EEUU Y AMÉRICA LATINA; REDESCUBRIENDO UNA VEZ MAS EL CONTINENTE

A. Valenzuela

Mortimer Jofré A

Recientemente se han dado las condiciones en el Congreso Norteamericano, para que Arturo Valenzuela, pueda asumir el cargo como Subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, de EEUU.

Según el Dr. Guzmán Carriquiry, la historia de América Latina, se puede esquematizar en tres fases cruciales, que coinciden con tres grandes oleadas de la mundialización y globalización. La primera con su aspecto fundacional, con la expansión de la cristiandad europea y el comienzo de la historia universal europea, en la que se construye la identidad de los pueblos; la segunda, se da cuando se desencadena la decadencia y crisis de los Imperios de España y Portugal, coincidiendo con la ola de propagación global de la revolución industrial; y la tercera fase crucial se presenta en la primera década de este siglo y la proyección de los acontecimientos que vivimos en la actualidad. En todos ellos se ha vinculado una incierta relación norte-sur.

Las características de los procesos históricos que vivían los estados en su incipiente etapa fundacional, las comunicaciones y transportes de la época, incidían en una lenta ramificación de tendencias políticas, tecnológicas, sociales, religiosas etc. Mientras durante la segunda etapa, la mayoría de los países se enfrentaba a tendencias oligarquistas y anarquistas, sin conseguir implantarse las visiones de Simón Bolívar, O’Higgins y San Martín, solamente Brasil era uno de los países sudamericanos que se lograba unificar, pero en condiciones bastante aisladas del mundo hispanoamericano, principalmente por las características de su territorio y fronteras. En tanto, Estados Unidos, crecía como un país confederado, incorporando a su territorio parte de México, la conquista del oeste e integrando los avances de la Revolución Industrial. La crisis del imperio español, favoreció su expansión, incorporando Florida, la ocupación del suroeste de EEUU y California culminando con la intervención en la guerra de Cuba en 1898.

Las condiciones de desarrollo que comienzan a generarse, principalmente en los transportes interoceánicos – privilegiando el Atlántico como el océano de las comunicaciones de los siglos XVIII, XIX y parte del XX – son propicias para las emigraciones europeas, de las que cerca de 40 millones lo hacen a EEUU y más de 4 millones al cono sur de América, generando una apertura de mercados a nivel mundial, con diferentes efectos y consecuencias.

Los diferentes estados por los que transita el mundo, producto de los conflictos regionales e internacionales y las guerras mundiales del siglo XX, generan que, tanto América Central como Sud América, adquieran para las diferentes potencias, distintas valoraciones en cuanto a importancia estratégica, económica, política y geopolítica. Así también, la conformación de diversos bloques regionales, en los distintos continentes, en función de la globalización de los mercados, van creando espacios donde los Estados nacionales dispersos, pierden todo tipo de influencia e interés y van siendo marginados de la historia y del desarrollo, adquiriendo en la actualidad un nivel de importancia, producto de los espacios vacíos con que cuentan y los potenciales de recursos energéticos y productivos que mantienen. En consecuencia, la relación norte-sur, ha pasado por diversos momentos, donde después de variados tipos de influencia e intervención, el principal eje de desarrollo continental, ha generado una suerte de postergación de Latinoamérica y se ha traducido en una atracción centrípeta de migraciones, lo que hoy día cambia radicalmente su influencia en el escenario interno norteamericano.

La influencia e intervención, marcaron tendencias de latino americanismo, entendida como la visión intelectual de desarrollo de Latinoamérica y panamericanismo en la región, entendida como las acciones tendientes a generar la protección necesaria de defensa continental norteamericana, en el ámbito del interés político estratégico. Dichas tendencias, se proyectan, de una u otra forma, hasta nuestros días con diferentes resultados, dejando las huellas de una proyección de fragmentación sudamericana, que hasta el momento no es posible unificar, manteniéndose la percepción de una región que constituye el “Patio Trasero” de un gigante continental. Las iniciativas de los EEUU y las políticas desarrolladas hacia la región, han sido siempre desarrolladas en función de sus intereses geoestratégicos. Es así como se han provocado, principalmente, en función de neutralizar la penetración comunista en América, con efectos que se lamentan hasta hoy día, apoyo de recursos naturales, estratégicos y humanos en función de los conflictos, etc.

Tanto en los gobiernos de Roosevelt, con su “Política de Buen Vecino”, de Kennedy con la “Alianza para el Progreso”, George Busch, concreta los principales efectos positivos con la “Iniciativa de las Américas”, que pretende proyectar un sistema que una a todas las Américas en una gran zona de libre comercio. Luego vendrá Clinton con el ALCA y posteriormente George Busch hijo. Finalmente, por diversas circunstancias, en una interpretación cíclica, todo termina privilegiando los acuerdos a nivel bilateral o subregional.

No cabe duda que, en la actualidad, las características de la “impronta norteamericana” y su “destino manifiesto”, que permanece desde hace mucho, en el colectivo latinoamericano, se traduce en manifestaciones de no integración, expresiones de rechazo o distancia de confiabilidad con la región, provocando una percepción de incertidumbre carente de vinculación, de acuerdo con la identidad cultural de los diferentes pueblos de América.

En consecuencia, los países, muchos de los cuales en función de una aparente vinculación ideológica, han comenzado a privilegiar acuerdos y profundizar relaciones de todo tipo con Rusia, China, Irán, países del Sudeste Asiático y de la Unión Europea, los que en función de una suerte de asistencia económica-tecnológica, comienzan a desarrollar una velada pero sostenida penetración en muchos países de la región.

De acuerdo a las señales de los tiempos, hay que re estudiar las lecciones del pasado, y reaccionar en función del “Patio Trasero”, ya que es tarde para accionar en una región que ha tomado distancia de los temores del poder de antaño, que comienza a vincularse con potencias emergentes extra continentales, que se siente como en la antigüedad pre fundacional, parte del nuevo mundo bendecida con recursos inexplotados, enfrentando un futuro mundial de carencias en los más desarrollados, y que en la medida que son considerados actores, son parte de los esfuerzos que hacen, las potencias emergentes, para establecer un nuevo orden internacional, en el que se advierten múltiples intereses.

Muchas son las oportunidades y desafíos que América presenta al concluir la primera década de este siglo XXI, especialmente para los EEUU. Es de esperar que la nueva autoridad pueda actuar con prioridad, generar señales más claras y concretas hacia la región, basadas en el marco de una política de desarrollo y de paz, generando una suerte de acción centrífuga de efectos, que convergen en objetivos superiores comunes en la región o, al menos, en la mayor parte de ella.


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