LA CRISIS ENERGÉTICA, ¿SIN RETORNO?, ¿PUEDE CAUSAR MÁS DAÑO, QUE LA ACTUAL CRISIS FINANCIERA MUNDIAL?

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El último informe de la Agencia Internacional de Energía (AIE) dice que aumentará el consumo de energía de todas las fuentes. El sistema mundial de energía está en una encrucijada. Las tendencias actuales del suministro y del consumo de energía son claramente insostenibles, tanto desde el punto de vista ambiental como del económico y social.

Estas tendencias pueden –y deben– ser modificadas; todavía hay tiempo para cambiar de rumbo, antes que sea tarde.

El petróleo es uno de los recursos energéticos más importantes, pero se nos está acabando. Según los expertos alcanza hasta mitades del presente siglo. Como todos los años, la AIE –organismo de referencia mundial para los tomadores de decisión en temas energéticos en todo el mundo– lanzó su prospectiva mundial de energía (World Energy Outlook) hacia el año 2030. También como todos los años hubo gran expectativa, filtraciones a la prensa con datos desmentidos que luego se revelaron ciertos y la perspectiva de un futuro bastante oscuro. En el año 2007, el gasto del petróleo llegó al nivel máximo histórico: 3,9 mil millones de toneladas, según el Instituto Federal de Ciencias Geológicas y Recursos de Alemania. Aproximadamente un 71% de las reservas petroleras convencionales está en la zona euroasiática, lo que le otorga un valor geoestratégico de consideración.

 

Por otro lado, en Europa, Alemania es uno de muchos países que extrae petróleo, aunque desde los años 60 la industria petrolera ha perdido eficiencia. En Wahrenholz, en Baja Sajonia, se esperaba encontrar una lluvia petrolera. Todavía hoy hay un consocio francés en este pueblo alemán que se dedica a la extracción de petróleo pero la fiebre petrolera hace mucho que pasó, porque la calidad del petróleo es mala. El petróleo no es puro y contiene un 98% de agua. El catedrático de geología petrolera Wolfgang Blendinger lo resume de la siguiente manera: “Hay que estar muy desesperado para seguir extrayendo petróleo de tan mala calidad”.

Incluso los grandes productores petroleros como EE.UU., Rusia, Irán, México y Venezuela, registran grandes pérdidas de producción. Según los expertos, el yacimiento de los recursos naturales está limitado y es urgente tomar medidas para asegurar el abastecimiento energético. La explotación petrolera ha llegado al máximo; un fenómeno que se conoce como “Peak Oil” (cénit petrolero). Las consecuencias serán dramáticas como lo advirtió en febrero pasado la AIE. Para esta agencia –dependiente de la OCDE, Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico- los dos desafíos más importantes para las próximas décadas son: “asegurar un suministro de energía fiable y asequible y pasar rápidamente a un nuevo sistema de suministro con bajas emisiones de carbono, eficiente y respetuoso del medio ambiente”.

“Para compensar la pérdida, habría que encontrar cuatro nuevas Arabias Sauditas para mantenernos al nivel actual”, según el economista en jefe de la AIE, Fatih Birol, quien subrayó que es imposible encontrar esa cantidad, además de que el descubrimiento de fuentes petroleras retrocede constantemente.

Un 90% de todos los productos fabricados está basado en el petróleo – directa o indirectamente. Blendinger compara la sed petrolera con una adicción a las drogas. La única diferencia, indica, es que un drogadicto puede dejar las drogas, pero no sabemos si será posible dejar el petróleo. “Habría que reducir la gran demanda del petróleo antes de que el petróleo se despida de nosotros”. La industria del transporte (automóviles, aviones, barcos) gasta un 70% del petróleo y hasta ahora, todo nos señala que la demanda no bajará.

El experto en energía estadounidense Matthew Simmons, asesor del ex-presidente Bush, hace varias propuestas para salvar el mundo de la crisis petrolera. Recomienda viajar menos, cultivar los alimentos localmente para reducir los caminos de transportes y los gastos energéticos, y finalmente recomienda acabar con la globalización de los bienes. Sin duda la pretensión de lograr a la vez todos estos objetivos, es mucho más que un desafío: requiere de un verdadero acto de magia, si a ello le sumamos el cambio climático.

Los Estados, ya deben estar mirando y planificando con tiempo, esta realidad que se nos viene, no vaya a ocurrir que cuando llegue no estén debidamente preparados, porque la catástrofe será sin solución y las consecuencias inconmensurables.

Las previsiones de la AIE son que la demanda mundial de energía primaria va a crecer a un ritmo de 1,6% anual pasando de 11.730 millones de toneladas equivalente de petróleo a 17.010 millones, es decir un aumento del 45% para el año 2030. Este incremento es menor al 55% anunciado el año pasado por la misma entidad debido al aumento de los precios de la energía y la reducción del crecimiento esperado de la economía mundial. En el mismo sentido, la demanda esperada de petróleo es de 10 millones de barriles diarios menos que la prevista el año pasado. Ahora se espera un consumo diario de 106 millones de barriles en el año 2030.

El consumo de gas natural y carbón crecerán más rápidamente que el petróleo, a una tasa anual de 1,8% y 2% respectivamente. En el caso particular del carbón, el 85% del aumento de la demanda está originado en la generación de electricidad de China e India.

La demanda de crudo comenzó a subir a principios de la década de 1980, y se aceleró más todavía al cobrar impulso el crecimiento económico de China. Los productores extraían mares de petróleo para sacar provecho del aumento de los precios. Pero cuando llegó la recesión y se congeló el crédito, los inventarios subieron.

En el mercado internacional del petróleo participa tanta gente que nadie puede controlar los precios. La Organización de Países Exportadores de Petróleo ha ido reduciendo su producción en más de cuatro millones de barriles diarios, pero no ha podido impedir que el crudo se venda a menos de 40 dólares el barril. Hace un año, se vendía a 147 dólares el barril.

Por ejemplo, los depósitos de Cushing, Oklahoma, en un enorme complejo que tiene el 10% del petróleo de los Estados Unidos, se están llenando desde hace meses. No se ha revelado qué tan cerca están de ser colmados, pero los analistas de la industria creen que no falta mucho.

Hay otros depósitos en el país con espacio de sobra para almacenar petróleo, pero Cushing es donde se hace la entrega del petróleo negociado en la bolsa de materias primas (Mercantile Exchange) de Nueva York. Cuanto más cerca esté Cushing del punto de saturación, más bajan los precios del petróleo.

Grandes cantidades de petróleo son almacenadas en gigantescos buques cisterna y allí se quedan. Las tripulaciones de estos buques no tienen mucho que hacer mientras esperan que mejore el mercado, solo pintar y volver a pintar las cubiertas para entretenerse.

Hay más de 30 buques cisterna, con capacidad para dos millones de barriles, que hacen de depósitos flotantes en estos días. Están anclados alrededor del mundo, frente a las costas de Texas, de Europa, de Nigeria y en otros sitios.

Los expertos no están muy seguros de lo que sucederá cuando todo ese petróleo almacenado sea vendido finalmente.

Otro efecto que tendrá, es como se conciliará su consumo con el pronosticado aumento de emisiones de gases de efecto invernadero con los escenarios a futuro del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas (PICC). “El aumento previsto en las emisiones de gases de efecto invernadero en el escenario de referencia –dice el informe de la AIE– nos está llevando a duplicar la concentración de esos gases en la atmósfera, lo que conllevaría una elevación de la temperatura media del planeta hasta 6º centígrados… Las emisiones mundiales de dióxido de carbono relacionadas con la energía aumentan en un 45% …en 2030”.

Los biocombustibles actuales (bioetanol, biodiesel)  son obtenidos en complejos procesos que requieren un consumo energético elevado además de que compiten en cuanto a materia prima a utilizar con la industria alimentaria. Sus propiedades físicas, diferentes de los combustibles convencionales, hacen necesario que sólo se puedan utilizar mezclados con combustibles convencionales (la normativa europea sobre la volatilidad de las gasolinas, hace que la máxima concentración de bioetanol autorizada sea de un 6%) o en países como EEUU y Suecia en los que no se aplica tal normativa y se permiten mayores porcentajes sea necesario la utilización de motores adaptados que encarecen el precio el vehículo. Además desde el punto de vista medioambiental aunque logran reducir las emisiones de dióxido de carbono, aumentan la emisión de otras sustancias contaminantes y perjudiciales para el medio ambiente.

Como alternativa  al bioalcohol y al biodiesel, están surgiendo procesos que transforman residuos de  biomasa (celulosa, virutas de madera, residuos agrícolas) en hidrocarburos semejantes a los que se obtienen en las refinerías convencionales, utilizándose para su obtención procesos similares, de tal forma que las actuales refinerías se convertirán en biorefinerías que podrán utilizar simultánea o alternativamente biomasa y petróleo para la fabricación tanto de combustibles como de sus productos derivados tales como plásticos, pinturas y demás productos de manera similar a como se obtienen en la actualidad en los complejos químicos que surgen alrededor de las refinerías. Todo ello con un consumo de energía mínimo, a costes competitivos y con un impacto en el ambiente prácticamente nulo. ¿Será esta la solución? ¿Qué alternativas hay? ¿La crisis energética será causa de guerras por su obtención? Considerando que las principales reservas se encuentran en Eurasia, la región geoestratégica  más tensa del planeta. Estas son las preguntas que quedan en el aire. Lo cierto es que será, sin dudas, más compleja que la actual crisis financiera.

 

 

 

 


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