6 NUEVOS MILLONES DE POBRES, LA DOLORIDA REALIDAD DE LATINOAMERICA, QUE NO PUEDE DEJARNOS INDIFERENTES
09:28 AM
Rápidamente se están implementando programas para aumentar la demanda y por otro lado se ahorra todo lo que se puede en gastos a los que se puede renunciar, para no desequilibrar demasiado los presupuestos. No obstante, para 2009 se cuenta con un crecimiento cero y un aumento del número de pobres en hasta seis millones. Según el B.M. de esos seis millones, cuatro son personas que ahora están ubicados en la clase media y van a caer en la pobreza y dos millones son personas que estaban en la pobreza y hubieran podido salir de ella en 2009, si no hubiera crisis.
Una disminución de los ingresos de divisas por exportaciones como consecuencia de la caída de los precios de las materias primas, el petróleo y los productos agrícolas, la fuga de capitales y una dramática reducción de las remesas, de entre el 11 y el 13 por ciento según el BID, sacuden a las economías de la región.
En las principales economías latinoamericanas se cuenta con una reducción de las tasas de crecimiento en 2009. Cero por ciento para toda la región pronostica incluso el Banco Mundial. Solamente en Perú se cree posible un pequeño crecimiento, luego del 10 por ciento de 2008.
Aún en septiembre de 2008, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, había respondido a preguntas de periodistas acerca de las consecuencias de la crisis financiera y económica con una contrapregunta retórica: ¿Crisis? ¿Cuál crisis?
Sólo algunas semanas más tarde, en una cumbre del G-20, al cual pertenecen también Argentina, Brasil y México, convocada urgentemente por la crisis, Lula adoptó un punto de vista más realista, al constatar que los mercados financieros globales habían colapsado y que, como consecuencia de ello, también pronto la economía real y el comercio entrarían en recesión.
Los éxitos en la reducción de la pobreza, logrados en los últimos cinco años de crecimiento económico, serán anulados probablemente por la crisis. El número de pobres en América Latina amenaza aumentar en otros seis millones, según los pronósticos del Banco Mundial. Una cifra que parece relativamente menor en vista de los 180 millones de pobres en la región. No obstante, volver los niveles de antes de la crisis puede llevar varios años, siempre y cuando se registre un nuevo crecimiento sostenido. A la década perdida por malas políticas le sigue ahora un quinquenio perdido como consecuencia de una crisis que no tuvo su origen en la región. América Latina no se lo merece.
Todo este panorama, de alguna forma catastrófica para la región, debería hacer un llamado a los líderes del continente en el sentido de trabajar por la unidad latinoamericana, la historia nos enseña que de los grandes desafíos comunes nacen las grandes alianzas para hacer frente, juntos a esos desafíos. Hoy se nos presenta ese desafío, y no podemos dejarlo pasar como continente, hoy más que ayer es posible la verdadera unidad latino americana, hay un desafío que juntos los Estados pueden enfrentar en mejor forma que haciéndolo solos.
Todo lo que nos separa, no es bueno y hay que dejar de lado las miradas unilaterales, para crear una mirada unida en vistas al futuro, en medio de la crisis financiera mundial.
Latinoamérica no puede continuar viviendo de la beneficencia de los países desarrollados, debe vivir de sus propios recursos, que los tiene y muchos, crear redes energéticas, de alimentos, de comunicaciones que nos permitan una integración estructural real. No debemos esperar, que esto venga de la clase política, porqué ha demostrado su ineficiencia e ineficacia, al respecto, debemos crear movimientos sociales de integración positiva en Latinoamérica, de tal forma que nazca la unión desde las bases, la industria, las pymes, los empresarios, las universidades, crear una corriente apolítica que mueva a la unión de los pueblos latinoamericanos a enfrentar el futuro con una visión de hermanos con un destino común. Hemos sido testigos, como en directa relación a los diversos e intentos de integración latinoamericana, el discurso político que ha discurrido en los foros regionales, desde tiempo atrás viene trasmitiendo serias contradicciones; extremados personalismos, dando la sensación de una falta de libreto donde se determinen no sólo objetivos comunitarios, sino la disposición de los gobernantes en compartir instrumentos viables.
Por ninguno de esos caminos, se ha logrado alcanzar un favorable índice de solidaridad regional -permanente y ascendente- dado a que no existe una conciencia de unidad que se afirme y se proyecte más allá de los escasos límites del discurso de circunstancia.
Basta ya de divisiones, la conciencia moral de cada uno de los latinoamericanos no puede soportar que aumenten en 6 millones los pobres. Debemos ponernos todos a trabajar en conciencia para que ello no suceda.
Cada uno en su área, debe tratar de aportar lo necesario para evitar que su trabajador, su empleado, se transforme en uno de esos nuevos pobres.
La responsabilidad social nos da un mandato moral y ético al respecto, para ello debemos mirar al prójimo con misericordia, especialmente en el tiempo de crisis. Asegurar la educación de los hijos de los empleados y trabajadores, formar empresas socialmente responsables, que hagan el esfuerzo necesario para ayudar realmente a su gente.
Mucho se habla de cifras, pero pongámosle rostro a esas cifras, para darnos cuenta que detrás de ellas hay personas, hay familias, hay niños inocentes, debemos humanizar la crisis, sentirla más encarnada en nosotros mismos, será la única forma de poder, realmente buscar las soluciones urgentes que ella amerita. Los pobres no pueden esperar, dijo Juan Pablo II en su visita a Chile, y esa es una realidad hoy más urgente que nunca.
Latinoamérica representa el 8% del PIB mundial, es por ello, que no debemos esperar nada del mundo desarrollado, no somos importantes para ellos y eso esta bueno que lo entendamos. Debemos surgir por nuestros propios medios y recursos y para ello la integración es vital. Basta de disputas ideológicas que tanto daño nos han causado, basta de disputas territoriales que nos han mantenido desunidos históricamente, ante la crisis ha llegado la hora de una mirada nueva de los latinoamericanos frente al mundo.
No dejemos que Europa y Norteamérica nos contaminen, como los ha contaminado a ellos, cuidemos nuestra identidad Cristiana, nuestros valores e ideales. El estado se justifica más en la medida que la religión resulta un peligro, de esta forma el estado alcanza la máxima expresión y se sitúa más allá del bien y el mal. Lo cierto es que la economía de mercado, la globalización y el desarrollo de concepciones neoliberales han transformado la persona humana en un individuo aislado en una medida nunca vista, es por ello que para hacer frente a esta crisis económica debemos con firmeza rechazar lo que nos viene de Europa y Norteamérica, que son los verdaderos responsables de la crisis, que ellos al final no sufrirán la ignominia de contar con nuevos 6 millones de pobres.
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