NUEVA PANDEMIA AMENAZA LA SEGURIDAD MUNDIAL.

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció este sábado que el brote de influenza porcina detectado en México y Estados Unidos podría causar una epidemia a nivel mundial.
“Tiene potencial pandémico porque está infectando a las personas”, dijo Margaret Chan, directora general de la OMS, aunque precisó que todavía es muy pronto para predecir esta situación.
El nuevo virus habría causado la muerte de 68 personas en México e infectado al menos a ocho individuos en Estados Unidos.
En la capital de México fueron suspendidos más de 500 eventos recreativos, culturales y deportivos para evitar el contagio de la gripe porcina que oficialmente ha afectado a 1.004 personas en este país.
El secretario de Salud, José Córdova, dijo que las clases estarán suspendidas hasta el próximo martes en el Distrito Federal y el estado de México, pero agregó que es “casi seguro” que se cancelen por una semana.
El Ejército ha estado repartiendo mascarillas en las calles, mientras que los bares y restaurantes han extremado las medidas de precaución.
Los partidos de fútbol previstos para el fin de semana se jugarán sin público.
Las bibliotecas públicas y los museos permanecerán cerrados hasta nuevo aviso.
Las autoridades realizan operativos sanitarios en los aeropuertos y en las centrales camioneras como parte del plan desplegado en Ciudad de México para hacer frente a la nueva cepa de influenza.
El gobierno anunció que no existe una vacuna para este nuevo virus y confirmó que cuenta con un millón de dosis del medicamento necesario para tratar la enfermedad.
Como vemos, nos podemos enfrentar al peor de los escenarios posibles, es la aparición de un virus con capacidad para infectar a humanos por vía respiratoria, por lo que es fácilmente transmisible entre personas, por lo que su transmisión a través del mundo es muy fácil y rápida.
Este fenómeno no ocurrió con la gripe aviar, que su modo que el virus se transmite fundamentalmente de aves a aves. Por ejemplo, en algunas ocasiones contadas aves infectadas han transmitido el virus a personas, con consecuencias muy graves, según la OMS, en tres años se dieron 177 casos conocidos de personas que han contraído la enfermedad tras haber mantenido contacto estrecho con aves infectadas por el virus H5N1, de las cuales fallecieron 98.
Ahora, en pocos días, sólo en México, van 68 muertos y está comprobado que el contagio es humano a humano por las vías respiratorias.
Con todo, la mortalidad no es el único aspecto a tener en cuenta al evaluar el posible impacto de una nueva pandemia. También resulta importante tener en cuenta otros aspectos tales como el número de personas que enferman y el número de personas que requieren algún tipo de asistencia médica.
La OMS, al evaluar el posible impacto letal de una nueva pandemia, suele considerar como más probables las tasas de mortalidad de las pandemias de 1957 y 1968-1969. Los estudios que pretenden evaluar el impacto general de una pandemia de gripe suelen citar un 30% como tasa de incidencia global probable en una población de un país desarrollado que nunca antes haya estado expuesta a un nuevo subtipo de virus.
Resulta difícil conseguir datos sobre tasas de hospitalización en años de pandemia, y normalmente sólo se encuentran disponibles los relativos a las pandemias de 1957 y 1968-1969. Uno de los pocos estudios en que se habla del exceso de tasa de hospitalización por neumonía y gripe para la pandemia de 1968-1969 indica un alza del 140% con respecto a un año de baja actividad epidémica.
Lo cierto es que una pandemia de estas características, puede poner en serias dificultades los sistemas de salud, que ya en países como el caso de Chile se encuentran al máximo de sus capacidades, lo que produciría un caos sanitario de complicaciones difíciles de cuantificar.
Por otra parte, si las tasas de mortalidad aumentan de forma muy considerable, tal y como se puede dar en un escenario grave, pueden empezar a aparecer más problemas aparte de los meramente sanitarios. Un aumento significativo de las tasas de mortalidad se vería seguido automáticamente de un aumento igualmente significativo de la propensión al pánico. Y si el pánico se generalizase, la pandemia supondría un riesgo para la seguridad tanto a nivel estatal como mundial.
El primer problema que surgiría sería cómo proteger el sistema sanitario y a sus empleados en una situación de pánico público. Además, una gran parte de la asistencia médica necesaria en una situación de pandemia se ve mantenida por trabajadores sanitarios ambulatorios que realicen visitas a domicilio, y esto resultaría especialmente cierto en un escenario grave, ya que la capacidad logística de los hospitales sería mucho menor que la demanda real durante una pandemia grave, en Chile no hay una cantidad suficientes de camas para afrontar una situación de estas características.
Otro problema que surgiría sería la necesidad de mantener servicios básicos en una sociedad en estado de descomposición. Tendrían que protegerse las cadenas de suministro de alimentos y agua, así como los canales de distribución y las infraestructuras de transporte. Un desastre natural de esta magnitud también supondría un aumento del índice de criminalidad y exigiría medidas efectivas de protección de la propiedad.
Una pandemia es un acontecimiento de carácter mundial que implica los mismos riesgos en todo el mundo. Así, si la tasa de mortalidad se aproxima a los niveles registrados en la pandemia de 1918, podría producirse un grave trastorno del orden social a nivel mundial, así como de la distribución de bienes y servicios.
Además, al igual que los trabajadores sanitarios, la policía, y las FF.AA. (los actores clave en el frente de la seguridad) podrían también verse expuestos a los riesgos sanitarios de la pandemia. La movilización general de las fuerzas de seguridad del país podría tener como resultado un nivel operativo de tan sólo dos tercios, o probablemente menos, de su plena capacidad.
Al prepararse para la posibilidad de una pandemia, y puesto que no puede descartarse que ésta no llegue a Chile, virus que ha demostrado tener capacidad letal al menos equivalente a la del virus que causó la pandemia de la influenza española del año 1918, que sólo en Chile, entre 1918 y 1920 se produjeron en total 37.500 muertes. Resulta esencial ampliar las tareas preparatorias necesarias para incluir a instituciones estatales más allá de las autoridades sanitarias. Si las tasas de mortalidad se aproximan a los niveles registrados durante la pandemia de 1918, puede que adquieran importancia rápidamente problemas de seguridad estatal. Así, el actual plan de acción nacional ante una posible pandemia de gripe debería verse acompañado de un plan nacional para hacer frente a problemas relacionados con la seguridad derivados de unas tasas de mortalidad extremas. Dicho plan debería, como mínimo, cubrir lo siguiente:
• Garantizar la plena operatividad de las infraestructuras y el personal sanitario del país en una posible situación de pánico público a lo largo de todas las fases de la pandemia, así como contribuir a la distribución generalizada de medicación y vacunas en caso de disponerse de ellas.
• Capacidad de montar hospitales ambulatorios y proporcionar la logística necesaria para hacerlos operativos.
• Garantizar el orden público y evitar posibles saqueos y la criminalidad.
• Asegurar la provisión de servicios básicos y el suministro y distribución de agua y alimentos.
• Preparar servicios de refuerzo en caso de trastornos en el suministro de energía del país y estudiar la posibilidad de otros trastornos graves del comercio internacional de vital importancia, y planificar al respecto.


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