LA PRESENCIA DE POSIBLES TERRORISTAS ISLÁMICOS EN LATINOÁMERICA, UNA REALIDAD QUE DEBE ALARMAR.

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Recientemente un joven estudiante paquistaní residente en Chile desde hace cuatro meses concurrió a la embajada norteamericana con la intención de solicitar una visa para ingresar a Estados Unidos. Al pasar por los detectores de explosivos, se activaron las alarmas y agentes de seguridad de la sede diplomática se contactaron con Carabineros para que confirmara la presencia de partículas sospechosas. Tras varias pruebas se estableció la presencia del material T.N.T. en sus manos, bolso, un teléfono celular y sus documentos.
En Europa y los Estados Unidos se han multiplicado y reforzado los sistemas de seguridad, haciendo más difícil la internación de explosivos a sus países y tienen vigilados a los sospechosos de siempre. Las cámaras de vigilancia están en las calles, centros comerciales, escuelas, universidades, estaciones de trenes, y todo lugar de flujo masivo de personas. Este año empezaron a colocarlas dentro de los buses de transporte público. Latinoamérica por el contrario, no tiene seguridad apropiada, si este ciudadano Pakistaní no hubiera ingresado a la Embajada de Estados Unidos, Chile nunca hubiera sabido de su existencia, o tal vez lo que sería muy lamentable, lo sabrá cuando haya un atentado terrorista en su territorio.
Según antecedentes comprobados, miles de terroristas islámicos, la mayoría de Hezbolá, llegan a América a través de los vuelos semanales entre Teherán y Caracas con escala en Damasco que se iniciaron en Marzo del año 2008. Los nuevos inmigrantes reciben, al parecer, automáticamente documentos de identificación venezolanos o bolivianos, que les permite movilizarse libremente por el continente.
Este hecho, que puede parecer insignificante, con lleva una complejidad, dado que al parecer los terroristas islámicos tratan de usar a los países latinoamericanos como puente de entrada a los EE.UU. o en su efecto, puede ser, que en un futuro más bien cercano, pretendan atacar intereses norteamericanos o israelíes como objetivos militares en los países de la región para aterrorizar a occidente.
Hay que tener presente, que cuando hablamos de terrorismo islámico de Jihad, estamos ante una manifestación cultural que odia la modernización y que por supuesto, considera que la democracia al estilo occidental con sus niveles de vida, es una ofensa a la memoria fundamental de su fe, y es por ello que nuestros países están dentro de sus enemigos.
Actualmente, se está realizando la investigación sobre el reciente atentado con carro-bomba en la plaza de New York Times. Los atentados de ataque terrorista han demostrado la severa situación de la lucha antiterrorista en el propio territorio estadounidense, lo que de una u otra forma debería extenderse también a toda la región de lo contrario las consecuencias pueden ser desastrosas. Normalmente las autoridades latinoamericanas, para bajar el perfil de los terroristas les dan un tratamiento de delincuentes comunes, lo que es no entender nada de los que pueden producir estos “delincuentes”.
En la región no podemos olvidar lo ocurrido el año 1992, que en un gravísimo atentado, que no tiene antecedentes por su magnitud, es destruida con explosivos la embajada israelí en Buenos Aires. El suceso provoca cerca de 30 muertos y es reivindicado tiempo más tarde por un comando de origen árabe. ¿Esto no puede volver a ocurrir en cualquier país latinoamericano?. Los medios estadounidenses han advertido de que no hay que relajar la vigilancia aunque el reciente atentado en Nueva York haya sido frustrado.
Al referirse a la preocupación que siente la sociedad por la grave situación, el rotativo New York Times dice “Sabemos qué debemos hacer, pero lo que hemos hecho no es suficiente”, si esto es para los EE.UU. ¿Qué queda para Latinoamérica?, que al parecer ni siquiera cree en esta amenaza real.
Recordemos por ejemplo, que en agosto de 1998 un devastador atentado con un coche bomba desde una playa de estacionamiento lindera es destruida la embajada de EE.UU. en Nairobi, (Kenya) provocando la muerte de 213 personas, incluyendo una docena de estadounidenses que trabajaban en la embajada, y heridas a otras 5.000. Pocos minutos más tarde en otro cruento atentado que arroja un elevado número de víctimas, sufre graves daños la embajada estadounidense en Tanzania. Países sin ninguna seguridad antes de los atentados, debido a que no se consideraban objetivos de la lucha islamista, tal como ocurre hoy en Latinoamérica.
Ambos atentados fueron imputados a Osama Bin Laden, promotor de reivindicaciones islámicas y enemigo declarado de los EE.UU. y de occidente como planificador de los mismos.
Si el motivo de los islamistas no ha cambiado, si la seguridad en la región es la mínima, ¿Quién nos asegura, que atentados como estos no pueden ocurrir en cualquier país de la región?.
De acuerdo con los expertos estadounidenses, las acciones anteriormente realizadas por Al Qaeda se caracterizaban por tener los objetos definidos y una organización estricta. Sin embargo, los terroristas de “nueva generación” actúan de manera más dispersa recurriendo a medios simples y difíciles de ser descubiertos para cometer crímenes. Lo más inimaginable consiste en que el presunto autor del atentado en la Plaza de New York Times ha recibido educación universitaria en EEUU sin antecedentes delictivos, y ha sido considerado como persona feliz y silenciosa. Es difícil explicar la intención de atentado de esos terroristas, pero es un hecho que son fanáticos religiosos dispuestos a inmolarse y matar inocentes por sus creencias.
¿No son estas las mismas características del ciudadano pakistaní detenido por casualidad en Chile? Estudiante de hotelería de 28 años asistía periódicamente a la mezquita en Santiago, lo hacía los viernes, lugar donde rezaba durante cuatro horas. El secretario general islámico definió al joven como una persona introvertida que no interactuaba con el resto de la congregación, educado conocedor de tres idiomas (español, inglés y francés).
Como vemos, podríamos estar ante un nuevo tipo de terroristas de nueva generación, sin antecedentes y llevando una vida ordenada, estudiando sus objetivos o preparándose para viajar, ordenando los papeles internacionales (visas, pasaportes), hasta que les ordenen actuar. La violencia vinculada a la religión se convierte así en una forma de participar activamente en el grupo para alcanzar objetivos muy concretos. Formar parte de un grupo con creencias estrictas requiere un compromiso intenso, y engendra en sus componentes la creencia profunda en las experiencias compartidas y el auto sacrificio, lo que hace muy peligrosos a estos terroristas instalados tranquilamente y sin llamar la atención en nuestros países.
La preguntas son ¿dónde y cómo?, quizás, ni ellos mismos lo sepan hasta que sus líderes les transmitan la misión que deban cumplir. Lo cierto es que en la región puede haber miles esperando esa orden, que afectara gravemente la vida de los países en que se cometan los atentados previstos en esta guerra sin cuartel contra occidente. Ud. puede ser la próxima víctima, si los gobiernos de la región siguen creyendo que no son parte de esta guerra contra el terrorismo, y por su inacción dejan que los terroristas deambulen tranquilamente por sus territorios.


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