BRASIL LA POTENCIA SUDAMERICANA: ESTABILIDAD, CRECIMIENTO Y SEGURIDAD.
Brasil es reconocido como una de las siete potencias comerciales a nivel mundial. Aunque todavía es temprano para medir el impacto de la crisis en el crecimiento económico, ya se anticipa que en 2009 se verá una desaceleración. Según analistas consultados por el Banco Central de Brasil, la expectativa de crecimiento es de 3,4%, cuando hace 4 meses se hablaba de un mínimo de 4%.
El gobierno también ha admitido un freno en el crecimiento del Producto Interno Bruto, que se ubicará entre 3 y 3,5% -un punto menos de lo que se había estimado en agosto, al momento de preparar el presupuesto para 2009.
A pesar de esta situación, se empeña en aumentar su producción de alimentos, en tiempos que se cierne una catástrofe alimentaria en los países más pobres. De hecho, de las 350 millones de hectáreas de tierra disponible para la agricultura en todo Brasil, sólo se están utilizando entre 70 a 80 millones de hectáreas, dicen los analistas, y el potencial para el crecimiento es enorme. En materias energéticas, busca cambiar su dependencia de las importaciones a partir del descubrimiento de importantes reservas petroleras en la “Cuenca de Santos”, así como con la exploración de acuerdos sobre un gasoducto del sur, y en aspectos de conectividad regional. El total de producción en Brasil aumentará de 2,3 millones de barriles diarios a 4,1 millones en 2015. Y esto sin tener en cuenta Tupi, seguramente Tupi y el área de pre-sal aumentarán estas cifras, sobre todo después de 2013.
Goza de estabilidad en el ámbito político – económico interno, y su política exterior genera diversas iniciativas conducentes a establecer liderazgo en función de estructurar la unidad sudamericana. Su integración y presencia en el MERCOSUR, UNASUR y el Consejo Sudamericano de Defensa son evidencias de algunas de ellas.
A contra cara, una combinación de factores exhiben la creciente fragilidad de la situación de seguridad interior en Brasil. Según estadísticas de la UNESCO, ese país figura entre los cuatro primeros en número de muertos por armas de fuego (entre 120 y 136 por día) , al igual que en secuestros junto a Colombia y México. Similares datos arrojó el estudio 2008 del “Global Peace Index”. Además, es el segundo país consumidor de cocaína del mundo, después de EE.UU. de A. y diversas bandas del crimen organizado operan y controlan la mayoría de las favelas, pero también amenazan las condiciones de seguridad de los empresarios y estamentos dirigentes. La población carcelaria se ha cuadruplicado en la última década, manteniendo nexos con el accionar de la delincuencia. Existen, por otro lado, indicativos de corrupción policial y ha aumentado el radio de interés del fenómeno de la externalización o privatización de la seguridad.
Brasil importa por volumen, aunque no es el único caso a nivel hemisférico, donde las organizaciones criminales comenzaron con el narcotráfico, sumaron el tráfico de armas –que es el segundo delito más lucrativo– para continuar con el tercero; el secuestro y trata de personas.
En consecuencia, la situación de seguridad no ha podido quedar desapercibida en la política interna de Brasil, encontrándose instalada en el debate la idea de tipificar legalmente el actuar delincuencial como terrorismo, y a través de ello, potenciar las penas y las acciones que las autoridades emprendan para combatirlo.
Las FAs brasileñas en tanto, cuentan con un discutido marco de acción para desarrollar planes de contingencia contra el crimen organizado y el narcotráfico, en especial, en los grandes centros urbanos y el Amazonas. Periódicamente, se debate sobre la necesidad de ampliar sus actuaciones fortaleciendo todavía más las capacidades legales y operativas de intervención del instrumento militar.
A este panorama, se agrega la preocupación por los trascendidos que señalan posibles vínculos entre las actividades de la delincuencia brasileña con grupos armados pertenecientes a terceros Estados, entre ellos, colombianos que estarían operando en zonas fronterizas y dentro de desprotegidos corredores migratorios. Al respecto, los sucesos que rodean el actuar de las FARC en la actualidad, y que dicen relación con su fragmentación, deserciones y desmovilizaciones, podrían derivar en actividades del crimen organizado de connotaciones intraregionales.
El caso de Brasil, junto con estar contradiciendo la certeza de la ecuación entre estabilidad y seguridad, identifica una tendencia en que la violencia no estatal adquiere un carácter principalmente urbano, pero que arriesga también la capacidad del Estado en el ejercicio del control efectivo sobre su territorio, resultando difícil en tales circunstancias y escenarios que se evite involucrar a las FAs en tareas que van más allá de lo excepcional, subsidiario o residual.