EL RECUERDO DEL HAMBRE COMO ARMA DE DOMINACIÓN, UNA PREOCUPANTE REALIDAD TAMBIÉN DEL SIGLO XXI.

 

En su última audiencia pública S.S. Benedicto XVI, hizo referencia al tema de la hambruna en Ucrania hace siete décadas, al hablar a los peregrinos de ese país y recordó que este mes marca el aniversario de Holodomor, tal y como se conoce la tragedia de la hambruna en Ucrania.

La hambruna de 1932 y 1933 fue orquestada por las autoridades soviéticas para forzar a los campesinos a renunciar a sus tierras y unirse a las granjas colectivas. Ucrania fue una de las regiones que sufrió más los efectos de la hambruna.

Mientras espero que ningún régimen político, en nombre de una ideología, niegue los derechos, la dignidad y la libertad de un ser humano, rezo por todas las víctimas inocentes de esa inmensa tragedia”, subrayó el Papa en ucraniano desde el Balcón, que da a la plaza de San Pedro.[/lang_es][lang_es]

El fenómeno de la hambruna aún empaña las ya tensas relaciones entre Ucrania y Rusia. Legisladores ucranianos, junto a otros en Estados Unidos y otros países, han calificado la hambruna como un acto genocida contra los ucranianos. Sin embargo, el Kremlin rechaza esa etiqueta, alegando que otros grupos étnicos también sufrieron.

Benedicto XVI dijo que rezó para “que las naciones sigan el camino de la reconciliación y construyan el presente y el futuro bajo un respeto mutuo y en la búsqueda sincera de la paz”.

En el otoño de 1932, las autoridades rusas confiscaron grano, ganado y otros alimentos en poblados a través de la Unión Soviética porque los campesinos no cumplieron con las cuotas de granos que el gobierno les había exigido.

La Unión Soviética exportó el grano para construir fábricas y proveer a su ejército. A los residentes se les prohibió salir de sus casas, condenándolos así a morir de hambre.

Hoy en África, ocurre lo mismo, miles de desplazados hambrientos imploran ayuda cerca de Goma, epicentro de combates en el este de la República Democrática del Congo (RDC), mientras aguardan volver a su ”domicilio”, el campo de refugiados de Kibumba, ahora en zona rebelde.

Agrupados alrededor de una radio, o instalados en los bordes de la carretera, cerca de Kibati, estos desplazados huyeron en su mayoría de un campo de refugiados situado unos 20 kilómetros más al norte, en Kibumba, ante los disparos de los rebeldes de Laurent Nkunda.

Los envíos de alimentos son saqueados y asaltados por los rebeldes para evitar que estos lleguen a su destino, de esta forma logran controlar y dominar amplios sectores de la república del Congo.

El mortífero impacto de los conflictos armados en África, que son la causa de más de la mitad de crisis alimentarias que sufre el continente. En cada uno de los países que ha padecido una emergencia alimentaria prolongada, la guerra o las luchas internas han jugado un papel fundamental.

A pesar de que los gobiernos africanos tienen la responsabilidad de proteger a sus poblaciones, incumplen su obligación de manera continuada, tal y como se ha podido presenciar en el norte de Uganda, y en algunos casos son incluso son cómplices de la violencia, tal y como ha sucedido en Darfur.

Recientemente advirtió el Programa Mundial de Alimentos (PMA). Que muchos niños se encuentran en alto riesgo de inanición en el oriente de la República Democrática del Congo. Los cinco años de guerra civil han tenido un efecto drástico en la vida de la población local, afirmó este ente de la Organización de las Naciones Unidas.

Representantes del PMA encontraron, durante una visita a un hospital local, a niños con síntomas de desnutrición grave.

Desde entonces, estas familias sobreviven como pueden, puesto que las ONG y los organismos humanitarios de la ONU no han podido entregarles ningún tipo de ayuda.

El mundo cuenta con los recursos, los conocimientos y la experiencia para garantizar el derecho humano a la alimentación consagrado en las convenciones de Naciones Unidas. Y esta no es una cuestión secundaria: la desnutrición conduce a la parálisis tanto de los individuos como de las sociedades. En su grado más extremo, el hambre mata y, con frecuencia, los primeros en morir son los niños pequeños y los bebés. Sin embargo, el grado de desnutrición más extendido es aquél que debilita a las personas, vaciándolas de la energía que necesitan para trabajar y haciéndolas más vulnerables a las enfermedades. La desnutrición extrema en los niños reduce su rendimiento escolar y causa lesiones cerebrales a largo plazo, afectando a sus medios de subsistencia futuros y reduciendo el crecimiento económico.

La actual crisis económica mundial sin dudas agravara esta triste realidad, debido a que las ayudas humanitarias también se verán afectadas por la misma.

Es necesario, por ello, en primer lugar, replantearse el sistema de emergencia o “humanitario” con el fin de que sea realmente capaz de entregar ayuda oportuna y eficaz en base a las necesidades de los afectados. Esta ayuda, además de satisfacer las necesidades inmediatas de las personas que padecen hambre, debe también apoyar sus medios de vida. También los países desarrollados deben intervenir militarmente, de ser  necesario, para asegurar y mantener la paz en estas regiones, conforme a los mandatos de la ONU.

Esta es una responsabilidad de todos, para asegurar un mundo en paz, donde la gente no muera de hambre. (24 Noviembre 2008)


Email this post Email this post

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.