se cuidará mucho de evitar la confrontación directa con EE.UU. que, en cualquier caso, no ve con buenos ojos la penetración china en su patio trasero. Abundando en su tradicional pragmatismo, Pekín reconoce que la región está bajo influencia directa de EE.UU. y su despliegue en la zona estará caracterizado por la moderación. La intensificación de las relaciones de la RPCh con América Latina puede derivar en dos escenarios principales. El primero vendría determinado por un aprovechamiento de su participación en el proceso económico de la región, posibilitando fórmulas de desarrollo que favorezcan la estabilidad regional. En el segundo, pesarían más los inconvenientes, no solo por los efectos inmediatos de esa relación, negativos, por ejemplo, en materia de empleo, medio ambiente o profundizando el perfil agroexportador de algunas economías, así como por la instalación de una nueva dependencia que dificulte una inserción adecuada de la región en la economía mundial, sino también por el incremento de las interferencias de EE.UU., si llega a considerar la necesidad de contener la influencia china. Según el BID, las fortalezas de China se basan en el tamaño de su economía, su estabilidad macroeconómica, la abundante mano de obra barata, la rápida expansión de la infraestructura física y la capacidad para innovar. Las debilidades de China tienen su origen en la poca separación que existe entre el mercado y el Estado e incluyen la débil gobernabilidad corporativa, un sistema financiero frágil y una mala asignación del ahorro. América Latina y China comparten debilidades importantes: el imperio de la ley es débil, la corrupción endémica y la educación es baja y está mal distribuida. Aunque los temores de desplazamiento de los sectores industriales y de la inversión extranjera son exagerados, China puede ser una fuente de inestabilidad financiera internacional con efectos potencialmente muy dañinos para América Latina. Mientras la opción China, a veces se presenta en la región como una alternativa geopolítica al abrazo sofocante del imperio estadounidense y de la mundialización neoliberal, su concreción puede llegar a alterar radicalmente esquemas y prejuicios ideológicos.
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Friday January 27th, 2012 at 11:06 AM
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