LA CRISIS DEL AGUA, ELEMENTO VITAL QUE TRANSFORMARÁ, TARDE O TEMPRANO, A SUDAMÉRICA EN UN OBJETIVO GEOESTRÁTEGICO APETECIBLE.

Más de 2.000 millones de personas en el mundo carecen de agua potable y 3.250 millones no cuentan con los servicios elementales de saneamiento. Por año mueren cerca de 11 millones a causa de ello. En nuestro planeta, sólo un tres por ciento de la superficie líquida es agua dulce, pasible de ser convertida en agua para el consumo humano, y la mayor parte de ella permanece congelada en las zonas polares y en las altas cumbres. Debido al crecimiento demográfico y al tratamiento incorrecto de las aguas servidas, el líquido vital está convirtiéndose en un lujo para muchos, llegándose a debatir su privatización.
Ya en la actualidad, los datos entregados por diversas organizaciones, como UNICEF, son trágicos. Por ejemplo: anualmente muere un millón y medio de niños en el mundo, por beber agua que no es potable. La representante de dicha organización de la ONU en Alemania, Heide Simonis, indicó que diariamente pierden la vida 6 mil personas por la misma causa, exhortando a no conformarse jamás con tal situación.
El panorama que se perfila a futuro será aún más inquietante, si la temperatura promedio del planeta sube entre 1,8 y 4 grados hasta fines de siglo, como lo augura el informe presentado en febrero por expertos de las Naciones Unidas. Según sus estimaciones, de aquí al año 2025 vivirán casi 2.000 millones de personas en regiones con gran escasez de agua. En el peor de los casos, el número de personas afectadas por el problema a nivel mundial podría triplicarse, elevándose a 3.200 millones de personas.
La necesidad de hacer un uso razonable del agua, tanto a nivel individual como industrial, es resumida en cifras. Dice la ONU que producir un kilogramo de arroz toma de 2,000 a 2,500 litros de agua; producir azúcar ocupa ocho veces más que producir trigo. “Para producir una sola hamburguesa son necesarios cerca de 11,000 litros”, equivalente a la cantidad diaria disponible para 500 personas que viven en un barrio suburbano pobre sin conexión a la red de agua potable, que hay millones en el mundo.
La ONU advierte que la región del África subsahariana no logrará reducir a la mitad el número de personas sin acceso al agua potable salubre en el 2015, una de las Metas del Milenio de la ONU. Es también negativa la evaluación que hace sobre el cumplimiento de otros objetivos establecidos para el año 2015, que pretende reducir a la mitad el número de habitantes del planeta privados de instalaciones sanitarias básicas.
Según el informe, fruto de la labor conjunta de 24 organismos y de la ONU, unos 2600 millones de personas de los países más pobres del mundo carecen de instalaciones sanitarias básicas. Más de la mitad de ellos vive en China e India.
El informe culpa de las carencias actuales de agua en el mundo a la gestión deficiente, la corrupción, la falta de instituciones adecuadas, la inercia burocrática, el déficit de nuevas inversiones en la creación de capacidades humanas y la escasez de infraestructuras físicas.
La mala calidad del agua es una de las principales causas de las pobres condiciones de vida y de los problemas de salud en el mundo, se dice en el estudio, donde se recuerda que sólo en el año 2002 las enfermedades diarreicas y el paludismo acabaron con la vida de unos 3,1 millones de seres humanos, lo que va en aumento.
La Organización de Naciones Unidas advirtió que en dos décadas casi la mitad de la población del mundo enfrentará una escasez grave de agua y como resultado habrá guerras y conflictos.
Y esto se puede explicar porque más de 260 cuencas fluviales alrededor del mundo están compartidas por dos o más países. Para algunos, más que el cambio climático, el principal problema hoy en día es el enorme número de personas que está extrayendo agua.
Sin embargo, es probable que para finales del siglo XXI, por ejemplo, el Océano Glacial Ártico quedará sin hielo durante todo el mes de septiembre, según afirman los autores de la investigación publicada en la edición digital de la revista Nature Geoscience. Un grupo de científicos encabezado por Julien Boe de la Universidad de California, en Los Ángeles (EEUU), comparó los datos obtenidos mediante distintos métodos de modelación de los hielos del Ártico y los corrigió aprovechando la información suministrada por los satélites.
“Resulta que debido a las emisiones de gases invernadero, el Océano Glacial Ártico –reserva de agua– perderá toda su capa de hielo aún antes de que termine el siglo XXI”, indica la publicación. Los científicos hacen constar que el clima del Ártico va cambiando rápidamente. Entre 1979 y 2006, la superficie de los hielos en esa región disminuyó un 25% en septiembre. En 2008, la capa de hielo fue mínima ese mismo mes.
“Esta situación es preocupante porque dentro de varias decenas de años el Océano Ártico quedará sin hielo y ello tendrá consecuencias geopolíticas y económicas muy importantes”, indican los autores de la investigación.
Por su parte, la Antártica, un bloque congelado que contiene el 90 por ciento del hielo del mundo, también reserva de agua, es uno de los mayores enigmas en el debate sobre el cambio climático entre cuyos riesgos se considera que, no sólo cualquier deshielo podría elevar rápidamente los niveles marítimos, sino que también, lo que significa perder una importante reserva de agua dulce del planeta.
Los glaciares y los casquetes polares son las principales reservas de agua y por ello el principal seguro que poseen los ecosistemas y las comunidades humanas para su subsistencia. Los glaciares son reservas estratégicas pues no sólo aportan agua a las cuencas hídricas en verano, sino que son la única fuente de recarga de ríos, lagos y napas subterráneas en las zonas áridas y en períodos de sequía.
Actualmente existe suficiente información científica sobre la importancia estratégica de los glaciares y los impactos de las actividades humanas y del calentamiento global sobre ellos. Sin embargo, en los últimos años no ha existido conciencia pública sobre su importancia, y tampoco acuerdos vinculantes que obliguen a su protección. Aunque desde la Cumbre de Naciones Unidas sobre Medioambiente y Desarrollo en 1992, los científicos del Panel Intergubernamental de Cambios Climáticos han informado a los gobiernos sobre las consecuencias del calentamiento global sobre sus territorios, incluidos los glaciares, solo algunos países los han incluido como objetos de protección en su legislación sobre recursos hídricos y sobre áreas silvestres protegidas: o bien generado leyes específicas para su conservación como fuentes y reservas estratégicas de agua dulce.
Según un modelo, el cambio climático producirá en el futuro un gran impacto sobre las reservas de agua dulce del mundo y traerá graves problemas a millones de personas una vez que las reservas de agua fósil se agoten. Este efecto se producirá principalmente en Sudamérica y Asia.
El problema radica en la disminución de hielo acumulado en los glaciares que ahora hacen de almacén de agua natural y que en el futuro se reducirá. Los análisis describen primero cómo el nivel de las reservas de agua cambiará bajo el efecto invernadero y después su impacto sobre los distintos continentes.
Según los expertos, y de acuerdo a la física del modelo de efecto invernadero, las precipitaciones que antes eran de nieve pasarán a ser en forma de lluvia, pero la cantidad total agua en los dos estados será la misma a nivel global. Además se producirá un derretimiento más temprano de las masas de hielo alterando el tradicional aporte de agua estacional.
En resumen, se acumularía menos nieve en invierno y se derretiría antes alterando la capacidad de las presas para almacenar el agua del deshielo. En definitiva el almacenamiento natural de agua en forma de nieve y hielo que constituyen los glaciares sería menos efectivo.
La falta de agua se produciría en regiones en las que las presas no tienen la suficiente capacidad para almacenar esa agua en el nuevo ciclo de lluvias y deshielo que llega a destiempo.
Pero las regiones más vulnerables serán aquellas que dependen de los glaciares, como ciertas regiones de China, India y otras partes de Asia donde el efecto podría ser bastante grave debido a la gran cantidad de población.
En Sudamérica una fracción significativa de la población vive a lo largo de la cadena andina y estarían bajo el mismo riesgo. Perú, por ejemplo, ha experimentado una reducción de un 25% en las áreas cubiertas por glaciares en las últimas décadas.
El agua resulta para Sudamérica es un “elemento estratégico” considerando que tiene las principales reservas de agua del mundo, a modo de ejemplo, se calcula que la cuenca amazónica representa alrededor del 30 al 40 por ciento de la oferta de agua mundial, pero hay países como Brasil, donde, a pesar de la abundancia del recurso, el acceso de la población es muy limitado.
Lo cierto es que, las riquezas naturales con significado estratégico son un dato esencial para apreciar la situación mundial contemporánea.
El Acuífero Guaraní es la tercera reserva subterránea de agua del planeta, compartida por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Con un área de 1.195.700 kilómetros cuadrados, ese manto freático almacena 37.000 kilómetros cúbicos de agua y abastece alrededor de 500 ciudades.
El más preciado de los líquidos se ha convertido en un factor de sensible importancia en las relaciones internacionales, entre otras cosas porque cerca del 50 % de la población mundial se abastece de cuencas compartidas entre varios países y, dado que los acuíferos y sistemas hídricos, forman complejos sistemas, los países integrados a ellos, se benefician del sistema en su conjunto y deben asumir obligaciones para su adecuado manejo y protección.
De un bien ofrecido generosamente por la naturaleza, limpio, barato y prácticamente inagotable, el agua ha pasado a ser un recurso estratégico, comparable únicamente con el petróleo. Sin petróleo la humanidad pudiera sobrevivir, sin agua, no.
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