AMERICA LATINA EN UNA ENCRUCIJADA

Las atrocidades perpetradas por la violenta banda Mexicana de Los Zetas – que decapita y descuartiza a sus víctimas para obtener un máximo impacto – generan los principales titulares. Sin embargo, la violencia de los carteles de la droga es solo una manifestación de las bandas criminales y organizaciones clandestinas que han dominado por un largo tiempo a Guatemala, Méjico y otros países latinoamericanos, destruyendo sus instituciones. En algunas regiones, los traficantes han llegado a constituirse como autoridades de facto, con negocios legales e ilegales que proporcionan trabajo, seguridad y servicios sociales.
Las instituciones en los estados latinoamericanos, sin suficientes recursos y sobre las que los ciudadanos tienen muy poca confianza, están siendo sobrepasadas por el crimen, especialmente a nivel local.

México, se ha convertido desde hace diez años en el centro del narcotráfico y la violencia organizada hasta descender a la categoría de un “Estado fallido” incapaz de gobernarse.
Allí, la población mexicana ha sido absorbida por el sistema globalizado que viene aplicando un programa de “limpieza social”, para hacerla temerosa, sumisa y obediente.
Esta realidad es cada vez frecuente, vemos gobiernos sin fuerza suficiente para combatir la delincuencia lo que se ve agravado con la falta no sólo de recursos sino que de apoyo político para sus policías. En general no se ve voluntad política para enfrentar el flagelo de la delincuencia y el narcotráfico que van en aumento en todos los países latinoamericanos.
Hay abundantes pruebas de la relación entre la delincuencia grave, la criminalidad, los delitos violentos y el uso indebido de drogas, por una parte, y las consecuencias negativas para los individuos y las comunidades, por la otra.
Por otra parte, las oportunidades económicas que los mercados de drogas ilícitas proporcionan a los grupos delictivos amplían el ámbito para la violencia, ya que los delincuentes compiten por esos mercados; esto, a su vez, puede tener costosas consecuencias para los Estados y comunidades donde existe. Las rivalidades o “guerras territoriales” entre traficantes y vendedores de drogas locales pueden degenerar en violentas confrontaciones en lugares públicos o cerca de ellos y, en consecuencia, esos lugares se convierten en “zonas vedadas” para la población en general.
El deterioro del orden público en vecindarios en que predominan los delitos violentos relacionados con las drogas hace que la población sea renuente a identificar a los involucrados en esos delitos, a pesar de que eso podría detener la ola de violencia, como consecuencia de una cultura del miedo y, en muchos casos, de la falta de confianza en la policía. A este problema se añade el hecho de que las comunidades pueden pasar a ser dependientes de los mercados de drogas ilícitas locales que apoyan economías enteras y, por lo tanto, no pueden o no quieren modificar esa situación, ya que al hacerlo pondrían en peligro sus ingresos personales. También es posible que, en ciertas comunidades, ni las propias autoridades estén en condiciones de hacer frente a los delitos violentos relacionados con las drogas ya que ellas también pueden ser objeto de violencia o pueden haber sido influenciadas por la corrupción y se mantienen en un estado de inercia.
El estrés, la ansiedad y el miedo generados por la exposición a la delincuencia y la violencia interfieren, a su vez, en la vida cotidiana y el desarrollo normal de las personas, en particular los jóvenes: por ejemplo, en su capacidad para confiar y tener un sentimiento de seguridad personal; su capacidad para desarrollar aptitudes para controlar sus emociones; su libertad para explorar el entorno local, y su capacidad para establecer relaciones sociales normales.
Sobra decir que la delincuencia es un problema enorme, que va más allá de sus efectos inmediatos sobre los niveles de anarquía. Es inmenso el daño social causado a las comunidades, a nivel microsocial, por la participación de adultos y jóvenes en delitos y actos de violencia relacionados con las drogas. El propio tejido social está en peligro a raíz de la presencia constante en las comunidades de la delincuencia violenta relacionada con las drogas. Las comunidades que sufren niveles desproporcionados de delitos violentos relacionados con las drogas ilícitas también están sujetas a mayores niveles de otros tipos de delitos y a las perturbaciones en la sociedad civil asociadas a ellos.
El dinero siempre corrompe y la droga tiene un poder mágico que aporta a los EEUU y a Unión Europea más de un millón de millones de dólares al año por el lavado de dinero, quedándose más de la mitad en Norteamérica, de acuerdo a los cálculos de Daniel Estulin en su libro Desmontando Wikileaks.
Por eso no es de extrañar que en los últimos dos años se hayan detectado 400 casos de corrupción en el FBI y 839 en el Departament of Homeland Security, todos relacionados con el narcotráfico en México. Por algo el 90 por ciento de cocaína, heroína, marihuana y metanfetaminas que se consumen en Norteamérica entra por su frontera.
Otro problema es la llamada puerta giratoria, donde los jueces dejan en libertad en breve tiempo a los delincuentes. Por ejemplo en México de 100,000 detenidos por el tráfico de droga solamente un 4 por ciento es encarcelado.
El uso del pretexto de narcotráfico para fines geoestratégicos es infinito y depende de la fantasía de los políticos. Hillary Clinton decidió, por ejemplo, vincular a los mexicanos con el terrorismo iraní y así tener no solamente el pretexto de mandar a sus soldados a México sino empezar preparativos de una guerra contra Irán. Pero la guerra necesita mucha plata y su mejor método de conseguirlo es a través de narcotráfico. ¿Cuántos nuevos cuerpos degollados costará esta fantasía? ¿se extenderá esta siniestra práctica al resto de Latinoamérica?


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