EN LATINOAMÉRICA, SE IMPONE LA DIPLOMACIA DE LAS AMENAZAS DEL USO DE LA FUERZA, LO QUE PUEDE TENER GRAVES CONSECUENCIAS PARA EL FUTURO Y LA PAZ EN LA REGIÓN.

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Desde hace un tiempo a la fecha, es común en las relaciones internacionales de los países latinoamericanos, la proliferación de amenazas veladas o directas del uso del empleo de la fuerza como soluciones a los conflictos que se van sucediendo.
Por ejemplo, las relaciones internacionales a nivel diplomático se ven amenazadas, la incapacidad de las Organizaciones Internacionales para que sus miembros respeten los acuerdos internacionales, sucumben ante la prepotencia de los gobiernos como el de Venezuela. Hechos tangibles demuestran como Chávez y sus seguidores no respetan a la OEA.

Recientemente, el Presidente de Ecuador, advirtió que responderá militarmente a Colombia si ese país vuelve a agredir a su nación, como ocurrió el 1º de marzo de 2008 cuando militares colombianos atravesaron sin autorización la frontera en un operativo contra las FARC.
“Si Colombia nos agrede nuevamente, la respuesta será militar”, dijo Correa contundentemente en una entrevista en la televisión local al ser consultado sobre si cree que existe algún riesgo de fricción de carácter militar.
“Yo no permitiré un ultraje al territorio patrio como el que ocurrió el 1º de marzo de 2008 en Angostura”, subrayó en referencia al bombardeo a ese enclave ecuatoriano donde las FARC habían instalado un campamento.
Por su lado, el presidente venezolano Hugo Chávez advirtió, tiempo atrás, a Colombia que responderá con aviones y tanques de guerra una eventual violación de su soberanía por orden del ahora, ex ministro colombiano de Defensa, Juan Manuel Santos, a quien califico como una “amenaza” para Venezuela y toda la región.


Otro ejemplo, el presidente Venezolano, cuando se entero del lo ocurrido en Honduras, advirtió que puso a las fuerzas armadas venezolanas ”en alerta” tras el golpe militar en Honduras y dijo que su gobierno hará ”todo lo que tengamos que hacer” para devolver al presidente Manuel Zelaya al poder. También, recordemos, que el año pasado en una situación de política interna en Bolivia, Chávez había dicho que “si a Evo lo derrocaran, lo mataran, sepan los golpistas de Bolivia que me estarían dando luz verde para apoyar cualquier movimiento armado en Bolivia”. Y advirtió que su gobierno se consideraría autorizado a “realizar movilizaciones de cualquier tipo” en Bolivia si ocurre un golpe de Estado.
Ahora Chávez, al conocer la denuncia sobre el armamento que Venezuela le había entregado a las FARC, ordenó a la cancillería venezolana congelar las relaciones con Colombia y amenazó con romperlas definitivamente “si continúan las agresiones” como las que en su opinión significa el acuerdo firmado con Washington de instalar bases militares en el país vecino. El presidente venezolano, Hugo Chávez, ratificó ahora su intención de seguir “fortaleciendo” su poder militar, en virtud de un acuerdo firmado con Rusia que será el marco para nuevas compras de armamento, realización de maniobras conjuntas e intercambio de tecnología.
Por su parte, el presidente Daniel Ortega expresó que si “tocan a Venezuela, tocan a Nicaragua”, e instó a la constitución de un ejército del Alba, lo que también ha sido solicitado por el Presidente de Bolivia. Evo Morales dijo que se creara la Escuela de Defensa Nacional, la cual tendrá su propia doctrina militar y estará destinada a completar la formación profesional de oficiales de las fuerzas armadas de sus países miembros.
Por su parte, el Presidente del Perú en su discurso de aniversario patrio, manifestó en el Congreso: “Aquel que quiere agredir a nuestra patria, tendrá una terrible sorpresa. El Perú está preparado para defender en todos los campos”,. El Jefe de Estado aseveró que la inversión del Núcleo Básico Eficaz (NUBE) está casi completada en dos mil millones de soles.
Como vemos, en general los presidentes latinoamericanos, están demostrando que carecen del manejo diplomático y el comportamiento político que se requiere al enfrentar las crisis, para evitar que alcance niveles extraordinarios, como lo sería un conflicto armado. Los mandatarios de algunos países hacen denuncias desmesuradas y poco fundamentadas que les permitan defender sus posiciones frente a las posibles conflictos con países vecinos.
Parece que se olvidan que la violación del territorio de un Estado por parte de otro, por el hecho que sea, es a todas luces, inconcebible. Entre sus principios generales, la Carta de las Naciones Unidas, señala el respeto a la soberanía de los Estados como un elemento clave en las relaciones entre los mismos, y en varias resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, a través de los años, se ha condenado cualquier tipo de acción que vulnere este principio, o que sea percibido como una agresión contra cualquier Estado miembro o no miembro de la ONU. El peso histórico y legal que tiene el tema de la soberanía sigue siendo un eje fundamental de las relaciones internacionales y del derecho internacional. Pero la cuestión que realmente genera debate es hasta donde un Estado puede hacer uso del principio de la soberanía para evitar cumplir con otras disposiciones internacionales que demandan a los Estados cooperar en la lucha contra amenazas a la seguridad y a la paz internacionales, y por otro lado, qué tan justificable puede ser llevar a cabo acciones militares en territorios vecinos, en la lucha contra las amenazas actuales a la seguridad internacional, como el terrorismo, el narcotráfico, y el crimen organizado, entre otros.
Ahora bien, de la mano de las recurrentes compras de armamento dispuestas por buena parte de los gobiernos de la región, las cuestiones vinculadas con la defensa y la seguridad han vuelto a ocupar el centro de la escena en América Latina, el problema que estas se dan en hipótesis de conflictos intercontinentales. Las razones del acelerado armamentismo regional son muchas y variadas. Por ejemplo, la subsistencia de diferendos limítrofes entre algunos países, como el caso de Chile y Perú, y el peso cada vez más creciente de las bandas vinculadas al narcotráfico y el terrorismo internacional, como el caso de Colombia y México.
A estos factores se suman las permanentes crisis político-sociales que han sacudido a varios Estados y el ascenso político de corrientes neopopulistas y nacionalistas que ven en los planes de rearme militar un mecanismo viable para reforzar su autonomía interna ante posibles intervenciones de gobiernos externos, como queda demostrado con las amenazas de Chávez ante los casos de Honduras y Bolivia.
Finalmente, es necesario que las clases políticas latinoamericanas y especialmente las gobernantes, se den cuenta de la importancia de construir relaciones basadas en la cooperación y no en el conflicto. Y para ello el rol del sector defensa debe tomar fuerte impulso no para amenazarnos unos a otros, si no que, pronosticando, la necesidad de tener un fuerte desarrollo de tecnologías propias para lidiar con las hipótesis de conflicto del Siglo XXI: alimentos, agua, energía y la atención de regiones escasamente pobladas pero altamente productivas, como lo es el continente Sudamericano, de otra forma nos debilitamos estratégicamente frente a los grandes poderes mundiales y todos perderemos, la paz y la riqueza natural.


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