MUERTE EN ALEMANIA, ¿DE QUE SE EXTRAÑAN, SI OCCIDENTE HA IMPULSADO LA SOCIEDAD DE LA DESVINCULACIÓN?

EL 12 de marzo del 2009 fue un día de duelo en Alemania. Así lo decretó el Gobierno federal en vista de la tragedia ocurrida en el sur del país. Refiriéndose a esta última masacre escolar en Alemania. La canciller Ángela Merkel expresó que “es inimaginable que en sólo segundos, estudiantes y profesores fueran asesinados, es un crimen horroroso”.
Sólo en el día de ayer, veintiocho personas en Alemania y Estados Unidos cayeron víctimas en dos crímenes similares.
La explicación que da la sociedad en Europa y en general en el mundo occidental, es que el uso y acceso a armas de fuego, la personalidad, la educación de los padres y maestros, el trato o maltrato entre los mismos jóvenes y el uso de videojuegos son los aspectos más tenidos en cuenta a la hora de ventilar las causas de las matanzas en serie en Alemania que, entre otras, parecen repetirse en los últimos años.
Lo cierto es, que ésta, es una mirada simplista de la realidad, no dándose cuenta o, no queriendo darse cuenta, que el problema es mucho más profundo y ha sido creado por ellos mismos. La sobre simplificación de las causas a estos problemas hace que sigan ocurriendo, y lo que es más grave, que otras sociedades y Estados copien los modelos, que lamentablemente, los llevarán más temprano que tarde, a vivir los mismos hechos en sus escuelas y lamentarse de lo ocurrido, decretando “duelo” nacional.
Por su parte las soluciones, no tiene nada que ver con las verdaderas causas de esta tragedia. Después del drama de Erfurt (matanza ocurrida en Abril del año 2002), los políticos alemanes prometieron hacer todo para evitar una repetición. Se prometió acabar con la escasez de profesores, con la falta de psicólogos en las escuelas. Se prometió la prohibición de venta de videojuegos especialmente violentos o por lo menos limitarla. Además se habló de regular de forma más estricta el acceso a armas. Ahora, ante esta nueva matanza, los diputados demandan que se instale detectores en las entradas de los colegios, establecimientos que en la gran mayoría ni siquiera cuentan con cámaras de observación. Increíble el nivel de miopía de estos políticos y de dar soluciones irracionales y fracasadas al problema, creado por ellos mismos.
La economía de mercado, la globalización y el desarrollo de concepciones neoliberales han transformado la persona humana en un individuo aislado en una medida nunca vista. La concepción individualista de la sociedad, que está estrechamente vinculada al materialismo y a la vía reduccionista de lo económico, como la máxima expresión de la política, han llevado a dictar políticas en contra de la dignidad humana, partiendo por la familia.
Es el laicismo absolutista, político e ideológico, generador de planteamientos que persiguen la supresión de contenidos morales, culturales y políticos que se inspiran o fundamentan en la conciencia religiosa, es un vector fundamental de la sociedad de la desvinculación en que vivimos, y en definitiva la causa real de esta masacre.
Una de las raíces del problema radica en la ideología del “no límite”, en el sentido de que no hay límites a los deseos humanos. La cultura de la transgresión y la voluntad científica dirigida a alterar la naturaleza humana, es decir, la ruptura antropológica existente en el mundo de hoy.
Vivimos en una época de ruptura social colosal, de proporciones insospechadas, hay una gran ruptura histórica, moral, cultural y social que nos empuja en direcciones contradictorias, generando una clase de esquizofrenia social que está identificada, pero sólo en los fragmentos de sus consecuencias aisladas. Aborto, trabajo basura, violencia intra familiar, violencia entre los estudiantes y niños, solo por nombrar algunos de los elementos relevantes, pero que son, pese a su diversidad, manifestaciones de la misma causa: la moral desvinculada.
Esta cultura de la desvinculación se concreta en la ausencia de compromiso y en la afirmación de la realización personal como único hiperbién. Nuestro sistema social construye, deliberadamente, como finalidad positiva, como paradigma necesario, hombres y mujeres sin ataduras con el pasado, la tradición, la religión o la comunidad que carecen de cualquier compromiso fuerte, de todo mandato.
No es un tradicionalista, sino Allan Bloon, filósofo estadounidense, quien escribe: “Este futuro indeterminado o abierto y la carencia de un pasado vinculante significan que las almas de los jóvenes se encuentran en un estado parecido al de los primeros hombres en estado natural: espiritualmente desnudos, desconectados, aislados, sin relaciones heredadas o incondicionales con nada y con nadie. Pueden ser lo que quieran ser, pero no tienen ninguna razón particular para querer ser nada en especial. No sólo son libres también para decidir su lugar de residencia, sino que son libres también para decidir si creerán en Dios, si serán ateos o si dejarán abiertas sus opciones inclinándose por el agnosticismo; si serán heterosexuales u homosexuales o si, también en este caso, dejarán abiertas sus opciones, si se casarán y se divorciarán o si permanecerán casados y así indefinidamente” No hay ninguna exigencia, ninguna moralidad, ninguna presión social, ningún sacrificio que realizar que se oponga al seguimiento o alejamiento de cualquiera de estas direcciones; y hay deseos que apuntan a cada una de ellas, amparados por argumentos mutuamente contradictorios. El paradigma de la desvinculación ha demostrado, como en el caso de la matanza en Alemania unos resultados prácticos literalmente desastrosos.
El pensamiento desvinculado subjetivizado está en la raíz de la mayoría de los grandes problemas de nuestro tiempo, en algunos en particular la relación es directa y unívoca: la pérdida del sentido personal ha generado una ruptura de las estructuras familiares, la inestabilidad matrimonial, el desarrollo de la violencia en el seno de la familia, en la que físicamente los más débiles, la mujer, los niños, los ancianos son los más perjudicados.
Por otra parte, para entender el fenómeno ocurrido en Alemania y otros, tenemos la tecnología más sofisticada al servicio de la incomunicación entre padres e hijos, del fracaso, o simplemente de la imposibilidad de muchos padres de hacer frente a la avalancha de incitaciones negativas, del fomento de comportamientos inadecuados que el espacio genera con sus hijos, desde los hábitos de diversión de insomnio, donde la droga es habitual, a la borrachera sistemática de fin de semana, al descontrol de los institutos y escuelas, la violencia latente, la incitación al consumo de “pasta” como sea. ¿No son síntomas de que este tipo de tragedias se pueden repetir en cualquier país occidental?.
Curiosamente, ahora las acusaciones de la responsabilidad sobre la actuación del joven asesino de Alemania caen sobre sus padres, la hipótesis que se baraja es que tuviera problemas con sus padres o que no se sintiera demasiado apreciado por ellos. Ahora, son sus progenitores los que están en el centro de las críticas, cuando es precisamente la sociedad actual la que ha destruido el rol de los padres en la familia.
Vale decir, esto deja en evidencia la importancia de la familia, pero a su vez la realidad de que buena parte de las familias han dejado de funcionar o simplemente no existen. Antes, las limitaciones escolares eran compensadas porque las familias ejercían de manera natural, inercial incluso, su función formadora y los marcos de referencia estaban poco o nada afectados por la ideología de la desvinculación y el laicismo ideológico.
Por tanto, la respuesta a la pregunta de por qué tanta violencia y vandalismo social hay que buscarla en el hecho de que la ideología de la desvinculación, unida al laicismo de la exclusión tiene como consecuencia central una cuestión moral: el discernimiento entre el bien y el mal, que tiene poco que ver con un problema de recursos materiales y carencia de medios.
Lo cierto es, que la política ha marginado el hecho moral y una notable parte de los grandes medios de comunicación social predican cotidianamente la desvinculación. En la mayoría de las ocasiones, en la familia, la escuela, la vida pública, el trabajo, la cultura y la información, se nos niega el sentido moral necesario para conocer el sentido de la vida. Un sentido moral sólo puede nacer de una razón vinculada. Sin vinculación no hay moral colectiva.
Rechazan unos y otros la moral porque ésta significa capacidad para identificar un bien con independencia del color político, y actuar en consecuencia.
No se puede construir una sociedad virtuosa en civismo a base de proyectar los vicios privados como virtudes sociales, que es lo que se hace mediáticamente y políticamente cada día.
Es incuestionable que hoy nuestra sociedad occidental padece de una violencia nihilista, está afectada de tal forma que ya nos acostumbramos a vivir con ella.
Tim Kretschmer, es una víctima de este sistema y todos somos responsables moralmente de su actuar y de la muerte de las 16 personas, que él último en Winnenden Alemania.
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