SUDÁMERICA MODERNIZA SU ARSENAL, PERO, AUNQUE HAY INTENCIONES DE UNIÓN EN DEFENSA, APARECEN VELADAS AMENAZAS QUE HACEN PREVER, TARDE O TEMPRANO, LA POSIBILIDAD DE UN CONFLICTO ARMADO.

El viejo truco, de algunos gobiernos latinoamericanos que apelan al “enemigo exterior” para excitar adhesiones inquebrantables, y lograr dividendos políticos internos, puede – por una parte- transformarse en una idea con valor de uso que les permita lograr la unidad de sus connacionales, especialmente durante una crisis económica, pero que los lleve –por otra– a perder popularidad, debido a las medidas que deben adoptar. Este es un instrumento políticamente rancio, pero todavía efectivo en algunos países de Sudamérica, cuya unidad se sustenta en frágiles fundamentos, y muy peligroso en la actualidad, bajo un enfoque de integración, cooperación y globalización.
El gasto en defensa, de Latinoamérica y el Caribe, creció un 91% entre los años 2003 y 2008, según las cifras publicadas a finales de enero pasado por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, con sede en Londres. En su informe “Balance Militar 2009”, el prestigioso centro de análisis de las relaciones internacionales, indicó que los gastos militares de la región se cifraron, el pasado año, en $47,200 millones de dólares, frente a los $24,700 millones del 2003.
Aunque la prensa suele hablar de una “carrera armamentista”, para los analistas de defensa, “la mayoría de los equipos actualmente en servicio datan de los años cincuenta y sesenta, y muchos programas anunciados recientemente son, ante todo, modernizaciones y sustitución de vieja tecnología”. Sin embargo, cabe preguntarse, el ¿para qué? o ¿por qué?, es necesaria esta renovación de los armamentos. Una simple mirada a la realidad histórica y presente nos da la respuesta: aún persisten en el continente, desconfianzas y miradas condicionadas por el pasado, que de una u otra forma, afectan la percepción política estratégica de los Estados. Es por ello, que al mirar las estadísticas y sistemas, contenidos en las compras de armas, todas indican que, cada uno de los actores, lo hace pensando en el potencial adversario a enfrentar.
Con esta lógica, propia y natural de los Estados, que deben velar por asegurar su soberanía y proteger sus intereses, se involucra de una u otra forma a otros Estados ya sea aliados o adversarios en una dinámica interminable, que impide o dificulta cualquier tipo de acuerdo.
El problema que hoy se vislumbra, es que ya no se trata sólo de un problema de disuasión, sino que vemos hoy en día un panorama latinoamericano más belicista que en décadas pasadas. Hoy, por ejemplo, Colombia sin mediar aviso o coordinación, atacó fuerzas de las FARC en territorio ecuatoriano; existen amenazas públicas y expresas de uso del poderío bélico, como es el caso del presidente de Venezuela, que amenaza a Colombia con el uso de la fuerza militar, si es necesario. Venezuela, tiene órdenes de compras de armas por 4 mil millones de dólares a Rusia.
En este sentido, si damos una mirada a algunas relaciones vecinales en Sudamérica, vemos gobernantes que, al parecer, están dispuestos a no tener consideraciones para un enfrentamiento con un país vecino, para asegurar su situación interna. Es preciso señalar que hay “fronteras calientes”, que de no mediar la prudencia y la cordura de los gobiernos pueden desencadenar conflictos armados en el continente.
Venezuela vs Colombia, tomando como punto de partida las diferencias ideológicas entre sus mandatarios, pareciera que las relaciones diplomáticas, entre ambos países, entran en crisis con facilidad. Se podría decir que hay una agenda conflictiva, que es la agenda de los límites, del tránsito, de la delincuencia y de todos los problemas que conlleva esa inmensa frontera entre los dos países, a pesar de que hay una agenda de convergencia que es la agenda comercial. Hugo Chávez, ordenó el cierre de la frontera con Colombia, en una situación que ya registra movimientos de tropas y la expulsión de los funcionarios de la Embajada colombiana. El presidente venezolano, ha amenazado a Colombia con acciones militares en caso de que se produzca una eventual violación de su soberanía por orden del ministro colombiano de Defensa, Juan Manuel Santos, a quien volvió a calificarlo como una “amenaza” para Venezuela y toda la región. “No quiero ni pensar que al ministro Santos se le ocurra una locura de hacerle a Venezuela lo que hicieron a Ecuador”, dijo Chávez, al recordar el bombardeo del Ejército colombiano a un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano en marzo de 2008.
Ecuador vs Colombia, a un año del bombardeo colombiano contra un campamento de las rebeldes FARC en Ecuador. La reanudación de vínculos diplomáticos entre ambos países parece distante, pese a que el comercio bilateral se mantiene fluido. El gobierno ecuatoriano, reafirmó sus exigencias a Colombia para el restablecimiento de relaciones, de las cuales, según el presidente Rafael Correa, Bogotá ha cumplido apenas una, que es el reforzamiento militar en la frontera común. El nuevo agravamiento en las relaciones bilaterales, a la luz del primer aniversario de la muerte de Raúl Reyes, se produjo por las declaraciones del ministro de Defensa Juan Manuel Santos quien alegó la tesis de la “legítima defensa”, que consiste en el derecho a perseguir a los grupos terroristas, así se encuentren en territorio extranjero. Mientras tanto, el gobierno de Ecuador, reitera que su país es neutral ante el conflicto interno colombiano. Sin embargo, a modo de ejemplo, hay que tener en cuenta que en un operativo policial conjunto, fueron capturados en Quito supuestos integrantes de las insurgentes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que eran atendidos de heridas de bala en un centro de salud.
Perú vs Chile, otro potencial posible conflicto. Antero Flores Aráoz, ministro de la cartera de defensa, anunció que Perú comprará material militar que le permita tener una fuerza disuasiva altamente operativa con los recursos del Fondo de Defensa Nacional para este año –en plena crisis económica–, ¿para qué? . Perú se arma para enfrentar a Chile, teniendo presente, las tensiones que se producirán – tarde o temprano- en el marco de lo que en definitiva resuelva el tribunal de la Haya, debido a la demanda peruana de una porción del mar chileno. Las relaciones entre ambas naciones, siempre han sido tirantes y los peruanos han mantenido desde la Guerra del Pacífico (tradicionalmente) una animosidad y espíritu revanchista respecto de Chile. Ollanta Humala, principal líder opositor al actual gobierno de Alan García, que cuenta con el 47% de las preferencias en la última elección presidencial, ha regresado a la primera línea de la política peruana, abanderando una campaña contra el TLC con Chile, que entró el vigor el 1º de marzo, con un abierto discurso anti chileno. Este, acusa a García de ser débil frente a Chile y está en una campaña de exacerbar a las masas populares en contra de Chile para afectar el gobierno de García y obtener dividendos políticos.
Si bien, los Ministros de Defensa, de los doce países suramericanos se encuentran reunidos en Santiago de Chile para constituir el Consejo de Defensa Suramericano (CDS), una alianza que pretende fortalecer la confianza mutua mediante la integración, el diálogo y la cooperación en materia de defensa, objetivo sin dudas, muy difícil de lograrlo mientras al interior del Consejo existan cuestiones pendientes entre los Estados miembros. Es bien sabido que los intentos sudamericanos por una unión han fracasado, precisamente por estas rivalidades ancestrales que ya son parte de la cultura latinoamericana. Por lo tanto, lo más seguro que de este próximo Consejo, seamos testigos de una buena declaración de intenciones, como por ejemplo: la medición del gasto militar, formulas para transparentar lo invertido en defensa, proposiciones para reforzar los mecanismos de cooperación militar, coordinación de misiones humanitarias y operaciones de paz, e intercambio experiencias en materia de capacitación. Pero en definitiva, nada concreto que realmente ayude a manejar conflictos y contener la rivalidad que existe entre algunos Estado sudamericanos, especialmente cuando se trata de temas de seguridad y defensa, ante disputas fronterizas históricas, marcadas por el resentimiento, y menos en un continente dividido por la ideología.
Lo cierto es, que mientras persistan las percepciones de amenazas entre los Estados latinoamericanos, a pesar de la crisis económica estos seguirán gastando recursos en la adquisición de equipos bélicos, lo que sólo favorece a la industria mundial de armamentos, principalmente para los abastecedores de material bélico, como son EE.UU., Rusia y Europa, Israel y Brasil, que no sentirán la crisis de la misma manera.
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